Qué han aprendido los inversores (de momento) con la guerra de Irán
A la espera de conocer el resultado de las negociaciones, el mercado cuenta ya con importantes enseñanzas para moverse en un entorno mucho más complejo que antes
Una mujer con un paraguas camina por Wall Street. (Reuters/Brendan McDermid)
Los mercados pusieron este viernes el punto final a una semana de alivio, ante la puerta abierta a un próximo fin de la guerra de Irán. La tregua de dos semanas acordada por EEUU e Irán ha permitido a los inversores aparcar por el momento los escenarios más catastrofistas, a pesar de que existen razones para temer que el alto el fuego actual no conduzca a una paz definitiva.
A la espera, en cualquier caso, de noticias que permitan atisbar un carpetazo definitivo al conflicto –o todo lo contrario–, los inversores acumulan ya a estas alturas una serie importante de lecciones relevantes para su desempeño en los mercados. Aprendizajes que pueden resultar muy útiles para transitar en un escenario en el que las reglas de juego parecen estar reescribiéndose a cada instante y en el que planteamientos que parecían fuera de toda discusión resultan ahora mucho más endebles.
Estas lecciones parten de la constatación de una realidad que ya se venía haciendo notoria desde hace varios años, pero que ha alcanzado dimensiones inesperadas a raíz de este conflicto. Se trata de la ruptura del multilateralismo internacional y su sustitución por una política neoimperial por parte de las potencias hegemónicas, que no solo crea las condiciones para los desencuentros entre estas, sino que somete a importantes tensiones sus relaciones con sus propios socios. Esto ha quedado patente en la negativa de los miembros de la OTAN a respaldar la ofensiva estadounidense en Irán y la consiguiente amenaza de este de retirar al país de la alianza.
Para los inversores, esta situación supone un vuelco radical al escenario en el que se han movido desde, al menos, la caída de la URSS. "Los inversores no están preparados para un mundo en el que las premisas construidas durante décadas —la credibilidad institucional, la solidez de las alianzas y los límites de la inestabilidad política— se pondrían a prueba simultáneamente", indicaba Laura Cooper, estratega de inversiones globales de la gestora Nuveen AM en declaraciones a MarketWatch. En su mensaje, Cooper incide en la necesidad de que los inversores empiecen a preparar sus carteras para un entorno de caos global permanente.
Desde un planteamiento práctico, asumir esta realidad supone, entre otros asuntos, prepararse para un entorno de mayor gasto público —y, por ende, mayores déficits—, con inflaciones más elevadas.
En el caso de Europa, las crecientes diferencias con el Gobierno estadounidense refuerzan la necesidad de asegurarse capacidades defensivas propias, tras años depositando su confianza en esta área en la protección de EEUU. En paralelo, el shock energético desencadenado por el cierre del estrecho de Ormuz supone un recordatorio, apenas tres años después del inicio de la guerra de Ucrania, de la vulnerabilidad de la región en este ámbito.
Riesgos y oportunidades
Es obvio que todo esto tiene lecturas negativas para la región, pero también puede observarse como fuente de oportunidades potenciales. "Como inversores, nunca debemos olvidar que la inestabilidad no destruye valor a largo plazo, sino que lo redistribuye. Algunos activos se vuelven más arriesgados, mientras que otros se vuelven indispensables. Esto es evidente en el caso del auge de las energías renovables y de la necesidad imperiosa que tienen tanto Europa como los países del Golfo de reforzar sus capacidades de defensa, una necesidad que también se extiende a los productos relacionados con nuestro abastecimiento alimentario y nuestras bases industriales", apunta Edouard Carmignac, presidente y director de inversiones de la gestora que lleva su nombre, en su carta mensual a los inversores. En la misma, apunta a estas macrotendencias como piezas fundamentales en su estrategia de inversión.
A más corto plazo, no obstante, la guerra de Irán ha tenido la capacidad de alterar o reforzar algunas de las premisas básicas que han venido marcando el comportamiento reciente de los mercados.
Una de las más obvias parte, precisamente, de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de apoyar las conversaciones de paz, apenas horas después de asegurar que arrasaría con la civilización iraní. Un paso atrás a última hora que vuelve a hacer buena la estrategia TACO (acrónimo en inglés de la frase "Trump siempre se echa atrás"), que es aquella basada en la asunción de que el mandatario de EEUU esquiva siempre a última hora el choque en los asuntos que pueden hacer tambalearse la economía y los mercados. Adentrarse en un conflicto más cruento con Irán, como había amenazado previamente, suponía dar pie al régimen de Teherán a prolongar el cierre del estrecho de Ormuz y, en consecuencia, agudizar la crisis energética a la que se viene enfrentando el mundo en las últimas semanas. El paso atrás, en forma de tregua, fue sucedido por momentos de júbilo en los parqués, al igual que anteriormente ha ocurrido cuando Trump ha desactivado amenazas de calado en forma, por ejemplo, de aranceles.
Según cálculos realizados por MarketWatch, 9 de las 10 mejores sesiones de Wall Street desde que se inició el actual mandato de Trump se explican por este tipo de movimientos. Un inversor que hubiese tenido la puntería suficiente para aprovecharlas habría obtenido rendimientos de hasta el 35% (casi el triple de lo que ha subido el S&P 500 en el periodo).
