Botín desafía el statu quo de EEUU y consolida al Santander como primer banco extranjero
Santander vuelve a apostar por compras en Estados Unidos, donde algunos bancos europeos han tenido malas experiencias. Será el décimo banco en el mercado
Ana Botín ha apostado por crecer en dos mercados clave como Reino Unido, donde aprovechó la venta de TSB por parte del Sabadell, y una operación más ambiciosa en EEUU, con la compra de Webster Bank por 12.200 millones de dólares, unos 10.160 millones de euros.
Santander sorprendió al mercado con esta compra, que convierte al grupo cántabro en el décimo en EEUU por activos, y en el quinto de la zona noreste, donde tiene más influencia y contará con una cuota del 8% en depósitos. Escala así del puesto 27, según los datos de la Reserva Federal (Fed) al cierre de septiembre, hasta el top ten, superando a HSBC y consolidándose como el banco europeo más grande en el mercado financiero más importante del mundo.
Botín dijo este martes que "es un paso histórico" para Santander. Santander USA tendrá 327.000 millones de dólares en activos (Webster suma 84.000 millones), 185.000 millones de dólares en préstamos (57.000 millones más), y 172.000 millones en depósitos (69.000 millones). Webster es un banco que ha destacado en rentabilidad y solvencia en las últimas crisis en bancos estadounidenses regionales, y está especializado en pymes, consumo y seguros de vida y salud, con más de dos millones de clientes bancarios y más de cuatro millones de pólizas.
El órdago de Botín permitirá al Santander ganar escala en EEUU, donde era un jugador residual, lo que choca con la premisa de querer ser un banco importante en cada geografía en la que opera y que pueda incrustarse en las plataformas globales del banco. Así, en el último año ha salido de Polonia, ha comprado TSB para reforzar Reino Unido, y ahora hace lo propio en EEUU. Santander calcula sinergias anuales de 800 millones que permitirán reducir la ratio de eficiencia (costes sobre ingresos, cuanto más baja mejor) desde el 48% actual de la suma de las entidades a menos del 40% en 2028.
Pero lo que deja claro Botín es que apuesta por EEUU, pese al historial complejo de la banca europea en el mercado. Y más difícil parecía haberse vuelto el escenario con Donald Trump y, en última instancia, sus ataques a Powell y a la Fed, aunque la propuesta de nombramiento de Kevin Warsh parece haber calmado a los mercados.
Tras la crisis de 2008, Deutsche Bank fue el chivo expiatorio de la venta de hipotecas subprime o tóxicas, práctica habitual en Wall Street, y acabó acordando pagar 7.200 millones de dólares a la Justicia estadounidense. El gigante alemán optó por replegar velas y adelgazar su negocio en EEUU, donde otras entidades europeas solo han mantenido negocios de banca de inversión y de banca privada para llevarse las migajas que dejan los gigantes de Wall Street, sabiendo que esas migajas son ingresos importantes por el tamaño del mercado y la demanda de clientes internacionales por estar allí. Ya sean empresas que quieren comprar o vender en EEUU, o hacer emisiones y abrir negocios, o clientes extranjeros que tienen intereses y necesitan asesoramiento financiero y patrimonial. En este sentido, Miami se ha erigido como una de las grandes plazas globales de banca privada.
Varios bancos europeos han consolidado una posición de banca de inversión en Nueva York, como Barclays, BNP Paribas o el propio Deutsche Bank. También Santander, aunque con menor tamaño, y más lejos aún, BBVA. Cuesta mucho fichar banqueros de inversión y llevarse negocio. Y más aún desde que volvió Trump a la Casa Blanca y demonizó el ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza, por sus siglas en inglés), gran baza de la banca europea para conseguir contratos en banca de inversión por su experiencia.
Santander se convierte así en el único banco no estadounidense en apostar por tener una franquicia relevante que tenga todos los negocios –banca comercial para personas y empresas, banca de inversión y banca privada–. El otro gran banco español, BBVA, vendió en 2020 el negocio retail, con presencia principalmente en Texas, por 9.700 millones de euros al grupo PNC.
Los analistas han visto lógica industrial en la operación, por escala y sinergias, y por la capacidad de Santander de acometerla aprovechando su exceso de capital, manteniendo además la promesa de recomprar 10.000 millones de euros en acciones entre 2026 y 2027. Junto a la operación, anunció el primer paquete de 5.000 millones que este miércoles empezó a ejecutar para que el mercado no dude al respecto.
Los mismos analistas atribuyen las caídas en bolsa, del 3,48% este miércoles –anoche los ADR caían un 8% en Wall Street– al arbitraje de acciones. La sombra sobre la operación a nivel estructural es la capacidad de Santander por competir con bancos estadounidenses con una regulación y prácticas supervisoras hechas para garantizar que los bancos estadounidenses sean los más competitivos del mundo.
Desde Mediobanca Research, por ejemplo, ponen el acento en que Santander está poniendo a prueba el mercado norteamericano, donde ha habido inversiones desafortunadas y el propio banco había descartado previamente compras en el país. La parte positiva es que, por el anuncio de la operación corporativa, Santander ha adelantado la comunicación de objetivos, que incluye la generación orgánica de capital mayor a la prevista y se compromete a estar en la parte alta de la horquilla de capital con la que trabaja, de entre el 12% y el 13%. Además, ha pronosticado llegar a una rentabilidad (ROTE) del 20% en 2028, con recompras de acciones y dividendos por el camino. En EEUU será del 18%, frente al 10% actual, gracias una mayor eficiencia, mejor acceso a los mercados de capitales en EEUU, y a menores costes de financiación.
Santander ya hizo una incursión en banca comercial relevante en EEUU a finales de 2024 con el lanzamiento de Openbank. El banco espera reducir el coste de financiación con Webster desde el 2,7% al 2,4% en el mercado norteamericano.
Ana Botín ha apostado por crecer en dos mercados clave como Reino Unido, donde aprovechó la venta de TSB por parte del Sabadell, y una operación más ambiciosa en EEUU, con la compra de Webster Bank por 12.200 millones de dólares, unos 10.160 millones de euros.