El choque entre TC alemán y el BCE llega en el peor momento para los mercados
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El choque entre TC alemán y el BCE llega en el peor momento para los mercados

Que el TC de uno de los miembros pueda poner en duda la proporcionalidad de las medidas del BCE, pese a no considerarlas ilegales, pone de nuevo en duda la credibilidad de la Unión

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Las noticias relativas al Tribunal Constitucional Alemán, junto a las distintas declaraciones realizadas desde Estados Unidos, que generan incertidumbre sobre nuevas medidas comerciales contra China, pueden determinar nuevas fases de volatilidad en un momento en el que nos movemos en una situación marcada por la falta de visibilidad. La confianza en las medidas es clave y generar dudas puede determinar un claro deterioro de expectativas limitando la posibilidad de que las iniciativas adoptadas sean efectivas.

Si bien es cierto que en el caso de EEUU debemos tener en cuenta que nos encontramos en año electoral y, es lógico pensar que habrá un equilibrio entre ruido comercial y estabilidad económica, en el caso de Europa la situación es compleja, con componentes estructurales que debemos vigilar y que han vuelto a manifestarse en estos últimos meses. Aun así, la cotización del mercado se verá mucho más ante el riesgo de una posible guerra comercial entre las dos grandes potencias.

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Bienvenidos a la nueva guerra comercial
Nathaniel Taplin The Wall Street Journal

En el caso de Europa, es importante recordar brevemente de dónde venimos antes de intentar analizar qué puede suceder.

La Unión Europea nace con muy diferentes objetivos, si bien podemos situar en primer lugar la necesidad de hacer frente a los conflictos entre los diferentes países que llevaron a la Segunda Guerra Mundial, aunque hay que decir que han marcado a Europa a lo largo de la historia. La primera etapa, que muchos historiadores fechan entre 1945 y 1959, buscó generar alianzas, como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, para asentar las bases en las que posteriormente se basaría el conjunto de la Unión con el Tratado de Roma (1957).

Desde entonces y hasta ahora, Europa se ha ido desarrollando y avanzando no sin múltiples problemas, pero siempre en un camino ascendente. Es cierto que quizá no a la velocidad que debería, pues las diferencias entre países son muy significativas y la cesión de poder ha frenado el proyecto común, pero, como decía antes, es una tendencia positiva en la que se iba cediendo a medida que se entendía que, en un entorno globalizado, la importancia de actuar como bloque era cada vez mayor, pues los países perdían poder individualmente frente a las otras grandes potencias. La solidaridad ha sido otra de las claves pese a que, en muchos casos, también haya sido el principal obstáculo al desarrollo.

En la última década hemos visto lo mejor y lo peor de la Unión. Por un lado, la crisis bancaria y, por el otro, la solidaridad y las bondades del bloque

Pero sigamos con el camino hecho. Primero con la ampliación del número de miembros en los 70 (Dinamarca, Irlanda, UK), o en los 80 (Grecia, España y Portugal) y la libre circulación de mercancías. En los 90, el objetivo era una Europa sin fronteras con el tratado de Maastricht en el 93 y la expansión vista durante la primera década del siglo XXI, con la incorporación de 10 nuevos países y, justo antes de la crisis económica, la incorporación de Bulgaria y Rumanía. Se ha hecho frente a la caída de la extinta URSS, la unificación de Alemania y las crisis económicas como la del crudo en los 70. Los lazos crecían y llevaron a la ratificación del Tratado de Lisboa en el 2009.

Sin embargo, la última década ha mostrado lo mejor y lo peor de la Unión. Por un lado, la crisis de 2012 y las diferentes políticas adoptadas. Tanto las políticas monetarias como el rescate de países volvían a poner de manifiesto el principio de solidaridad y las bondades del bloque, pero también resaltaban las enormes diferencias que, pese a más de 50 años juntos, seguían existiendo entre los países, con un evidente interés político nacional frente al interés general de la unión.

Tan solo en momentos de máximo estrés la Unión ha podido avanzar con rapidez, mientras que en momentos de relativa estabilidad, y pese a necesitar avanzar significativamente para mantener credibilidad, la actuación ha estado marcada por las necesidades locales, reitero que muy movidas por la política hacia sus votantes y no por no ver la necesidad de avanzar.

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Sin duda, se ha avanzado en lo económico. La política monetaria del BCE ha sido uno de los principales cambios que se han producido junto, posiblemente, la Unión Bancaria, pero las estructuras que deben consolidar estas medidas adoptadas no terminan de construirse. Y aquí está el problema. Que el Tribunal Constitucional de uno de los 27 países miembros pueda poner en duda la proporcionalidad de las medidas adoptadas por el BCE, pese a no considerarlas ilegales, pone de nuevo en duda la credibilidad de la Unión por el mero hecho de no haber avanzado en las estructuras propias de la misma. El Constitucional Alemán "obliga" al Bundesbank a dejar de realizar las compras en un periodo de tres meses, si el BCE no justifica la proporcionalidad de las mismas.

El BCE las justificará, confiemos en que el ruido no llegue a ser significativo y, como siempre, se termine encontrando una solución pero, valoremos la realidad; la Unión Europea necesita un último avance en el que, si queremos competir globalmente, tendremos que perder definitivamente una parte de la gobernabilidad nacional. No es un objetivo fácil, se tardará tiempo, las diferencias Norte-Sur-Este son muy significativas pero la realidad es que, desde un punto de vista económico, la incertidumbre, la posible instabilidad política, solo generan desconfianza, mala receta en un mundo global.

Desde el punto de vista de mercado, dólar y primas de riesgo periféricas cotizarán las dudas. Cuidado con la incertidumbre en un momento en el que los déficits y el endeudamiento está aumentando significativamente.

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