La rebaja del 'rating' de ACS: problemas menores...si todo sale bien
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La rebaja del 'rating' de ACS: problemas menores...si todo sale bien

El mercado ignora el recorte del 'rating' de ACS por parte de S&P, esperanzado en que la próxima venta de Cobra permita superar las vulnerabilidades resaltadas por la agencia

Foto: EC.
EC.

ACS exhibió este martes ante el mercado dos caras muy diferentes. De un lado, la del grupo puntero en el negocio internacional de las concesiones, plasmada en la adjudicación a un consorcio en el que se incluye la compañía que preside Florentino Pérez del contrato para la ampliación de un tramo del metro de Toronto. Del otro, la de la empresa a la que el impacto de la crisis del coronavirus le ha infligido un daño severo en su posición financiera, motivando a S&P a reducir su 'rating' a solo un escalón de perder el grado de inversión.

A juzgar por la reacción de su cotización, que cerró con ganancias superiores al 2,23%, situándose en positivo en el año (en términos de rendimiento total) por primera vez en más de un mes, los inversores han decidido obviar la cara más negativa. Y es posible que no les falten razones para ello. Al fin y al cabo, la de ACS a día de hoy es la imagen incompleta de un grupo pendiente de una serie de pasos esenciales para la definición de sus perspectivas de futuro.

Foto: Sede de ACS. (EFE)

En ese sentido, la venta de Cobra, la división de servicios industriales, a Vinci, que se espera que pueda cerrarse antes de que finalice el presente mes de marzo, se plantea como un movimiento crítico. Desde que se anunciaron las negociaciones, el pasado mes de octubre, los inversores han dejado claro su respaldo a una operación que podría generar ingresos de hasta 5.200 millones de euros y que daría margen al grupo para abordar una serie de proyectos que apuntalen su perfil de crecimiento.

Las cuentas del segundo trimestre se situaron por debajo de las previsiones

La propia compañía apuntó a las áreas de renovables y concesiones como las dos en las que tiene previsto centrar sus inversiones, una vez logre ejecutar el traspaso de los activos de Cobra. "La venta de Cobra pone en marcha un proceso de transformación en ACS que, a nuestro juicio, acabará siendo creativo en valor para los accionistas, con un mayor enfoque tanto en renovables como en concesiones y un menor peso de los negocios de contratación más cíclicos. Esto debería conducir a una empresa más predecible, con menor riesgo, flujos de caja más estables y una estructura financiera más sólida", señalaban los analistas de Alantra en una nota posterior a los resultados del grupo durante el cuarto trimestre de 2020.

Esas cuentas no resultaron especialmente alentadoras, con una evolución de las cifras que se situó por debajo de las previsiones de los analistas, pero como bien señalaban los expertos de Intermoney, era de esperar que no tuvieran demasiado impacto en un grupo donde toda la atención se centra en las operaciones corporativas. Y es eso, igualmente, lo que ha permitido a los inversores obviar las vulnerabilidades subrayadas por S&P, que hacían especial hincapié en el incremento de la deuda y la pérdida de diversificación del negocio tras la venta por parte de su filial australiana Cimic del 50% de su negocio de minería Thiess al fondo Elliot.

Foto: Sede de ACS. (EFE)

En el mercado, se puede entender que tanto uno como otro problema pueden quedar rápidamente resueltos una vez la compañía ejecute la desinversión de Cobra (que S&P admite no estar tomando en consideración) y exista mayor claridad sobre el posible destino de los fondos obtenidos en la operación. Los propios analistas de la agencia de 'rating' consideran que "el grupo puede aprovechar las enajenaciones de activos para financiar inversiones y proyectos, lo que proporciona cierta flexibilidad financiera". Tanto el área de renovables, en que ACS ya ha obtenido notables éxitos como el que supuso el diseño y posterior venta de Saeta Yield, como la de concesiones, en que Abertis opera como un referente internacional, parecen terrenos especialmente abonados para que el grupo pueda prosperar.

Sin embargo, no puede obviarse que para que este escenario se haga efectivo aún son varios los pasos que deben resolverse de forma favorable y en los que no parece que las expectativas resulten reducidas. El primero es el de los múltiplos a los que se acabe ejecutando la venta de Cobra, pues si en un primer momento los 5.200 millones planteados fueron vistos como una valoración francamente atractiva, no son pocas las razones para temer que el acuerdo final pueda cerrarse en una cantidad inferior. Especialmente si, como ya dejó entrever ACS en su última presentación, Vinci acaba abonando el 100% de la transacción en metálico (frente al planteamiento inicial, que comprendía una parte del pago en acciones).

Intermoney sugiere que el grupo debería comprar el 23% que no controla de Cimic

Pero incluso más relevante será el uso que pueda dar ACS a ese dinero una vez en su poder, pues el grupo tendrá que equilibrar las necesidades de aliviar su posición financiera, las demandas de reducir la complejidad de su estructura societaria —en Intermoney, sugieren la conveniencia de adquirir el 23% de Cimic que no controla— y la necesidad de reponer los flujos de caja perdidos con las desinversiones en negocios especialmente sólidos, como el de la propia Cobra o el de Thiess.

Entre los expertos, parece predominar la confianza en que el grupo será capaz de abordar estos desafíos de forma exitosa. No en vano, más del 70% de las firmas que cubren la compañía, según los registros de Bloomberg, aconseja comprar sus acciones, mientras que ninguna se muestra partidaria de la venta, a pesar de que a día de hoy no se espera que recupere los niveles de venta y ebitda prepandemia en los próximos cinco años.

Foto: El presidente de ACS, Florentino Pérez, junto a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo (d), y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (EFE)

La confianza es elevada y sin duda ACS ha dado sobrados motivos para ello en los últimos tiempos. Pero los cabos por atar aún son muy relevantes y después de una remontada de más del 50% en los últimos cinco meses no es de extrañar que los inversores se muestren en las últimas semanas algo más cautos, aunque adjudicaciones como la obtenida en Toronto este martes puedan insuflar cierto optimismo adicional.

Si S&P ha considerado oportuno esperar a que las operaciones corporativas tomen forma antes de incluirla en sus estimaciones, no parece fuera de lugar que el mercado opte por moverse con una prudencia semejante.

ACS exhibió este martes ante el mercado dos caras muy diferentes. De un lado, la del grupo puntero en el negocio internacional de las concesiones, plasmada en la adjudicación a un consorcio en el que se incluye la compañía que preside Florentino Pérez del contrato para la ampliación de un tramo del metro de Toronto. Del otro, la de la empresa a la que el impacto de la crisis del coronavirus le ha infligido un daño severo en su posición financiera, motivando a S&P a reducir su 'rating' a solo un escalón de perder el grado de inversión.

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