El día D de Lagarde: qué puede hacer el BCE para combatir la crisis del coronavirus
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El día D de Lagarde: qué puede hacer el BCE para combatir la crisis del coronavirus

Tras la rebaja de tipos del Banco de Inglaterra, crece la presión para que Lagarde anuncie este jueves un plan contundente para atajar el impacto de la crisis sanitaria

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El Banco de Inglaterra ha seguido este miércoles el camino marcado por la Reserva Federal de Estados Unidos. La institución que dirige Mark Carney ha anunciado una rebaja de emergencia de los tipos de interés de cincuenta puntos básicos para hacer frente a las turbulencias económicas desatadas por la crisis del coronavirus.

El movimiento vuelve a situar el foco sobre los planes del Banco Central Europeo (BCE), que celebra mañana una reunión tras la que se espera que detalle su plan de actuación ante la crisis sanitaria.

Pero el BCE se enfrenta a una serie de limitaciones que hacen muy difícil que pueda seguir la senda marcada por el resto de grandes bancos centrales internacionales. Con los tipos de interés de la Eurozona en terreno negativo desde 2014, son casi generalizadas las dudas sobre la eficacia de un recorte adicional del tipo de la facilidad de depósito, actualmente en el -0,5%. Y de hecho, son varios los expertos que temen que pueda ser contraproducente, al elevar las dificultades para el sector financiero.

En el mercado existen dudas sobre si una nueva rebaja de tipos en la Eurozona llegaría a resultar contraproducente, al castigar a la banca

Además, las discrepancias existentes en su seno amenazan con restringir aún más el margen de actuación de su presidenta, Christine Lagarde.

Esto no significa, no obstante, que el BCE pueda quedarse de brazos cruzados. La emergencia de la situación requiere de “medidas valientes y contundentes”, como explica el responsable de gestión de carteras privadas de Bank Degroof Petercam, Juan Ramón Casanovas.

Entre las firmas de análisis se ha hecho generalizado el llamamiento para que el BCE asuma el papel de garante de la liquidez suficiente para evitar que las interrupciones de la actividad generadas por la crisis del coronavirus acaben resultando en una crisis crediticia que agrave la situación, a través de una oleada de quiebras, con el consecuente aumento del desempleo en la región.

Para ello, la institución puede recurrir a diversas palancas, como sería implementar una serie de cambios en las TLTRO (las subastas de liquidez a largo plazo para la banca), que garanticen que las entidades que lo necesitan cuenten con suficientes fondos a su alcance y en condiciones suficientemente atractivas para evitar un endurecimiento de las condiciones financieras en la región.

El riesgo que supone el hecho de que las entidades tengan que reembolsar el próximo 20 de junio más de 220.000 millones de euros procedentes de la anterior ronda de TLTRO multiplica aún más si cabe la importancia de los pasos en este sentido. La importancia de mantener viva la confianza del inversor de crédito resulta fundamental para que las dificultades no vayan a mayores.

Además, el BCE puede (o, más bien, debe) establecer mecanismos que incentiven que el crédito bancario llegue a los sectores más golpeados por la actual crisis, con especial énfasis en las pymes, menos preparadas que las grandes corporaciones para hacer frente al brusco hundimiento de la actividad que ya se palpa en Europa.

Mantener viva la confianza en los mercados de crédito se antoja esencial para que los problemas actuales no cobren un calado superior

La complejidad de estas herramientas no es razón para que el banco central retrase su puesta en marcha, ya que atajar las amenazas actuales con celeridad puede ser crucial para que lo que se presenta como un shock temporal -aunque pronunciado- no adquiera dimensiones más preocupantes.

Para ello es necesario lograr que, al fin, las autoridades políticas secunden los pasos del BCE, con inversiones estructurales y medidas regulatorias y fiscales que amortigüen el golpe al que se enfrentan empresas y familias. La contundencia con la que Lagarde ha advertido esta misma semana a los líderes comunitarios del peligro al que se enfrentan debe servir de acicate de una actuación mucho más coordinada.

A todo esto, Largarde debe sumar un reto nada sencillo y de relevancia a largo plazo. Y es que en un momento en que se acrecientan los recelos sobre la capacidad de actuación de la institución, debe ser capaz de convencer al mercado de que el arsenal del BCE no está ni mucho menos vacío y que, cuando haga falta, se actuará con la misma creatividad y disposición mostrada en los últimos años.

Tras años de dependencia del soporte del banco central, una pérdida de la confianza en su poder de actuación puede ser casi tanto como una pérdida de la fe en la propia Europa.

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