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Los mercados, ante el resultado más temido: la división ahoga el impulso fiscal
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Elecciones en Estados Unidos

Los mercados, ante el resultado más temido: la división ahoga el impulso fiscal

La reñida pugna electoral en Estados Unidos aviva las diferencias entre los grandes partidos y aplasta las expectativas de un gobierno demócrata sin cortapisas

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Pocos elementos condensan tan perfectamente la incertidumbre electoral en que se mueve Estados Unidos que el mensaje de Donald Trump en la mañana del miércoles. Al tiempo que el actual presidente se proclamaba anticipadamente vencedor de los comicios celebrados este martes, denunciaba el intento de fraude de unos demócratas que, según denuncia, pretenden robarle su victoria.

Lo cierto es que con el paso de las horas las opciones de victoria de Trump han ido en retroceso, aunque sin poder descartarse del todo. Todas las opciones permanecen abiertas y se mueven en un rango tan estrecho que lleva a pensar que tal vez hagan falta días para declarar un vencedor con cierta fiabilidad. Posiblemente, no podría haberse imaginado un peor resultado para los mercados financieros.

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Que las contundentes caídas con las que arrancaron este miércoles las bolsas europeas dieran paso horas después a sólidas ganancias no puede tomarse como indicio de nada. Tan solo de que cuando todas las posibilidades están abiertas, todas las apuestas tienen cabida. En cierta medida, los inversores parecen confiados en la estabilidad institucional de Estados Unidos y en una resolución de la contienda en escasos días, que evite una larga confrontación en los tribunales.

Pero este desenlace no es ni mucho menos seguro. Y menos después de las denuncias preventivas de fraude de un Trump dispuesto a plantar batalla por un voto por correo, masivo en esta ocasión, que podría ser decisivo en una victoria de su oponente, Joe Biden.

Las opciones de una "ola azul" que supusieran un cambio de juego en los mercados han quedado ahogadas con los primeros resultados

En cualquier caso, y aún asumiendo que se evite una larga batalla en los tribunales, que prolongue durante semanas la incertidumbre electoral, lo que parece haber quedado desterrado en las quinielas es la opción de una "ola azul", que en los últimos tiempos se había convertido en la opción preferida de los expertos. La opción de un Partido Demócrata que controlara ambas cámaras, mientras Joe Biden ocupaba la Casa Blanca, era considerada la pieza clave de un "cambio de juego" que acabara dando inicio a un nuevo ciclo, asentado en estímulos fiscales masivos, que acabarían favoreciendo una aceleración del crecimiento, acompañada de una mejora de las expectativas de inflación. La ola azul ha roto antes de alcanzar la orilla.

"El mejor escenario para Biden es lograr una victoria por poco en alguno de esos estados del medio oeste, llevándolo a los 270 votos cruciales del colegio electoral. Pero incluso en ese escenario, los republicanos probablemente terminarían ocupando el Senado, o los demócratas, en el mejor de los casos, tendrían una mayoría de un escaño. Eso los dejaría a merced de los demócratas más moderados, como el senador Joe Manchin, que son hostiles al Green New Deal y están más inclinados a preocuparse por equilibrar el presupuesto o votar en contra de las subidas de impuestos. Las esperanzas de un estímulo a gran escala bajo una ola azul ahora parecen estar fuera de la mesa", advierte Paul Ashworth, economista jefe para Estados Unidos de Capital Economics.

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La más clara muestra de la readaptación a un nuevo escenario que han tenido que hacer sobre la marcha los inversores la ofrece el bono estadounidense a 10 años, que con su caída de rentabilidades de más de 12 puntos básicos no solo evidencia la búsqueda de refugio ante la incertidumbre, sino el aplastamiento de las expectativas de planes masivos de impulso fiscal que ahora quedan en el alambre.

Por supuesto, sea Biden o sea Trump el próximo presidente estadounidense, es de suponer que desde la Casa Blanca se intentará impulsar en los próximos meses un nuevo paquete de fondos para revitalizar una recuperación económica que da señales de agotamiento, tras el fin de muchas de las ayudas implementadas la pasada primavera para que familias y empresas hicieran frente al azote del coronavirus.

La perspectiva de unas cámaras divididas rebaja la esperanza de un paquete fiscal masivo y condena a seguir dependiendo de los estímulos

Pero la necesidad de acuerdos entre los distintos partidos para sacar adelante cualquier proyecto de este tipo amenaza con restarle potencia y dilatarlo en el tiempo. Las recientes negociaciones infructuosas para sacar adelante un plan de impulso fiscal antes de las elecciones son una muestra clara de la complejidad en que puede verse envuelto cualquier nuevo intento. Sobre todo, si la reñida contienda electoral y las acusaciones de fraude enconan más las posiciones de demócratas y republicanos. No es de extrañar que ante esa tesitura, firmas como Pantheon Macroeconomics ya hayan rebajado las expectativas sobre un nuevo plan de estímulos fiscales a poco más de 500.000 millones de dólares, frente a los dos billones planteados en caso de una ola azul, mientras que otras avistan un acuerdo en torno a los 1,5 billones.

La llamativa tranquilidad reflejada a lo largo del miércoles por los índices de volatilidad puede verse como el enésimo reflejo de lo efectiva que resulta la red de seguridad tejida por los bancos centrales a base de oleadas de estímulos monetarios. También, en cierto modo, del gusto de los inversores por las políticas poco rupturistas -y la división en las cámaras resta capacidad a cualquier presidente de ejecutar su programa de forma completa-, aunque a la larga supongan una merma de crecimiento potencial. Mucho tiene que descarrilar la situación para que el nerviosismo se desparrame por los parqués de un día para otro; los inversores ya han convivido cuatro años con Trump en la Casa Blanca y unas cámaras divididas y los resultados no fueron ni mucho menos negativos.

Pero precisamente a lo que parecen condenados los mercados y el mundo económico en general es a seguir dependiendo sine die de ese sustento continuado de los bancos centrales, que si bien ha sido efectivo para fortalecer los mercados financieros, no lo ha sido tanto para generar un crecimiento económico robusto, capaz de subsanar las deficiencias heredadas de la anterior crisis. Las esperanzas de una transformación radical de esta situación en las urnas estadounidenses han quedado apagadas. Y eso, dadas las circunstancias, es lo peor que podía ocurrirle a los mercados. Por mucho que tarden en darse cuenta.

Pocos elementos condensan tan perfectamente la incertidumbre electoral en que se mueve Estados Unidos que el mensaje de Donald Trump en la mañana del miércoles. Al tiempo que el actual presidente se proclamaba anticipadamente vencedor de los comicios celebrados este martes, denunciaba el intento de fraude de unos demócratas que, según denuncia, pretenden robarle su victoria.

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