El último balance de Bankia: la brecha entre lo que quiso ser y lo que pudo ser
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Resultados de 2020

El último balance de Bankia: la brecha entre lo que quiso ser y lo que pudo ser

El banco nacionalizado cerró 2020 muy lejos de las metas de beneficio y rentabilidad que se fijó en su plan estratégico hace tres años. Los tipos y el covid reventaron las previsiones

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Foto: EC.

La acogida que ha tenido este jueves el mercado con los resultados de Bankia refleja, en buena medida, la dinámica del quiero pero no puedo en que se ha visto envuelta la entidad a lo largo de los últimos años. Las fuertes alzas, superiores al 4%, con las que inició la jornada, tras superar unas cuentas que superan a grandes rasgos las expectativas de los inversores, se fueron diluyendo con el paso de las horas, arrastradas por un tono general de desazón, motivado por las persistentes dudas económicas que provoca la evolución de la pandemia. Pero, hacia la media sesión, la entidad volvía a registrar ganancias en el entorno del 2%, favorecida por una mejora amplia del sentir del mercado.

La de este jueves se presentaba de forma ineludible como una jornada de balance para el banco que preside José Ignacio Goirigolzarri. No solo porque las cuentas presentadas representan el punto final a una década de convulsa historia financiera, que desembocará próximamente en la integración de la entidad nacionalizada con CaixaBank, sino también porque suponen el momento marcado para comprobar lo que pretendió ser Bankia y lo que ha acabado siendo al término de su último plan estratégico.

Han pasado menos de tres años desde que Goirigolzarri se presentó ante el mercado con la pretensión de hacer de Bankia "el mejor banco de España", tras haber superado la difícil etapa de reestructuración que le había tocado pilotar a lo largo del lustro anterior. El conocido destino del banco, subsumido bajo el paraguas de CaixaBank, supone la inequívoca manifestación de que aquel plan no llegó al puerto esperado. El hundimiento del 60% de sus acciones en este trienio es otro reflejo, aún más doloroso.

La caída del 60% de su valor en el trienio es el claro reflejo del fracaso del plan

Los dirigentes de la entidad podían permitirse este jueves sacar pecho por la consecución de buena parte de los objetivos de aquel plan, desde el saldo de negocio con empresas a la cuota de fondos de inversión, pasando por la facturación con tarjetas y con la ratio de solvencia —situada por encima de un reseñable 16%— como el gran logro de su gestión reciente.

Sin embargo, en el capítulo del debe quedan partidas de suficiente relevancia como para entender que el destino de Bankia a partir de este año no sea otro que el de su fusión en un grupo más potente, capaz de dar respuesta a los múltiples desafíos que encara el negocio. Frente al objetivo de una ratio de eficiencia menor del 47%, las cifras a cierre de 2020 muestran una relación de gastos frentes a ingresos más de 10 puntos porcentuales superior, y mucho más preocupante es la distancia que va del ROE previsto del 10,8% al finalmente registrado, del 1,8%. Los beneficios del grupo en el pasado ejercicio, de 230 millones de euros, representan menos de una quinta parte de los 1.300 millones fijados como meta en el plan estratégico.

No hacen falta muchas explicaciones para entender que en el momento de desarrollar aquel plan el entorno económico en el que esperaban encontrarse los responsables de Bankia al término de 2020 tenía muy poco que ver con el que ha acabado por hacerse efectivo.

Foto: José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia. (EFE)

La pandemia del coronavirus ha supuesto un inesperado revés que ha hecho saltar por los aires todas las estimaciones previas. Para la banca ha supuesto la necesidad de ejecutar cuantiosas provisiones para protegerse del previsible deterioro de su cartera crediticia (505 millones de euros, en el caso de Bankia), al tiempo que veía perpetuarse —e, incluso, intensificarse— un escenario de represión financiera por parte de los bancos centrales (oleadas de estímulos monetarios y tipos de interés en mínimos), que aja sus rentabilidades.

Sería erróneo, sin embargo, achacar las desviaciones de Bankia respecto a su plan estratégico exclusivamente al golpe del covid-19, pues ya antes de que este se manifestara con toda su virulencia eran amplios los indicios de que la entidad quedaría lejos de alcanzar sus objetivos. Precisamente, porque ese entorno de tipos bajos, que el banco soñó con ver diluirse progresivamente a lo largo de este trienio, ha acabado por confirmarse como un elemento obstinadamente persistente, casi estructural, ante el que el banco nacionalizado, especialmente sensible por la estructura de su cartera de negocio a este factor, ha sido incapaz de readaptarse con la velocidad precisa, probablemente porque el margen para hacerlo era muy limitado.

Quizás ese sea el pero más evidente que pueda ponerse a los gestores de Bankia, el de no haber sabido leer a tiempo la nueva realidad a la que se veía abocado el sistema financiero, atrapado en un universo de tipos bajos mucho más duradero de lo que ellos (y gran parte del mercado) asumían hace tres años. Pero, en un mercado que avanza tan rápido, no hay tiempo para los lamentos, sino para la búsqueda de soluciones. Unas soluciones que Bankia tratará de encontrar ahora de la mano de CaixaBank, un movimiento que permite a sus accionistas abrigar la esperanza de que lo peor haya quedado atrás y que las decepciones acumuladas en los últimos años tornen en logros significativos que permitan enderezar el rumbo una vez que se diluyan las incertidumbres generales. Tal y como han hecho sus acciones este jueves.

La acogida que ha tenido este jueves el mercado con los resultados de Bankia refleja, en buena medida, la dinámica del quiero pero no puedo en que se ha visto envuelta la entidad a lo largo de los últimos años. Las fuertes alzas, superiores al 4%, con las que inició la jornada, tras superar unas cuentas que superan a grandes rasgos las expectativas de los inversores, se fueron diluyendo con el paso de las horas, arrastradas por un tono general de desazón, motivado por las persistentes dudas económicas que provoca la evolución de la pandemia. Pero, hacia la media sesión, la entidad volvía a registrar ganancias en el entorno del 2%, favorecida por una mejora amplia del sentir del mercado.

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