Y es, precisamente, esa confianza en que Trump acabaría buscando una salida al conflicto antes de que la situación se desbordara la que ha permitido a los mercados navegar las turbulencias de las últimas semanas con relativa entereza, pese a la elevada volatilidad. Actualmente, el índice bursátil global Ftse All World cotiza solo un 2% de los niveles en que se situaba antes del inicio de la guerra. "El alto el fuego negociado por Pakistán debe considerarse, por ahora, como otra versión del TACO, cuya creencia explica en gran medida por qué los mercados financieros no han sufrido mayores caídas ante el dramático flujo de noticias de Oriente Medio de las últimas seis semanas", indicaba en este sentido Christopher Wood, responsable de estrategia global de renta variable de Jefferies, en un informe publicado este jueves.
Todo esto traslada una idea de confianza que enlaza con el pensamiento del "nunca pasa nada" que ha dominado en los mercados en los últimos tiempos y que implica despreciar los riesgos, bajo la consideración de que no tendrán la fuerza suficiente para hacer descarrilar el mercado.
Lo peligroso no es imposible
Sin embargo, esta visión se ha visto hasta cierto punto zarandeada por los acontecimientos de las últimas semanas. No puede ignorarse que, hace menos de un año, esta complacencia, en lo que al conflicto en Irán se refiere, partía de ideas como que un cierre del estrecho de Ormuz resultaba poco menos que impensable, dado que, para el régimen de los ayatolás, significaba enemistarse hasta con sus aliados.
Por contra, la respuesta iraní a la ofensiva de EEUU e Israel evidencia que, en el convulso escenario actual, cualquier palanca disponible es susceptible de ser utilizada, por mucho daño que pueda causar, y no puede simplemente ignorarse. La historia muestra que, por lo general, los conflictos geopolíticos tienen un impacto breve en los mercados, pero las excepciones a esta regla no deben darse por imposibles.
Así, mientras se ha venido abajo parte del relato que sostenía el buen hacer de los mercados en los últimos meses (los bajos precios de la energía o la asunción de tipos de interés a la baja, entre otros), los inversores se han encontrado con que algunos de los activos que debían servirles de refugio no han cumplido con ese papel.
Fiasco de los bonos y el oro
Especialmente relevante ha sido el caso de los bonos, que, como ocurriera en 2022 con la guerra de Ucrania, han tendido a verse arrastrados por la tormenta de Irán casi con la misma intensidad que la bolsa, demostrando una vez más que, ante crisis que conllevan un importante riesgo inflacionario, son incapaces de ofrecer la estabilidad que están llamados a aportar a las carteras de inversión.
Más llamativo ha resultado, incluso, el comportamiento del oro, que, lejos de hacer gala de su condición de activo refugio universal por excelencia, se ha visto zarandeado por violentos movimientos que le han supuesto la pérdida de casi un 10% de su valor en estas seis semanas, demostrando que, tras su espectacular escalada de los últimos años, su historia de inversión se ha visto impregnada de un indudable carácter especulativo.
En este contexto, expertos como el estratega de Bank of America Michael Hartnett apuntan a las materias primas (energéticas e industriales) como la principal protección contra el riesgo geopolítico y la inflación en lo que queda de década, ya que la reestructuración de las cadenas de suministro y el auge de la IA supondrán impulsores persistentes de su demanda.
"Un problema de oferta de petróleo y gas acaba teniendo un efecto en cadena en multitud de sectores"
A este respecto, resulta muy relevante cómo la crisis de Ormuz ha convertido en papel mojado la retórica sobre la pérdida de relevancia de los combustibles fósiles y su reemplazo por las energías limpias, evidenciando que actualmente el mundo sigue teniendo una dependencia muy elevada del petróleo y el gas, hasta el punto de que su limitación ha puesto en cuestión el normal funcionamiento de múltiples industrias. "Una interrupción de un relevante flujo de petróleo y gas ha traído consigo un problema de escasez de productos como el aluminio, el helio (componente esencial de los semiconductores), fertilizantes o azufre y ácido sulfúrico (claves para la minería de metales). En definitiva, un problema de oferta de petróleo y gas acaba teniendo un efecto en cadena en multitud de sectores, desde la agricultura y alimentación hasta el textil, los plásticos, minería, la metalúrgica o el vidrio y la cerámica", explicaba en un artículo reciente Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4.
A la espera de conocer cómo se desarrollan las conversaciones de paz entre EEUU e Irán, los inversores cuentan ya con elementos de sobra para intentar trazar su hoja de ruta ante un escenario que, pase lo que pase en Islamabad, difícilmente volverá a parecerse al que se habían acostumbrado.
Los mercados pusieron este viernes el punto final a una semana de alivio, ante la puerta abierta a un próximo fin de la guerra de Irán. La tregua de dos semanas acordada por EEUU e Irán ha permitido a los inversores aparcar por el momento los escenarios más catastrofistas, a pesar de que existen razones para temer que el alto el fuego actual no conduzca a una paz definitiva.