Repuntan las ventas minoristas en EEUU: ¿es posible aún la recuperación en V?
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Fuerte reactivación del consumo

Repuntan las ventas minoristas en EEUU: ¿es posible aún la recuperación en V?

Las cifras de consumo en EEUU en mayo pulverizan los pronósticos y reavivan las esperanzas de que los efectos económicos de la crisis resulten pasajeros

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El optimismo en torno a la recuperación económica tras la crisis del coronavirus ha recibido este martes otro espaldarazo. Los datos de ventas minoristas en Estados Unidos en el mes de mayo mostraron un incremento cercano al 18%, en lo que representa el mejor registro de la serie histórica, pulverizando los pronósticos de los expertos, que apuntaban a un crecimiento del 8,4%.

Estos datos, combinados con el informe de empleo de Estados Unidos también de mayo o las más recientes referencias sobre confianza del consumidor, parecen insuflar algo de aliento a los augurios, tantas veces despreciados, de la recuperación en V. ¿Aún es posible aferrarse a la idea de que el daño económico provocado por el covid-19 sea pasajero? No en vano, ¿no es eso lo que parecen descontar desde hace semanas los mercados financieros?

Los incrementos, pese a las restricciones aún existentes del 188% en las ventas de ropa, de en torno al 90% en las de muebles o artículos de recreo o, incluso, el aumento del 29% del gasto en restauración, pueden verse como evidencias de que los consumidores están dispuestos a normalizar sus niveles de consumo tras el parón forzoso del confinamiento y permiten un alivio en las previsiones más pesimistas. Así, Capital Economics señalaba tras conocerse estos datos una mejora de sus proyecciones para la economía estadounidense en el segundo trimestre desde una contracción del 40% anualizado a una, ligeramente menos dramática, del 30%.

El dato ha propiciado una mejora en los pronósticos de contracción anualizada del PIB de EEUU en el segundo trimestre, del 40% previo hasta el 30%

A estos argumentos se les pueden poner muchos peros. Al fin y al cabo, este repunte no deja de significar que el consumo mensual en el país se mantiene un 8% por debajo de los niveles de febrero, antes del azote del covid-19. Pero ni siquiera esto quita fuerza al hecho de que la reactivación se viene manifestando en estas primeras semanas con una fuerza superior a la que cabía prever.

Puede resultar llamativo por ello que, en paralelo a estos datos, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) recalcara este martes ante el Senado el mismo discurso pesimista de la semana anterior, advirtiendo de que "persiste una gran incertidumbre sobre el ritmo y la fortaleza de la recuperación".

No faltan quienes argumentan que el tono sombrío de los últimos mensajes de la Fed o del BCE no es más que un esfuerzo de presentar un escenario más apropiado a sus actuales planes extraordinarios de estímulo sin promover un excesivo calentamiento de las bolsas. Pero también puede verse como el reflejo de una crisis que por su excepcionalidad sigue desafiando semana tras semana los esquemas económicos del pasado.

Si habitualmente es lógico prever que tras un 'shock' económico los primeros compases de la recuperación resulten mucho más vulnerables y esta vaya ganando tracción con el tiempo, en este caso hay razones para pensar que podría no ser así: tras meses de bloqueo forzoso, que provocó unas contracciones sin parangón en la historia conocida, en un periodo relativamente corto, el consumo o la actividad empresarial —que han contado a lo largo de este periodo con la protección de distintos tipos de medidas extraordinarias por parte de gobiernos y bancos centrales— cuentan con unas condiciones propicias para experimentar un súbito repunte, una vez eliminadas las barreras que los mantenían contenidos.

Sin embargo, como señalaba Andrew Grantham, economista de CIBC, en declaraciones a Bloomberg, "esta es probablemente la parte más fácil de la recuperación". El mayor reto parece situarse algo más allá, cuando esta primera explosión haya pasado y las empresas tengan que ajustarse para hacer frente a unos balances inevitablemente más vulnerables y a una demanda que, en muchos casos, no se espera que regrese a los niveles previos en mucho tiempo.

La crisis del covid-19 impone unos ritmos de recuperación diferentes, en los que la mejora actual resulta más sencilla que su prolongación

Sobre todo si, como parecen indicar los últimos datos de estados como Texas o Florida —amén de los de China—, el coronavirus vuelve a brotar con cierta fuerza. No es extraño que Powell observara que "hasta que el público esté seguro de que la enfermedad está contenida, es poco probable una recuperación completa".

"Mirando hacia el futuro, la recuperación del consumo continuará a medida que el país salga del bloqueo, pero se verá frenada por el persistente temor al virus y el crecimiento limitado de los ingresos. Las perspectivas de un desempleo elevado, un crecimiento salarial más débil y una confianza deprimida significan que podría llevar un tiempo ver una recuperación completa del motor principal de la economía estadounidense", observan, en la misma línea, en Oxford Economics.

Los datos de ventas minoristas conocidos este martes representan, sin duda, una muy buena noticia y una evidencia indiscutible de que, con las condiciones adecuadas, la economía estadounidense —y con ella la global— podría recuperarse de esta crisis de un modo mucho más rápido de lo que lo ha hecho frente a anteriores convulsiones económicas. Pero asegurar esas condiciones probablemente sea un desafío mucho mayor que el de superar los pronósticos en estas primeras semanas de desescalada. Especialmente porque el factor clave, la contención del virus, sí que se encuentra fuera del control de cualquier respuesta económica.

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