Yellen: bazas y retos de la mujer que tendrá que liderar la salida de la crisis
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Candidata a la Secretaría del Tesoro

Yellen: bazas y retos de la mujer que tendrá que liderar la salida de la crisis

El nombre de Janet Yellen ha suscitado una nueva ola de entusiasmo sobre las posibilidades de que el mandato de Biden venga respaldado por una avalancha de estímulos

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En un tiempo tan convulso en que hasta algunas de las bases más esenciales de la teoría económica parecen ponerse en cuestión, es lógico asumir que también pueda variar la visión de sus principales actores. Pero no deja de resultar curiosa la idea con la que han acogido los mercados la aparición del nombre de Janet Yellen como el de la persona elegida por Joe Biden para ocupar la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos.

Yellen dejó el cargo de presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos —en enero de 2017— con cinco subidas de tipos en su haber, que con el paso del tiempo han sido objeto de ciertas críticas, por considerarse precipitadas, en un entorno de limitadas presiones inflacionarias. Menos de cuatro años después, sin embargo, su salto a la primera línea de la política económica estadounidense parece suscitar una nueva ola de esperanza sobre las posibilidades de una avalancha de estímulos para sacar al gigante norteamericano —y con ello, presumiblemente, al resto del mundo— del agujero provocado por la crisis del coronavirus.

Lo cierto es que Yellen ha dado razones para que se la alinee en el frente de los partidarios de los estímulos. En una entrevista concedida a Bloomberg Televisión hace poco más de un mes, afirmó que, "mientras la pandemia todavía esté afectando gravemente la economía, necesitamos continuar con el apoyo fiscal extraordinario, pero creo que será necesario incluso más allá de eso", al tiempo que aseguraba que "podemos permitirnos tener más deuda", porque los tipos de interés probablemente serán bajos "durante muchos años".

Yellen ha expresado recientemente su convicción de que es necesario un fuerte estímulo fiscal por un periodo prolongado para superar la crisis

"Yellen es famosa por su reconocimiento de que la mejor manera de combatir los temores a la deflación es promover que la demanda supere la oferta, mostrando claramente los límites de la política monetaria. En este sentido, se espera un mayor gasto público en infraestructura, educación y salud", apunta Markus Allenspach, jefe de Análisis de Renta Fija de Julius Baer.

Sin embargo, resulta difícil imaginar que alguien elegido por Biden para controlar las finanzas de su Gobierno fuera a presentar un perfil contrario a las políticas de expansión fiscal en torno a las que ha articulado su programa económico en las recientes elecciones. Por eso, el verdadero mérito de la elección de Yellen no puede centrarse en su predisposición a incentivar un estímulo masivo para la economía estadounidense, sino, más bien al contrario, en su perfil contrastado, respetado y alejado de dogmatismos, que podría hacer más viable un entendimiento que se antoja esencial.

Un entendimiento que pasa, necesariamente, por la mayor coordinación posible entre la política fiscal y la política monetaria, lo que se ha considerado uno de los mayores logros en la lucha contra la presente crisis y que es señalada como esencial para una correcta superación de la misma. Pero las recientes diferencias entre el actual secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el presidente de la Fed, Jerome Powell, que provocarán que el Tesoro deje próximamente de respaldar algunos de los programas de estímulo implementados durante la crisis, han puesto sobre el tapete la fragilidad de esta colaboración.

Foto: Janet Yellen. (Reuters)

Yellen —como Powell, o como el expresidente del BCE Mario Draghi— es conocedora profunda de las necesidades de que la política económica respalde los esfuerzos de los bancos centrales para reactivar la economía, después de años en que la política monetaria se ha mantenido como el único sustento de las grandes economías, mientras la pata fiscal se enrocaba en una postura menos propicia para el crecimiento (aunque existan claras excepciones, como la rebaja de impuestos de Donald Trump).

No hay duda de que, si se confirma su nombramiento, hablará el mismo lenguaje que el presidente de la Fed —que en los últimos meses ha insistido en la necesidad de prolongar los apoyos fiscales—, con el que ya compartió asiento en el comité del banco central. Pero su verdadero reto será obtener el respaldo a sus propuestas en un Senado que, salvo sorpresa en las próximas elecciones en Georgia, seguirá controlado por el Partido Republicano.

Yellen remará en la misma dirección que la Fed, pero su gran reto será superar la oposición de un Senado, probablemente, en manos republicanas

En este aspecto, el prestigio de Yellen puede suponer un punto a favor a la hora de convencer a los senadores de la idoneidad de los planes económicos de la Administración Biden, pudiendo situar el debate en un terreno más académico que político. Pero conviene no llevarse a engaño sobre las posibilidades de que sus mensajes calen en un entorno caracterizado por un ambiente de aguda confrontación partidista.

Del mismo modo, la figura de la expresidenta de la Fed, con un nivel de formación y una experiencia fuera de todo debate, puede suponer una baza importante en el cambio que podría articularse en la relación entre Estados Unidos y sus socios comerciales, tras los cuatro años de roces y enfrentamientos que han marcado el mandato de Trump. Aunque cabe suponer que, en cuestiones esenciales como el enfrentamiento ante China, primen consideraciones que vayan mucho más allá de los planteamientos económicos.

Ante esta compleja tarea, Yellen se presenta con el bagaje de una economista de prestigio, pero sin apenas experiencia en el campo de la lucha política. Su capacidad a la hora de dotarse de las mejores prácticas para triunfar en este nuevo campo será tan esencial para convertir su nombramiento en un acierto como sus propios planes. La habilidad mostrada en los últimos meses para desprenderse del 'estigma' de ser la responsable de una normalización monetaria apresurada para reconvertirse en abogada de lujo de las políticas de estímulo evidencia, al menos, una capacidad de adaptación prometedora.

En un tiempo tan convulso en que hasta algunas de las bases más esenciales de la teoría económica parecen ponerse en cuestión, es lógico asumir que también pueda variar la visión de sus principales actores. Pero no deja de resultar curiosa la idea con la que han acogido los mercados la aparición del nombre de Janet Yellen como el de la persona elegida por Joe Biden para ocupar la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos.

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