El acierto de Powell: un vaso medio lleno que devuelve la confianza al mercado
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Reunión de la Fed

El acierto de Powell: un vaso medio lleno que devuelve la confianza al mercado

La Fed opta por mantener el rumbo de la normalización a pesar de las recientes incertidumbres, mostrando su fe en que resultarán pasajeras y no descarrilarán la recuperación

Foto: EC
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Si las acciones de los bancos centrales se miden por su repercusión en los mercados, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) puede sentirse triunfante este miércoles. El notable incremento de los avances que registraba Wall Street, los avances del euro y la calma del mercado de deuda no pueden leerse de otro modo que como la aquiescencia de los inversores ante el mensaje lanzado por la institución que dirige Jerome Powell.

Y lo cierto es que no era una tarea sencilla la que le tocaba jugar al banco central estadounidense. Hace apenas unas semanas, cuando Powell comenzó a perfilar en Jackson Hole un próximo inicio de la normalización monetaria, el camino hacia ella parecía mucho más cómodo. La economía estadounidense avanzaba con fuerza y, aunque poco a poco, el desempleo generado por la pandemia se iba depurando. Las medidas extraordinarias puestas en pie para hacer frente al 'shock' del coronavirus podían ser retiradas.

Pero desde entonces, han sido múltiples las señales de que la economía estadounidense está perdiendo fuelle, mientras el mercado laboral ha arrojado cifras que han decepcionado hasta los pronósticos más conservadores. En paralelo a los efectos de un deterioro de la situación epidémica en el país, la disputa política en torno al techo de gasto y las dificultades en las cadenas de suministro avivan las inquietudes, pues hacen posible pensar -por mucho que no sea el escenario central de casi ninguna casa de análisis- en un escenario en que se aúnan un estancamiento económico con una inflación al alza. Es decir, el de la temida estanflación. Y por si esto no fuera suficiente, desde el exterior han llegado también noticias preocupantes, entre las que destacan los problemas del gigante inmobiliario chino Evergrande, con el riesgo de desatar una crisis en el país asiático que, indudablemente, tendría consecuencias a escala global.

Foto: El presidente de la Fed, Jerome Powell. (Reuters)

Ante este escenario, la Fed tenía ante sí dos posibilidades. Y ninguna de ellas parecía satisfactoria. Una, aparentemente la más fácil, era optar por la prudencia, pisar el freno y dejar para más adelante cualquier giro en la política monetaria, cuando las incertidumbres actuales se hubieran moderado. Pero la institución corría con esa decisión un riesgo doble: el de transmitir al mercado una clara preocupación por las circunstancias actuales y avivar los temores a una pérdida de control de la inflación a largo plazo.

La otra alternativa era seguir el rumbo ya trazado en Jackson Hole y anticipar una próxima reducción de los estímulos monetarios, confiando en que las turbulencias de las últimas semanas no supondrán ni mucho menos un descarrilamiento de la recuperación en que se halla inmersa la economía estadounidense. Pero si cualquier retirada de las inyecciones monetarias suele ser una operación de difícil digestión en los mercados, hacerlo en un momento de creciente incertidumbre corría el riesgo de azuzar los miedos.

En esa encrucijada, Powell y sus compañeros se decidieron por proseguir el guion ya prefijado y en un alarde de confianza señalaron que presumiblemente las condiciones permitirán comenzar a reducir las millonarias compras de activos que realiza actualmente (120.000 millones de dólares al mes) "pronto". Un término que según precisó el presidente de la institución posteriormente, podría referirse al próximo noviembre, con un posible final del programa a mediados del próximo año. Además, una creciente porción de miembros de la Fed empieza a considerar oportuna una subida de los tipos de interés a lo largo del próximo año.

"La noticia de la reducción fue en gran medida como se esperaba, pero las nuevas proyecciones económicas y de tipos de interés de la Fed fueron un poco más agresivas de lo que habíamos anticipado", obsevan en Capital Economics.

La Fed asume una ralentización del crecimiento pero confía en que será pasajera

Nada de esto implica que el banco central haya ignorado los cambios experimentados recientemente en la situación económica del país. Si en junio auguraban que el PIB se expandiría este año un 7%, ahora ha reducido ese pronóstico al 5,9%. En paralelo, las expectativas de inflación se elevan al 4,2%, desde el 3,4% previo y la tasa de desempleo esperada se eleva en tres décimas, hasta el 4,8%.

Sin embargo, desde la institución se confía, y así lo ha transmitido Jerome Powell en las primeras palabras de su comparecencia, en que muchas de las dificultades actuales son transitorias y que ni el crecimiento ni el mercado laboral sufrirán un perjuicio sostenido a largo plazo -de hecho mejora los pronósticos de crecimiento del PIB en 2022-, ni la inflación, aunque siga elevada más tiempo del inicialmente previsto, se mantendrá elevada de forma persistente.

Algunos analistas críticos con la institución se han apresurado a recordar los múltiples desaciertos que acumula en los últimos trimestres la institución en sus proyecciones. Y lo cierto es que desde el estallido de la crisis del covid, el arte de la estimación no ha vivido sus horas más felices. No obstante, y al margen de que el escenario a futuro pintado este miércoles por la Fed se acabe ajustando o no a la realidad, lo que parece quedar claro de su mensaje y de la respuesta inicial del mercado es que en un mundo plagado de liquidez como el actual, los agentes económicos están más necesitados de confianza que de estímulos adicionales.

Powell les ha brindado una nueva dosis de optimismo. Y los inversores no han dudado en tomarla, aparcando, al menos de momento, sus inquietudes más inminentes.

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