Liberar las patentes de las vacunas del covid: un plan no exento de riesgos
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Polémica en la industria farmacéutica

Liberar las patentes de las vacunas del covid: un plan no exento de riesgos

Socavar el sistema de patentes puede suponer un desincentivo a la investigación de las farmacéuticas frente a nuevas enfermedades

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La Administración estadounidense, que preside Joe Biden, ha asestado un mazazo contundente a la industria farmacéutica. Su disposición a liberar las patentes de las vacunas contra el coronavirus para facilitar la producción y distribución de las mismas a nivel global ha supuesto un jarro de agua fría para el sector justo en el momento en que las primeras cifras de ventas de los productores con soluciones ya en el mercado estaban superando las expectativas de los expertos.

Si bien los grandes distribuidores, como Pfizer y, en mayor medida, Johnson & Johnson o AstraZeneca (que han prometido no lucrarse con sus vacunas mientras dure la pandemia), han logrado encajar el golpe sin demasiado daño en sus cotizaciones, los fabricantes más pequeños, como Moderna, BioNTech, Novavax o Cansino Biologics —precisamente los que más han impulsado sus valoraciones al calor de las vacunas contra el covid— sí han sufrido entre la tarde del miércoles y el jueves unos reveses que evidencian el impacto que la decisión podría tener sobre sus perspectivas de negocio, algo que también afectó de forma sensible a grupos españoles como Rovi o Reig Jofre, que cuentan con acuerdos para la fabricación de estos inyectables.

Foto: Ursula von der Leyen. (Reuters)

Y lo cierto es que, de salir adelante, el plan de Biden tendría un impacto escaso sobre las ventas de estas compañías a corto plazo, aseguradas ya por los contratos firmados con distintos gobiernos. Pero no cabe duda de que una generalización de las vacunas supondría a largo plazo una merma considerable sobre las expectativas de flujos futuros provenientes de estas soluciones, que podrían llegar a ser relevantes si los inyectables contra el covid llegaran a resultar de aplicación recurrente, al estilo de la vacuna de la gripe.

Llevaría varios trimestres incrementar de forma notoria la producción de vacunas

En cualquier caso, cuando se trata de abordar un problema de la magnitud de la pandemia del coronavirus, que ha generado más de tres millones de muertos a nivel global y sigue causando tantos estragos, cualquier medida que pueda ayudar a una pronta solución es evidente que está por encima de consideraciones sobre los beneficios de unas pocas empresas. Sobre todo si se tiene en cuenta que las autoridades públicas también han contribuido con importantes inversiones al esfuerzo investigador realizado para sacar adelante estas vacunas.

La medida estaría encaminada a buscar una solución para los países en desarrollo, a los que el suministro actual de vacunas apenas ha llegado hasta la fecha. Pero no puede entenderse exclusivamente como un movimiento de caridad sino como un paso que, de ser efectivo, sería en beneficio de todos, pues cuanto más siga circulando el virus en cualquier parte del mundo mayor será el riesgo de mutaciones que resten eficacia al proceso de inmunización actual.

Foto: Foto: EC.

Dicho esto, existen razones para dudar de que el plan de liberalización de patentes resulte una medida eficaz. Poder hacer uso de la 'receta' de las vacunas existentes hoy en día en el mercado no significa estar en disposición de hacerlas. La elaboración de estos inyectables es un proceso complejo (especialmente, las que usan la tecnología ARN mensajero, como son la de Pfizer-BioNTech y la de Moderna) que requiere de unas instalaciones y un personal especialmente capacitado, que no todas las compañías del sector están en disposición de aportar. Vale como referencia que Johnson & Johnson asegura que examinó hasta a 100 socios potenciales a nivel mundial para llegar a la conclusión de que solo 10 estaban en disposición de colaborar de forma efectiva.

Y además, las propias compañías con vacunas en marcha se han encontrado con problemas de suministros para llegar a los ritmos de producción que se habían fijado previamente. Es por eso que algunos expertos advierten de que, incluso con un levantamiento de las patentes, será muy difícil apreciar un incremento sensible de la producción mundial en al menos 18 meses. Es decir, no estarían disponibles en el periodo que se considera crítico para la erradicación de la enfermedad.

Para impulsar la producción, el sector ha activado planes de colaboración excepcionales

No puede obviarse que, pese a la pretensión de varias de estas farmacéuticas de rentabilizar su éxito en la carrera de las vacunas, el sector ha explorado y puesto en marcha una serie de acuerdos de cooperación poco habituales, al tiempo que se invierte en nueva capacidad productiva, que debería ayudar a la industria a alcanzar el objetivo de fabricar solo este año varios miles de millones de dosis que, bien distribuidas, deberían ayudar a inmunizar a un porcentaje muy considerable de la población mundial. Todo esto refleja el interés de la industria por acelerar al máximo este proceso, que debe ayudar a superar una pandemia que, no puede olvidarse, también ha causado daños ostensibles en varias ramas del negocio farmacéutico.

El problema está en que para llegar a la situación actual, han sido muchas las iniciativas puestas en marcha por el sector privado para investigar posibles soluciones al virus del covid-19, a las que se han destinado cuantiosos recursos sin garantía alguna de éxito (y fiascos como el de Sanofi y GSK representan una prueba evidente de esto). Esfuerzos que, más allá de cualquier consideración humanitaria, reposaban en la idea de poder obtener un rédito de los mismos. Y esta es y no otra la propia esencia del sistema de patentes, en esta y en cualquier otra industria: defender los éxitos de la investigación como manera de incitar los esfuerzos en este campo.

Foto: Bas Eickhout, durante un acto de campaña del partido de los Verdes Europeos en Budapest, Hungria. (Foto: Reuters)

Socavar este sistema puede conllevar más riesgos que ventajas. Se puede aducir fácilmente que el del coronavirus es un caso especial y que no hay razones para temer que en adelante las patentes farmacéuticas vayan a convertirse en papel mojado. Pero una vez abierta esa puerta, el riesgo de reedición puede considerarse más alto, al menos frente a situaciones críticas (a las que algunos expertos pronostican mayor frecuencia en el futuro). Una situación que, lógicamente, puede generar reservas entre los inversores a la hora de depositar su dinero en la industria y también entre las propias empresas sobre la conveniencia de emprender determinadas investigaciones.

Trabajar en pos de una solución más rápida y universal a la crisis del coronavirus es un objetivo que debe estar por encima de cualquier otro. Pero conviene calibrar muy bien los pasos a dar para que la pretendida cura a los desafíos actuales no acabe derivando en un problema mayor a largo plazo.

La Administración estadounidense, que preside Joe Biden, ha asestado un mazazo contundente a la industria farmacéutica. Su disposición a liberar las patentes de las vacunas contra el coronavirus para facilitar la producción y distribución de las mismas a nivel global ha supuesto un jarro de agua fría para el sector justo en el momento en que las primeras cifras de ventas de los productores con soluciones ya en el mercado estaban superando las expectativas de los expertos.

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