De fraude histórico a rival del oro: ¿tiene sentido el viraje de JP Morgan con el bitcoin?
  1. Mercados
  2. El Valor Añadido
Activos refugio

De fraude histórico a rival del oro: ¿tiene sentido el viraje de JP Morgan con el bitcoin?

El buen comportamiento del oro palidece si se pone en relación con la escalada del bitcoin. La criptomoneda ha protagonizado en 2020 una subida del 155%

placeholder Foto: EC.
EC.

El oro ha hecho gala a lo largo de 2020 de su condición de valor refugio. Las ganancias superiores al 20% que aún acumula el metal áureo desde el inicio de un ejercicio en que ha pulverizado niveles récord representan una clara muestra de cómo los inversores han vuelto a parapetarse en el que ha sido durante siglos la reserva de valor predilecta a nivel mundial.

Su condición de activo físico o su oferta limitada son algunas de las características que han vuelto a servir al oro para atraer a aquellos inversores que observan con preocupación los efectos que puede tener la ampliación sin precedentes de la oferta monetaria a nivel mundial, a la que han recurrido los bancos centrales para hacer frente a la crisis del coronavirus.

Sin embargo, el buen comportamiento del oro palidece si se pone en relación con la escalada del bitcoin. La criptomoneda ha protagonizado en 2020 una subida del 155%, que ha tenido, además, su momento álgido cuando los precios del oro comenzaban a ceder, lo que ha desatado un creciente debate sobre si la fortaleza de una podría representar una amenaza para el otro.

Al igual que el oro, el bitcoin puede ser protección contra la amenaza de inflación

Lo cierto es que son muchas las razones para considerar el bitcoin un refugio contra los mismos peligros ante los que previsiblemente habría de actuar el oro. Su oferta también limitada y su condición de sistema de pago descentralizado, inmune a la actuación de los bancos centrales, deberían suponer una salvaguarda contra la pérdida de valor de las monedas tradicionales y cualquier repunte de la inflación que, aunque no parece previsible en los próximos trimestres, no puede dejar de contemplarse. Y a esto se añaden ventajas como su creciente uso como medio de pago, descentralizado y, en gran medida, anónimo, que podría darle un respaldo adicional frente al metal precioso.

Con todos estos elementos sobre la mesa, JP Morgan se ha convertido en una de las primeras grandes entidades en augurar que un auge del bitcoin iría en perjuicio de las perspectivas del oro a largo plazo. "La adopción de bitcoin por parte de inversores institucionales acaba de comenzar, mientras que para el oro su adopción por parte de inversores institucionales está muy avanzada", señalan los estrategas del gigante bancario estadounidense, en una nota citada por Bloomberg.

Según los cálculos de JP Morgan, actualmente el bitcoin representa un escaso 0,18% de los activos de los 'family offices', 18 veces menos que el 3,3% que representan los ETF de oro. Cualquier movimiento de reequilibrio de estas posiciones supondría un trasvase de miles de millones de euros de dinero desde el oro hacia el bitcoin.

El bitcoin pesa 18 veces menos en las carteras de los 'family offices' que el oro

Estos augurios se producen en un momento en que la criptodivisa más reconocida a nivel global parece estar atrayendo un creciente reclamo por parte de los inversores. La que fue tachada por parte del afamado economista Nouriel Roubini como "la burbuja más grande en la historia de la humanidad" y por el propio presidente de JP Morgan, Jamie Dimon, como "un fraude" empieza a ser percibida, tras su reciente renacimiento, como una opción a considerar como reserva de valor. Una protección que irá ganando relevancia a medida que una mayor proporción de ciudadanos se vaya introduciendo en el comercio electrónico y vaya asumiendo las ventajas de poder ejecutar transacciones sin necesidad de recurrir a un intermediario.

Estos puntos fuertes del bitcoin no eliminan, no obstante, los que han sido vistos durante años como algunos de sus principales lastres, como su lentitud relativa como medio de pago (se calcula que la cadena de bloques de bitcoin puede procesar alrededor de 3.000 transacciones cada 10 minutos), sus elevados costes de transacción o su ingente consumo de energía. A todos ellos se suma la sempiterna amenaza regulatoria, una vez que gobiernos y bancos centrales empiezan a considerar la conveniencia de establecer sus propias monedas digitales, que contarían con la ventaja de eliminar los recelos que aún produce el carácter descentralizado del bitcoin.

Y no puede ignorarse que el precio del bitcoin hoy por hoy está rodeado, en gran medida, de un alto componente especulativo, sin más baremo que la disposición de unos y otros agentes a pagar y vender a un precio determinado, bajo la expectativa de que la criptomoneda por excelencia goce en un futuro inconcreto de un papel más relevante en la actividad comercial global.

Todas estas cuestiones mantienen muy vivo el riesgo de que lo que hoy es visto como una herramienta clave para el futuro del dinero mañana pueda verse desplazado por alguna otra moneda digital que supere los puntos débiles del bitcoin. En esto, hay opiniones en todos los sentidos, pero escasas certezas. Al fin y al cabo, al bitcoin le quedan muchas pruebas por superar antes de ganarse la confianza con la que hoy por hoy cuenta el oro como reserva de valor.

El oro ha hecho gala a lo largo de 2020 de su condición de valor refugio. Las ganancias superiores al 20% que aún acumula el metal áureo desde el inicio de un ejercicio en que ha pulverizado niveles récord representan una clara muestra de cómo los inversores han vuelto a parapetarse en el que ha sido durante siglos la reserva de valor predilecta a nivel mundial.

Bitcoin JP Morgan Oro Inversores