Los pronósticos de la OCDE para España y el coste de seguir llegando tarde
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Una recuperación que se aplaza

Los pronósticos de la OCDE para España y el coste de seguir llegando tarde

Pese a mejorar de forma ostensible sus previsiones para la economía española, el organismo mantiene al país como uno de los llamados a experimentar una salida de la crisis más lenta

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La revisión de estimaciones económicas publicada este martes por la OCDE deja vías abiertas para que desde España se sostengan las más divergentes lecturas. Una, la más triunfalista, permite señalar que el organismo ha visto en la evolución reciente de la economía española razones suficientes para mejorar de forma más significativa que en el resto de Europa las previsiones de crecimiento en 2021: del 5% previsto anteriormente, se eleva al 5,7%. Otra resulta menos alentadora pero más certera sobre la verdadera situación económica de un país condenado a moverse al término de 2022 en niveles de PIB aún inferiores a los anteriores a la crisis, lo que le sitúa en el mismo vagón que las otras grandes economías más severamente penalizadas por la pandemia, entre las que resaltan Italia, México, Argentina o Arabia Saudí.

Lo más relevante de este tipo de informes no es, sin embargo, la imagen que permita apreciar de un instante concreto, siempre al albur de un presente que en época de pandemia se muestra especialmente esquivo con las proyecciones de los analistas. Lo fundamental son las pistas que ofrece sobre cómo están influyendo sobre las perspectivas económicas la evolución de la pandemia y las medidas aprobadas para combatir sus daños.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

En este sentido, las cifras puestas sobre la mesa por la OCDE ofrecen poco lugar a dudas: los países más ágiles a la hora de plantear medidas de estímulo y soporte para empresas y consumidores son los que se encuentran ante un camino mucho más despejado para emprender la recuperación, al contrario de aquellos más remisos (en gran medida por partir de situaciones fiscales más desfavorables) para aprobar ayudas a su tejido productivo. Si Estados Unidos se presenta como el mejor ejemplo de lo primero -con un billonario plan de estímulo que le ha valido una mejora de previsiones de 3,3 puntos porcentuales respecto a diciembre- España parece condenada a ocupar un lugar en el lado opuesto, a medida que sus ya ajustados planes de apoyo empresarial se enredan en discusiones intestinas, retrasando lo que ya per se genera bastantes dudas por su configuración.

La OCDE ha sido clara al plantear un escenario que ya predomina en la mayor parte de los análisis: el persistente impacto del coronavirus y los problemas del proceso de vacunación abocan a Europa -y, por ende, a España- a un primer semestre de 2021 prácticamente perdido, posponiendo el inicio de la recuperación a la segunda mitad del año, lo que causará dificultades económicas adicionales que conviene abordar para que no se conviertan en un serio lastre a la posterior remontada.

La OCDE es clara: los países más ágiles en los estímulos presentan mejores perspectivas

"El apoyo fiscal deberá adaptarse al estado de la economía y el ritmo de las vacunas y, si son necesarias, deben ponerse en marcha nuevas medidas de manera rápida y completa", señala el organismo en su informe, urgiendo unas soluciones que en España siguen sin hacerse efectivas.

Es cierto que el documento de la OCDE encuentra mayores opciones de que sus estimaciones se desvíen al alza que a la baja, lo que supedita a la posibilidad de una aceleración en el ritmo de vacunación en los próximos meses. Pero el Gobierno de Pedro Sánchez no puede seguir basando sus respuestas económicas en los supuestos más favorables, cuando sus propias proyecciones de crecimiento para 2021 (del 9,8%) parecen ya fuera de cualquier escenario factible. Sobre todo porque las ayudas europeas en las que reposa buena parte de ese crecimiento parece difícil que se ejecuten a tiempo para ofrecer resultados reseñables ya este año.

Foto: Foto: EC.

El inicio de 2021 ha resultado, indiscutiblemente, un mazazo a las expectativas de recuperación, lo que se viene plasmando progresivamente en un recorte de las estimaciones de crecimiento de la economía española durante los primeros trimestres de 2021. Por mucho que se confíe en la posterior mejora, que pasa en gran medida por la salvación de la campaña veraniega, lo único tangible es el daño actual. Un daño que recae sobre unas empresas ya muy penalizadas por la crisis, cuya duración ha superado todas las estimaciones iniciales pero ante la que siguen luchando prácticamente con las mismas armas que se les ofrecieron en un primer instante y que, inevitablemente, han quedado sobrepasadas por la magnitud del problema.

Son muchas las voces que en los últimos tiempos se han levantado para recordar al Ejecutivo que los perjuicios de dejar caer a las empresas en dificultades, que según las últimas estimaciones del Banco de España comprenden hasta el 18% del tejido empresarial, serían muy superiores al coste de ofrecerles un nuevo salvavidas con el que capear las dificultades actuales, máxime ahora que las vacunas hacen posible percibir una luz al final del túnel, por más que este se esté alargando. El informe de la OCDE puede dar elementos para una lectura triunfalista de la situación, pero sería preferible que sirviera para detectar aquello que aún necesita ser corregido. Si no, es probable que los pronósticos de recuperación acaben por convertirse una vez más en una imagen prometedora sepultada por una realidad mucho menos propicia.

La revisión de estimaciones económicas publicada este martes por la OCDE deja vías abiertas para que desde España se sostengan las más divergentes lecturas. Una, la más triunfalista, permite señalar que el organismo ha visto en la evolución reciente de la economía española razones suficientes para mejorar de forma más significativa que en el resto de Europa las previsiones de crecimiento en 2021: del 5% previsto anteriormente, se eleva al 5,7%. Otra resulta menos alentadora pero más certera sobre la verdadera situación económica de un país condenado a moverse al término de 2022 en niveles de PIB aún inferiores a los anteriores a la crisis, lo que le sitúa en el mismo vagón que las otras grandes economías más severamente penalizadas por la pandemia, entre las que resaltan Italia, México, Argentina o Arabia Saudí.

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