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Santander: una realidad muy dura para dar rienda suelta a las esperanzas
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Pérdidas millonarias

Santander: una realidad muy dura para dar rienda suelta a las esperanzas

Pese a registrar pérdidas récord, el banco español da muestras de confianza de que 2021 será un año de sólida recuperación, aunque el entorno sigue siendo desafiante

Foto: Foto: EC.
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Las acciones de Santander reflejaban este miércoles el siempre llamativo contraste de unas sólidas ganancias —llegaron a subir más de un 5%, aunque el entusiasmo se fue moderando con el paso de las horas— como respuesta a unas pérdidas millonarias. Pero a estas alturas a pocos les sorprenderá que los inversores tuvieran más que asumido el roto ocasionado por la crisis del coronavirus, hasta el punto de encontrar en las cifras de las entidad argumentos para realizar una lectura positiva.

La evolución de los márgenes, las comisiones o las ganancias por operaciones permiten perfilar la imagen de un negocio que, pese a mantenerse lejos de los niveles previos al 'shock' de la pandemia, ha recuperado una tendencia positiva, que apuntala la esperanza de que lo peor haya quedado atrás y que 2021 se revelará como un ejercicio de recuperación significativa.

Y ese es, posiblemente, uno de los mensajes más evidentes de cuantos se desprenden de la presentación del banco. Con el coste del riesgo en la parte baja del rango objetivo que había marcado la entidad y con la proyección de que mejore este año, el banco que preside Ana Botín parece ver ante sí despejado el camino para una progresiva normalización de las provisiones. Y, más relevante aún, la expectativa de un ROTE (retorno del capital tangible) entre el 9 y el 10% transmite la confianza en un desempeño del negocio muy superior al que actualmente asume el mercado.

La previsión de ROTE conlleva un beneficio muy superior al que estima el consenso

Como observan los analistas de Credit Suisse y CaixaBank-BPI, unos niveles de ROTE en ese rango irían acordes a un beneficio más próximo a los 6.500 millones de euros que a los alrededor de 5.000 millones que asume hoy por hoy el consenso.

Y la mejora de los niveles de capital, siempre mirados con cierto recelo en el caso de la entidad española, representa un punto de tranquilidad en un momento en que se teme que la crisis del coronavirus aún pueda traducirse en un deterioro de los balances financieros.

Foto: Ana Botín, presidenta de Santander, junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Estos datos pueden servir de base sobre la que asentar la recuperación para una entidad que ha visto esfumarse en los últimos 12 meses una cuarta parte de su valor y que, cotizando a poco más de un 50% de su valor patrimonial, cuenta con un potencial de revalorización del 15% según la media de los analistas.

Pero convencer a los inversores de que lo peor ha quedado atrás no será, ni mucho menos, una tarea sencilla, ni para Santander ni para el conjunto del sector. Y no solamente por la cantidad de ocasiones en que, en los últimos años, se ha pronosticado una mejora que se acabado frustrando antes de afianzarse. En mayor medida, porque el escenario de tipos de interés bajos o negativos no tiene visos de revertirse en un periodo de tiempo previsible y la prolongación de la crisis del coronavirus agudiza los temores a que acabe dejando secuelas en los balances financieros.

El beneficio ordinario sufrió un impacto de más de 700 millones por las divisas

Problemas a los que Santander suma las debilidades particulares de su negocio global, y que en los últimos años se han plasmado más que en cualquier otro factor en el continuo lastre a sus resultados que ha supuesto el impacto de los tipos de cambio. Solo en 2020, la entidad ha reconocido un deterioro de su resultado ordinario de casi nueve puntos porcentuales (más de 700 millones de euros) únicamente a causa del movimiento de las divisas.

Que las fuertes alzas iniciales sobre el parqué se moderaran de forma ostensible con el paso de las horas puede ser el claro indicador de que los inversores no están dispuestos a pasar página tan rápidamente. Al fin y al cabo, una pérdida de 8.771 millones de euros tiene la suficiente entidad como para someter cualquier promesa de tiempos mejores a una larga cuarentena.

Las acciones de Santander reflejaban este miércoles el siempre llamativo contraste de unas sólidas ganancias —llegaron a subir más de un 5%, aunque el entusiasmo se fue moderando con el paso de las horas— como respuesta a unas pérdidas millonarias. Pero a estas alturas a pocos les sorprenderá que los inversores tuvieran más que asumido el roto ocasionado por la crisis del coronavirus, hasta el punto de encontrar en las cifras de las entidad argumentos para realizar una lectura positiva.

Ana Patricia Botín Banca
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