¿Qué significa para 'el Ibex' la salida de Pablo Iglesias del Gobierno?
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El peso de la política en la economía

¿Qué significa para 'el Ibex' la salida de Pablo Iglesias del Gobierno?

Aunque bolsas y bonos siguen ignorando las turbulencias de la política española, los últimos acontecimientos amenazan con dejar una huella ostensible en la política económica

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Foto: EC.

Los terremotos políticos se siguen sucediendo en España sin que los inversores encuentren razones para alterar de forma significativa su visión sobre el mercado nacional. Bolsas y bonos mantienen rumbos relativamente estables, sin desviarse del son que marcan los grandes mercados, por mucho que el ruido gubernativo parezca elevarse a cotas preocupantes.

Como vienen subrayando desde hace tiempo los expertos, la inestabilidad política se viene asumiendo en los mercados como una parte casi estructural del país, un elemento ineludible en cualquier lectura que se haga de la situación española y que ya estaría teniendo desde hace años un efecto sensible en la prima de riesgo que se asume ante cualquier inversión en el país. La salida del Ejecutivo central del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, para meterse de lleno en la contienda por la presidencia de la Comunidad de Madrid, supone una nueva confirmación de esa sensación.

Pablo Iglesias deja el Gobierno para ir de candidato en Madrid

Porque el movimiento de Iglesias, inevitablemente, conduce a diversas lecturas económicas, aunque tan supeditadas a los distintos avatares políticos que podrían derivarse del mismo, que resulta casi imposible calibrarlas en el momento actual. No puede obviarse que el líder de Unidas Podemos ha sido desde su irrupción en la arena política nacional, uno de los principales promotores de las medidas que han generado más rechazo en los ambientes económicos del país. Ni que ha sido de su boca de la que han salido buena parte de los ataques contra "el Ibex" de los que ha hecho bandera su formación.

Un Iglesias fortalecido por las elecciones podría multiplicar sus desafíos al Gobierno

Desde ese punto de vista, su entrada en la carrera electoral madrileña puede inspirar al mercado lecturas muy dispares en función de cómo se valoren sus perspectivas electorales. El ejemplo de una ciudad como Barcelona bajo dominio de una de las confluencias de Podemos no supone una visión especialmente alentadora para empresas e inversores sobre lo que podrían esperar de la llegada de Iglesias a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Máxime, si esta es asumida como la última oportunidad de revitalizar un proyecto político cuya inercia más reciente evidencia un creciente desapego por parte de los votantes.

Foto: Pablo Iglesias. (EFE) Opinión

Sin embargo, no faltan las lecturas que ven en su candidatura un refuerzo de las posibilidades de la candidata del PP y actual presidenta, Isabel Díaz Ayuso, dado el alto grado de rechazo que Iglesias despierta en buena parte del electorado, incluso de izquierdas. Del mismo modo, con su salida del Gobierno, Iglesias azuza las especulaciones, nunca totalmente desactivadas, sobre la posibilidad de unas próximas elecciones a escala nacional, en las que se abrirían igualmente múltiples posibilidades, de muy diversa interpretación en el terreno económico.

Lo que parece quedar más claro, en cualquier caso, con el paso dado por el hasta ahora vicepresidente, es que la voz fuerte de Unidas Podemos en la coalición de Gobierno se desplaza hacia la figura de la actual ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, planteada por el propio Iglesias como su relevo al frente de la formación morada. Esta situación también se abre a diversas lecturas políticas. Tras años de ejercer un dominio férreo del partido, parecen lógicas las dudas de que Iglesias —especialmente si sale reforzado de las elecciones madrileñas— vaya a dejar rienda suelta a su sucesora a la hora de definir el rumbo del partido.

Un mandato de Díaz en UP puede ser más inclinado al entendimiento con los empresarios

De hecho, ya dentro del Gobierno, Iglesias se ha convertido con frecuencia en la voz discordante, aireando ante el público profundas diferencias entre los dos partidos de la coalición, habitualmente referidas al plano económico. En consecuencia, no puede descartarse que, desde fuera y en una hipotética posición de poder, redoblara sus desafíos al Ejecutivo de Pedro Sánchez, marcando el paso a sus compañeros dentro del mismo.

Pero también son asumibles visiones algo más favorables desde el punto de vista económico: aquellas que ven un mandato de Díaz al frente de Unidas Podemos como una ocasión para mejorar las relaciones del partido con el mundo de la empresa. Son muchas las voces del mundo empresarial que en los últimos meses no han dudado en apreciar la actitud constructiva mantenida por la ministra de Trabajo a lo largo de la crisis. Al margen de las inevitables diferencias de enfoque —que nadie espera que vayan a evaporarse—, se valora que Díaz haya asumido sus funciones con un espíritu de entendimiento y cooperación que dista mucho de los continuos exabruptos y los planteamientos más radicales que, a menudo, ha puesto sobre la mesa Iglesias. Fruto de esta actitud pueden considerarse los distintos decretos de los ERTE, que tanto han ayudado a aliviar las heridas de la crisis sobre el mercado laboral, o el de las relaciones laborales de los 'riders'.

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ocupará la vicepresidencia segunda en sustitución de Pablo Iglesias y será la candidatura de Unidas Podemos a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. (EFE)

En un escenario como el actual, en el que España afronta el reto de superar las heridas del coronavirus y diseñar un nuevo modelo de crecimiento a futuro una relación más fluida entre uno de los partidos con responsabilidades —y no menores— de Gobierno y el empresariado no puede verse sino como una buena noticia. Aunque aún quedaría por ver cómo encajaría la posición reforzada de Díaz en el Ejecutivo en la buena sintonía de los distintos ministerios económicos, que tantas diferencias han evidenciado en los últimos meses.

La incertidumbre, pues, es la única lectura segura que se puede extraer de este movimiento. Y mientras tanto, el lío político sigue, preocupantemente, desviando la atención de la gestión de la crisis —sanitaria y económica— y el diseño de las estrategias de salida. La política española sigue haciendo méritos sobrados para justificar la prima de riesgo que le atribuyen los inversores.

Los terremotos políticos se siguen sucediendo en España sin que los inversores encuentren razones para alterar de forma significativa su visión sobre el mercado nacional. Bolsas y bonos mantienen rumbos relativamente estables, sin desviarse del son que marcan los grandes mercados, por mucho que el ruido gubernativo parezca elevarse a cotas preocupantes.

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