OHL y la deuda de Villar Mir: romper con el pasado requerirá más esfuerzos
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Acuerdo para saldar la deuda

OHL y la deuda de Villar Mir: romper con el pasado requerirá más esfuerzos

Tras cerrar el pacto para saldar la deuda de los Villar Mir, el grupo constructor aún debe sellar la reestructuración de sus bonos y confirmar un cambio de tendencia en el negocio

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La dirección de OHL alcanzará el cierre de 2020 con una tarea pendiente menos. El acuerdo para saldar la deuda de 129 millones que mantenía con el Grupo Villar Mir, formalizado este fin de semana, supone (siempre que llegue a buen término) el punto final a uno de los cabos sueltos que viene arrastrando la compañía desde hace años. Pero el escaso entusiasmo que ha despertado en los mercados es la prueba más elocuente de que la misión de cambiar el rumbo del grupo constructor está aún muy lejos de haberse completado.

El pacto, que supondrá que OHL asuma el control total de la cementera Padacar y una participación del 32,5% en Alse Park —a lo que se sumaría una deuda de 45,8 millones a abonar en cinco años—, ha sido acogido desde su anuncio el pasado 7 de diciembre con tono positivo, aunque con algunos reparos. Aunque se entiende que la dación en pago de estas participaciones permite recuperar más de lo que en muchos casos se asumía en las valoraciones de los expertos, también es cierto que aleja cualquier entrada de dinero en caja, que habría contribuido mucho a aliviar la situación financiera del grupo.

El resultado de esto sobre el parqué es que, tras ceder este lunes cerca de un 2%, las acciones de OHL se sitúan hoy más de un 15% por debajo de los niveles en que se movían en el momento del anuncio, estirando así sus pérdidas en 2020 al entorno del 40%. Una evolución que, más que disgusto por la operación en sí, parece reflejar la creciente desazón de los inversores, que esperan desde hace meses que se cierre el acuerdo definitivo para la reestructuración de 593 millones de euros en bonos, que sigue sin concretarse.

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Un avance en este terreno, en el que está en juego más del 80% de la deuda de la compañía, supondría, obviamente, un paso muy significativo para despejar el futuro de un grupo que acumula demasiados ejercicios viviendo en el alambre. Cuando Moody's anunció la rebaja de su calificación el pasado agosto, ya subrayó el fuerte deterioro de la posición financiera que había enfrentado el grupo por el 'shock' del coronavirus y los riesgos de que la situación alcanzara niveles más críticos si no lograba mejorar su situación, para financiar las ingentes necesidades de efectivo a las que se enfrenta por la naturaleza de su negocio.

En este sentido, la reestructuración de los bonos —si, además, como se pretende, viene acompañada de un refuerzo del capital del grupo— sí podría suponer un gran paso adelante en el intento de la dirección que preside Luis Amodio de enderezar las perspectivas de la compañía. Pero ni siquiera parece claro que sea suficiente si no va acompañada de verdaderas evidencias de que el negocio entra definitivamente en una dinámica positiva, que le permita generar de forma regular flujos de caja positivos.

Las provisiones del tercer trimestre evidencian la vulnerabilidad del negocio

Ya tras los resultados del tercer trimestre, los analistas de Mirabaud señalaron que, incluso en el caso de una reestructuración exitosa de los bonos, "su perspectiva es demasiado dependiente del resultado de una serie de eventos (disputas por reclamos y arbitrajes, venta de activos) que podrían generar sorpresas negativas en lo referente al drenaje de flujos de caja o valoraciones insatisfactorias". Las provisiones de 50 millones de euros anotadas en dicho periodo representan una viva muestra de esos riesgos que, trimestre tras trimestre, vienen ajando de forma recurrente las cifras del grupo.

Cualquier mirada al pasado de OHL conlleva una inevitable nostalgia por los tiempos en que el grupo constructor se codeaba con las más importantes empresas del país, con valoraciones que llegaron a rondar los 3.500 millones de euros, frente a los apenas 185 millones que capitaliza hoy en día. La magnitud de este declive es el reflejo de años de errores que aún hoy siguen lastrando las perspectivas de la compañía.

La resolución del grueso de la deuda mantenida con el Grupo Villar Mir representa, sin duda, un buen punto de partida para romper lazos con esos vestigios de un pasado que hoy se esfuerza por dejar atrás. Para lograrlo, no obstante, son muchas aún las tareas pendientes. Y han sido tantas las recaídas que no parece sencillo que el mercado entregue su confianza tan fácilmente.

La dirección de OHL alcanzará el cierre de 2020 con una tarea pendiente menos. El acuerdo para saldar la deuda de 129 millones que mantenía con el Grupo Villar Mir, formalizado este fin de semana, supone (siempre que llegue a buen término) el punto final a uno de los cabos sueltos que viene arrastrando la compañía desde hace años. Pero el escaso entusiasmo que ha despertado en los mercados es la prueba más elocuente de que la misión de cambiar el rumbo del grupo constructor está aún muy lejos de haberse completado.

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