Subasta récord del Tesoro: un nuevo éxito acompañado de una advertencia
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Demanda de 56.000 millones

Subasta récord del Tesoro: un nuevo éxito acompañado de una advertencia

La reducción de gran parte de la demanda tras la rebaja del tipo de interés evidencia que los inversores son cada vez más sensibles a los precios que ofrece la deuda pública

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Cuando España aún está tratando de poner cifras al agujero propiciado por el coronavirus en 2020, la tercera ola de la pandemia se presenta desde hace varios días como un nuevo aguijón, capaz de agudizar los sufrimientos de una economía que sigue sin percibir el alivio que parecía augurar el inicio de la vacunación. Los efectos de esta no empezarán a hacerse evidentes, se espera ahora, hasta la segunda mitad de 2021, y hasta entonces son muchos los desafíos que deben enfrentar los gobiernos europeos —y, entre ellos, el español como uno de los que más—.

Desde los últimos compases del año pasado, han sido constantes los recortes de las estimaciones de crecimiento para 2021. Según los pronósticos recopilados por Bloomberg, entre noviembre y diciembre, el crecimiento medio intertrimestral estimado para España en el primer trimestre del presente ejercicio se redujo en tres puntos básicos, hasta el 1,4%, y en los últimos días firmas como UniCredit se han aventurado a pronosticar incluso una contracción adicional.

Son muchos, pues, los desafíos que deben enfrentar los responsables políticos. Pero entre ellos no parece encontrarse, de momento, el de la financiación de los déficits a los que aboca esta situación. La protección del Banco Central Europeo (BCE) sigue representando una coraza de enorme eficacia a la hora de atraer el interés de los inversores por la deuda pública europea —y, entre ella, la española—.

Cuando el Tesoro redujo el interés, desaparecieron 74.000 millones de demanda

Así ha quedado atestiguado una vez más en la colocación protagonizada este miércoles por el Tesoro español. La institución que dirige Carlos San Basilio ha vendido entre los inversores 10.000 millones de euros en un nuevo bono a 10 años a un coste mínimo histórico de apenas el 0,11%, tras registrar una demanda de alrededor de 56.000 millones de euros, cifras que hablan de un evidente apetito inversor, que ya había quedado reflejado en las emisiones celebradas en los últimos días por países como Portugal, que vendió también este miércoles títulos a 10 años a tipos negativos por primera vez en su historia; Italia, que ha cubierto con solvencia sus necesidades de financiación pese a sus turbulencias políticas; Bélgica, o Irlanda.

"Cada vez es más complicado encontrar rentabilidades positivas por la ultraexpansiva política monetaria del BCE basada en la inyección de liquidez y los inversores institucionales solo encuentran rentabilidades por encima de 0 en los bonos de países periféricos", explica Gonzalo Ramírez Celaya, director de Renta Fija Institucional-Retail y Productos Estructurados de Tressis, quien prevé que estas fuertes demandas se sigan produciendo en los bonos soberanos con rentabilidades positivas.

Las arcas públicas siguen beneficiándose, por lo tanto, de un entorno de financiación históricamente benigno, que ya se reflejó en 2020 con un recorte adicional, a nuevos mínimos históricos, del coste medio de la deuda pública, que se situó en el 1,86%, frente al 2,19% al que cerró el ejercicio anterior, tras registrar un coste efectivo de las emisiones realizadas en 2020 de apenas el 0,18%, a pesar del severo impacto de la pandemia.

De hecho, este mismo miércoles, el notable interés de los inversores permitió al Tesoro ajustar a la baja los costes de emisión del nuevo bono. Si inicialmente el organismo planteó un precio de ocho puntos básicos por encima del bono de referencia a ese plazo, posteriormente pudo permitirse reducir el diferencial a la mitad, lo que se traduce en un ahorro de unos cuatro millones de euros anuales. "Lo normal en una emisión de este tipo es que puedas rebajar uno o dos puntos básicos, pero una revisión de cuatro puntos es muy significativa", asegura Jorge Ceballos, responsable de la mesa de distribución de Renta Fija de Beka Finance.

Este movimiento puede considerarse, por lo tanto, como un éxito, aunque también arroja ciertos datos que invitan a la reflexión. Y es que, cuando España puso sobre la mesa la primera oferta, la demanda para el bono llegó a alcanzar la cifra de 130.000 millones de euros, números récord para un bono soberano europeo y no muy alejados de los 145.000 millones que llegó a acaparar el primer bono común de la Unión Europea, vendido el pasado año.

Los expertos detectan que los inversores se muestran cada vez más selectivos

Pero, cuando se produjo el recorte del diferencial, unos 74.000 millones de euros desaparecieron de los libros de órdenes, lo que viene a reflejar, según los expertos, una creciente sensibilidad entre los inversores al precio, después de años en que casi cualquier título ha sido devorado por el mercado. "La base inversora se muestra cada vez más selectiva, en función de los diferenciales. Ha habido mucha oferta en los últimos tiempos y los inversores discriminan más", afirma Ceballos, quien cree que esta situación de mercado puede hacer muy difícil que se sigan viendo rebajas adicionales significativas de los costes de emisión.

Es evidente que, con el respaldo del banco central apuntalando el mercado, la demanda para la deuda soberana española parece garantizada. Y los 56.000 millones de euros de peticiones que aún registró este miércoles el Tesoro tras la reducción de los intereses hablan claramente de una situación nada alarmante. Pero puede entenderse, por el amplio número de inversores que prefirieron echarse atrás tras el cambio, que los tiempos del 'todo vale' en el mercado de deuda pueden estar próximos a su fin.

Unos inversores más sensibles al precio serán, en consecuencia, unos inversores más atentos a los fundamentales que respaldan la inversión en un bono u otro. Hoy, España y gran parte de los países europeos basan en buena medida su atractivo en la confianza en que el BCE seguirá cubriendo una parte muy significativa de sus emisiones. Pero cualquier titubeo por parte de la institución que preside Christine Lagarde podría llevar a los inversores a escrutar el resto de argumentos que justifican la inversión en la deuda de cada país, y ahí son muchos los riesgos de que los éxitos recientes acaben por volatilizarse de forma tan rápida como lo hizo este miércoles más de la mitad de la demanda que había logrado atraer el Tesoro.

Cuando España aún está tratando de poner cifras al agujero propiciado por el coronavirus en 2020, la tercera ola de la pandemia se presenta desde hace varios días como un nuevo aguijón, capaz de agudizar los sufrimientos de una economía que sigue sin percibir el alivio que parecía augurar el inicio de la vacunación. Los efectos de esta no empezarán a hacerse evidentes, se espera ahora, hasta la segunda mitad de 2021, y hasta entonces son muchos los desafíos que deben enfrentar los gobiernos europeos —y, entre ellos, el español como uno de los que más—.

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