Un año de pandemia en el empleo: heridas que se agravan, soluciones que se dilatan
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Cuatro millones de parados

Un año de pandemia en el empleo: heridas que se agravan, soluciones que se dilatan

La destrucción de empleo en febrero evidencia el daño de la tercera ola y ahonda en unos problemas que amenazan con lastrar la recuperación posterior

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Como "muy esperanzadora" calificaba la imagen del mercado laboral en España el secretario de Estado de Empleo y Economía Social, Joaquín Pérez Rey, hace justo un año. Febrero había registrado una caída del paro registrado de casi 43.000 personas y con 3,25 millones de desempleados reflejaba sus mejores cifras desde 2008, dando continuidad a la tendencia de mejora —aunque lenta— que venía reflejando el empleo desde hacía varios años.

Un año después, de aquella esperanza y de esas tendencias positivas no queda más que un recuerdo nostálgico, combinado con la preocupación que siguen generando las cifras de un mercado de trabajo duramente abatido por una crisis cuyas heridas siguen ensanchándose. Transcurridos 12 meses desde que la pandemia produjera un parón histórico de la actividad económica, España ha superado por primera vez desde 2016 la dolorosa barrera de los cuatro millones de parados, mientras más de 900.000 personas permanecen en el limbo de los ERTE.

Las restricciones aplicadas en los últimos meses, a causa de la tercera ola del coronavirus, han dejado ya una notable huella, plasmada mejor que en cualquier otro dato en la pérdida efectiva (descontados los ERTE) de casi 400.000 afiliados desde mediados del pasado mes de diciembre. Este dato evidencia que, por mucho que la economía trate de adaptarse a las limitaciones que conlleva el virus, la situación sanitaria representa el principal condicionante para el mercado laboral español. En un país tan volcado en negocios ligados a la hostelería y el turismo, no hay adaptación posible que no pase por un retorno a la normalidad —o a un escenario lo más cercano a ella—.

La situación sanitaria sigue siendo el principal condicionante del empleo

Partiendo de esa premisa es posible mirar al mercado español con cierta esperanza. El alivio de las restricciones en las últimas semanas ya se ha dejado notar con un ligero efecto positivo en las cifras de finales de febrero y, en ausencia de reversiones, debería propiciar una mejora de los datos en marzo, mientras el avance de la campaña de vacunación tendría que alimentar una mayor confianza en que ese proceso de normalización será posible a partir de la segunda mitad de 2021.

Pero todo esfuerzo por buscar una lectura optimista de las condiciones laborales amenaza con encallar en la creciente sensación de que, a medida que se prolonga, esta crisis está provocando ya heridas profundas que será muy difícil restañar y volviendo a sacar flote vulnerabilidades del mercado laboral español que tienen su origen mucho antes del golpe del coronavirus y que lastran cualquier perspectiva de mejora.

Desde el inicio de la crisis, las empresas han contado con una herramienta, la de los ERTE, que se ha probado ampliamente efectiva a la hora de evitar estragos aún mayores en el mercado de empleo. Pero que de ninguna manera pueden representar una solución definitiva si las empresas que se han acogido a ellos no cuentan con las condiciones apropiadas para reintegrar en sus plantillas a ese cerca de millón de personas incluido bajo esa figura.

Tras un año de covid, se echan en falta soluciones más allá del parche de los ERTE

Es significativo, como observa Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute, que "una vez agotada la inercia del tercer trimestre y la campaña de Navidad, la caída en la contratación es mayor en el empleo indefinido, y nuevamente los colectivos de jóvenes y mujeres son los más damnificados". La crisis ha creado una solución de emergencia que ha dificultado el abordar los problemas de fondo del mercado laboral, pero transcurrido un año en el que este no ha dejado de ser el principal drama de la economía nacional se echa en falta algo de imaginación para alumbrar soluciones más allá de la figura de los ERTE, que no deja de representar un parche concebido como remedio temporal.

Al fin y al cabo poco tiene de misterio el señalar que solo un entramado empresarial robusto podrá dar respuesta a las necesidades de absorción de trabajadores que ha creado —o, mejor dicho, agudizado— la crisis. Pero a día de hoy son cuantiosos los sectores que siguen clamando por ayudas, mientras el Gobierno parece aguardar la llegada de los fondos europeos (nunca antes del segundo semestre) para articular un plan suficientemente ambicioso de refuerzo del tejido productivo español. Mientras tanto, el goteo de empresas que cierran sus puertas sigue siendo descorazonador y diluye toda perspectiva de recuperación del mercado de trabajo.

Ha pasado un año desde que comenzara el azote del virus y las señales esperanzadoras de las que podía presumir el Gobierno han quedado demolidas. Y lo peor es que la reconstrucción de esas perspectivas de mejora sigue sin mostrar un rumbo convincente.

Como "muy esperanzadora" calificaba la imagen del mercado laboral en España el secretario de Estado de Empleo y Economía Social, Joaquín Pérez Rey, hace justo un año. Febrero había registrado una caída del paro registrado de casi 43.000 personas y con 3,25 millones de desempleados reflejaba sus mejores cifras desde 2008, dando continuidad a la tendencia de mejora —aunque lenta— que venía reflejando el empleo desde hacía varios años.

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