La vigilancia del BCE sobre la banca: los riesgos de una prudencia extrema
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La vigilancia del BCE sobre la banca: los riesgos de una prudencia extrema

La presión del supervisor sobre los créditos a los sectores más dañados por la crisis no debe traducirse en un cierre de la financiación a industrias fundamentales para la recuperación

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A escasos días de que la banca española comience a exhibir ante el mercado sus resultados del primer trimestre, la partida de provisiones se presenta como una de las grandes bazas con que cuenta el sector para maquillar sus cifras. La evolución a lo largo de la crisis de los balances financieros se ha alejado con mucho de los escenarios más pesimistas que se plantearon tras el primer envite de la pandemia, lo que significa que buena parte del sector ha llegado al momento actual con un volumen de dotaciones que puede entenderse como excesivo.

Frente a este planteamiento, sin embargo, los reguladores parecen estar instando a extremar la prudencia, y no faltan razones. Porque si el 'shock' de la pandemia ha dejado heridas mucho menos severas de lo que cabría esperar en la calidad crediticia de los bancos, sería muy osado entender que los riesgos han quedado ya desactivados. Primero, porque las dificultades económicas están muy lejos de haberse salvado aún. Pero también porque los daños de esta crisis podrían fácilmente revelarse en alguna etapa más tardía.

No en vano, existe amplio consenso entre los expertos en que han sido medidas como las moratorias financieras y las facilidades crediticias (a través de instrumentos como los préstamos avalados por el ICO) las que han evitado un incremento mayor de los impagos, pero una vez que los efectos de estas medidas se vayan diluyendo, es previsible que la tasa de morosidad registre un repunte sustancial. En un informe reciente, Fitch pronosticaba un pico máximo de la mora entre el 6,5 y el 8%, que se haría efectivo en 2022, y firmas como DBRS han advertido de que el sector financiero español se ha mostrado hasta ahora algo remiso a la hora de identificar los riesgos.

Algunas firmas consideran que la banca ha sido demasiado remisa al identificar riesgos

Es en este contexto en el que se enmarca la campaña de inspecciones lanzada por el BCE para conocer la realidad de los créditos al sector turístico y de la restauración que mantienen en sus balances los bancos españoles y que ascienden a alrededor de 50.000 millones de euros. La actuación del supervisor podría derivar en la imposición de millonarias provisiones adicionales al sector.

La lógica de poner el foco sobre estas industrias parece fuera de toda discusión, ya que han sido las que han sufrido con mayor virulencia las inclemencias de la pandemia. El objetivo es limitar los riesgos de que una posterior ola de quiebras en este tipo de negocios pille desprevenido al sector y acabe provocando un roto en los balances bancarios.

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Sin embargo, conviene no perder de vista el riesgo de que este tipo de planteamientos acabe jugando el papel de profecía autocumplida. Extremar la presión regulatoria sobre unos sectores concretos puede convertirlos en ecosistemas a evitar a ojos de las entidades financieras, que podrían reprimir el flujo de crédito hacia compañías dedicadas al negocio hotelero y de restauración, de manera idéntica a lo que ocurrió, sin ir más lejos, con el sector inmobiliario tras el derrumbe de la pasada crisis, agravándolo.

Un escenario de este tipo es algo tan importante de evitar como el de una relajación excesiva por parte de la banca. Dada la relevancia de los sectores turísticos y del ocio en la economía española, su solidez se antoja esencial para una recuperación completa de la economía española. Y, tras más de un año de penurias, muchas empresas pueden mantenerse renqueantes si ven cerradas las puertas del crédito, aunque solo sea para refinanciar las elevadas deudas acumuladas en este periodo de ingresos casi nulos.

El respaldo financiero al turismo y el ocio es clave para la recuperación económica

Configurar un entorno que favorezca la prudencia bancaria sin perjudicar las posibilidades de financiación de las empresas solventes de estos sectores supone un desafío fundamental para las autoridades regulatorias. Al fin y al cabo, el propio BCE lleva años pugnando por incentivar el crédito bancario para estimular la recuperación económica de la eurozona.

Cuando los bancos españoles presenten sus cuentas del primer trimestre en las próximas semanas, una reducción de las provisiones puede servirles para afianzar las buenas sensaciones que vienen descontando sus acciones en bolsa desde hace meses. Sin embargo, es posible que aún quede mucho por delante para corroborar que sus colchones contra insolvencias resultan suficientemente mullidos, y la evolución de los sectores hotelero y de restauración puede resultar clave. Estar en guardia ante posibles dificultades futuras parece una obligación, estar en condiciones de respaldarlos en el camino de salida de la crisis, también.

A escasos días de que la banca española comience a exhibir ante el mercado sus resultados del primer trimestre, la partida de provisiones se presenta como una de las grandes bazas con que cuenta el sector para maquillar sus cifras. La evolución a lo largo de la crisis de los balances financieros se ha alejado con mucho de los escenarios más pesimistas que se plantearon tras el primer envite de la pandemia, lo que significa que buena parte del sector ha llegado al momento actual con un volumen de dotaciones que puede entenderse como excesivo.

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