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Algo se rompe en la deuda privada: por qué BlackRock limita reembolsos en su fondo estrella del sector
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Algo se rompe en la deuda privada: por qué BlackRock limita reembolsos en su fondo estrella del sector

Las peticiones de retirada de dinero superan el límite del 5% a partir del cual la gestora puede activar un prorrateo

Foto: BlackRock. (Reuters/Carlo Allegri)
BlackRock. (Reuters/Carlo Allegri)
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BlackRock, la mayor gestora del mundo en activos bajo gestión y accionista significativo de buena parte del Ibex 35, ha tomado una decisión que solo se produce cuando pintan bastos. Su fondo estrella de crédito privado, el HPS Corporate Lending Fund (HPS CLF), que gestiona 26.000 millones de dólares en activos (22.500 millones de euros), ha recibido tantas solicitudes de reembolso que la compañía se ha visto obligada a activar la cláusula que le permite limitar la devolución del dinero a los clientes.

Durante el primer trimestre del año, las peticiones de retirada de dinero han rondado los 1.200 millones de dólares, cerca del 9,3% del valor neto de los activos. El reglamento del fondo permite limitar estos reembolsos al 5% de esa magnitud. En consecuencia, solo devolverá 620 millones, el 54% de lo solicitado.

El crédito privado es un tipo de préstamo de entidades no bancarias, como el fondo HPS CLF, a empresas privadas, que ha sido muy utilizado recientemente para financiar inversiones ligadas a la inteligencia artificial, pero también han financiado proyectos de infraestructuras e inmobiliarios. Como los activos en los que invierten son poco líquidos, ya que no cotizan, por definición, en mercados públicos, imponen muchas condiciones para que los inversores puedan retirar su dinero, como periodos de iliquidez total o preavisos de varios meses.

Aunque este tipo de fondos de crédito privado suele contar con inversores institucionales y particulares sofisticados —a los que se les presume un conocimiento profundo de los mercados y la capacidad de afrontar este tipo de situaciones de iliquidez—, esta medida de BlackRock ha causado alarma en los mercados financieros. En los últimos meses ha habido un goteo de advertencias sobre el crecimiento exponencial de este mercado, motivado por un goteo de malas noticias que han puesto en duda los estándares de concesión de este tipo de créditos.

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Las primeras señales de inquietud llegaron el año pasado, con la quiebra del fabricante de piezas de automóvil First Brands y el prestamista subprime Tricolor, que habían recurrido al crédito privado. Jaime Dimon, presidente de JP Morgan, ya advirtió entonces que, cuando uno ve cucarachas, es que suele haber muchas más escondidas.

Con todo este ruido, los ecos de tsunamis financieros pasados vuelven a aflorar. Uno de los primeros indicios de la crisis de 2008 fue la suspensión de los reembolsos de fondos que invertían en productos complejos dependientes de hipotecas de baja calidad (las llamadas 'subprime'). Precisamente, el mercado de crédito privado ha crecido exponencialmente desde esa gran crisis financiera, como alternativa al crédito bancario tradicional. En estos momentos, las entidades que conceden esta financiación cuentan con 2,5 billones de dólares en activos bajo gestión, de los que 1,2 billones son préstamos ya concedidos. De estos, 200.000 millones están ligados a la inteligencia artificial.

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El diagnóstico que hicieron las autoridades de esa crisis fue que la regulación era demasiado laxa y permitió que los bancos asumieran riesgos excesivos prestando billones de dólares y euros sin tener en cuenta su riesgo de impago real.

Eso acabó provocando una oleada de rescates de entidades bancarias con dinero público para evitar que los ciudadanos perdieran sus depósitos y tratar de mantener el crédito bancario para las empresas solventes.

Para evitar que volviera a ocurrir, los supervisores y reguladores bancarios de Europa y EEUU endurecieron la normativa para que los bancos fueran más prudentes a la hora de exponerse a determinados riesgos. Esto les obligaba a cubrir posibles pérdidas derivadas de la concesión de un préstamo nada más concederlo, lo que limitaba el riesgo asumido, pero también su capacidad de préstamo.

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Esto dejó un mercado libre para aquellas entidades no bancarias que, al no disponer de depósitos de particulares y empresas y, en principio, ser inelegibles para un rescate público, estaban exentas de esa regulación y, por tanto, podían asumir más riesgos.

Poco a poco estas sociedades fueron captando fondos de inversores privados, con lo que ganaron cada vez mayor capacidad de préstamo. Con el volumen y la experiencia, se fueron especializando en sectores, creando un ecosistema accesible para que aquellas empresas con necesidades de financiación a largo plazo la obtuvieran de una forma menos engorrosa que en el sistema bancario tradicional.

En principio, la dimensión actual del crédito privado es menor que la de los activos tóxicos de la gran crisis financiera de 2008. Se calcula que hace 17 años había unos 2,5 billones de dólares en activos subprime y otros 2,5 billones en activos vinculados a ese subyacente tóxico. Y, sobre todo, esa exposición estaba mucho más repartida en bancos tradicionales. Pero, incluso así, los supervisores como el Banco Internacional de Pagos o los bancos centrales occidentales ya han advertido de que la economía no está blindada ante lo que ocurra en este mercado.

El canal clásico de transmisión de un eventual contagio en el crédito privado serían precisamente los bancos tradicionales, que también han venido construyendo una exposición a este segmento de negocio. Y lo han hecho mediante varias vías: con préstamos y líneas de crédito que los fondos de crédito privado usan para gestionar picos de reembolsos o financiar operaciones, con derivados para proporcionar apalancamiento o cobertura o por inversiones directas en estas sociedades.

Por tanto, una crisis en el mercado de crédito privado tendría impacto en el capital de los bancos y, en consecuencia, en su capacidad para seguir financiando a las empresas y familias de la economía real.

BlackRock, la mayor gestora del mundo en activos bajo gestión y accionista significativo de buena parte del Ibex 35, ha tomado una decisión que solo se produce cuando pintan bastos. Su fondo estrella de crédito privado, el HPS Corporate Lending Fund (HPS CLF), que gestiona 26.000 millones de dólares en activos (22.500 millones de euros), ha recibido tantas solicitudes de reembolso que la compañía se ha visto obligada a activar la cláusula que le permite limitar la devolución del dinero a los clientes.

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