Con 2026 a la vuelta de la esquina y tras un 2025 sorprendentemente sólido —con las bolsas internacionales marcando rentabilidades de doble dígito—, las grandes gestoras de fondos y bancas privadas afinan sus previsiones y estrategias de inversión para el nuevo año.
El punto de partida es común: la inteligencia artificial ya impulsa la economía real y la presión inflacionaria se ha relajado. Pero 2026 se perfila como un año más exigente, con mercados más concentrados y un margen de error mucho menor para el inversor.
A partir de las perspectivas de BlackRock, BBVA AM, Renta 4, Santander AM, Schroders, Carmignac y Santalucía AM, estos son los siete grandes consejos de inversión en los que, con matices, todas coinciden.
1. Los beneficios sostienen al mercado
Prácticamente todas las gestoras coinciden en que el crecimiento de los beneficios empresariales será el principal motor de la renta variable en 2026. Aunque el ritmo sea más moderado que en 2025, esperan resultados positivos tanto en EEUU como en Europa, con una expansión que empieza a ir más allá de las grandes tecnológicas.
Desde BBVA AM estiman repuntes en torno al 10% para las bolsas globales, mientras que desde Santander AM elevan la apuesta por EEUU, donde prevén una expansión de los beneficios empresariales del entorno del 15% en el caso del S&P 500, que se extenderá a más sectores, no solo a la IA, y del 22% en el caso de las small caps. En la eurozona también apuntan a avances cercanos al doble dígito.
Renta 4, más concretamente, proyecta que el selectivo de referencia español alcance los 17.300 puntos y señala que "sigue habiendo muchas joyas dentro del Ibex 35".
2. La IA ya no es una narrativa
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en un ciclo de inversión real y de escala histórica. BlackRock, Carmignac o Santalucía AM coinciden en que las valoraciones son exigentes, pero están respaldadas por beneficios, flujos de caja y un impacto tangible en la productividad.
BlackRock subraya que la mayor parte de los ingresos generados por la IA aún no existen en la contabilidad tradicional, pero estima que podrían aparecer nuevos flujos capaces de justificar incluso el escenario de inversión más agresivo.
El riesgo, advierten, no es tanto una burbuja, sino la rentabilidad futura del capital invertido y la liquidez necesaria para sostener el ciclo.
3. Escenario favorable, pero menos sorpresas positivas
El escenario central que manejan las gestoras para 2026 es, en términos generales, favorable: crecimiento global sostenido, inflación moderándose y tipos de interés acercándose a niveles más neutrales. Esto crea un entorno favorable para los activos de riesgo, aunque las gestoras advierten de que la volatilidad será mayor y el margen para sorpresas positivas, menor que en 2025.
4. ¿Seguir diversificando? Sí, pero de forma activa
En un mercado cada vez más concentrado, las gestoras cuestionan la eficacia de la diversificación "clásica". Alejarse del gran tema dominante —la IA— no siempre reduce riesgo y, en algunos casos, supone realizar apuestas activas encubiertas.
La conclusión común es que la diversificación sigue siendo imprescindible, pero debe ser real y consciente: por sectores, geografías y fuentes de riesgo. En este sentido, Carmignac y Schroders señalan que los sectores defensivos como la salud y los productos de primera necesidad ofrecen diversificación real y menor correlación con el sector tecnológico, además de beneficiarse de políticas fiscales más orientadas al bienestar de los hogares.
El oro, según Santander AM, también ha recuperado su papel como diversificador natural en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica.
5. No comprar el índice
Después de un periodo de fuertes subidas y elevada concentración, varias gestoras coinciden en que 2026 será un año donde la gestión activa y la selectividad ganen terreno frente a la mera réplica de índices.
Renta 4 recomienda no perseguir al mercado y aprovechar las correcciones para entrar, en un entorno donde la volatilidad podría ofrecer oportunidades. Carmignac refuerza esta idea y apunta a la necesidad de diferenciar entre inversión productiva y gasto tecnológico poco rentable.
Ser selectivo también implica mirar más allá de Estados Unidos. Carmignac destaca empresas tecnológicas de Taiwán y Corea, piezas clave en la cadena de suministro de la IA, que cotizan a múltiplos mucho más atractivos que sus homólogas estadounidenses.
6. Regreso a la renta fija
Tras años en segundo plano, la renta fija vuelve a ocupar un lugar relevante en las carteras. El atractivo se centra en un carry elevado y en unos tipos altos en términos históricos.
Las gestoras destacan oportunidades en deuda de alta calidad, duraciones cortas o tácticas, bonos de la eurozona y, de forma selectiva, en mercados emergentes. BlackRock y Schroders coinciden en que la deuda emergente en moneda fuerte ofrece una buena relación riesgo-retorno, con India como historia estructural a largo plazo.
Eso sí, hay cautela con los bonos soberanos de largo plazo en países muy endeudados. Santalucía AM mantiene una posición corta en el bono estadounidense a diez años ante el elevado déficit y el riesgo de un aumento de la prima de riesgo.
7. Geopolítica y gasto estratégico
La fragmentación geopolítica, el rearme europeo, la necesidad de reforzar la seguridad energética y las cadenas de suministro aparecen en casi todas las previsiones. BlackRock y Carmignac coinciden en que estos factores se han convertido en motores estructurales del crecimiento, con la IA como elemento transversal. Todo esto al calor del ambicioso plan de gasto alemán, encabezado por Friedrich Merz, que priorizará la defensa, las infraestructuras energéticas y una modernización económica, rompiendo con años de ortodoxia fiscal.
Además, uno de los grandes cuellos de botella del despliegue de la inteligencia artificial es la energía. El fuerte aumento de la demanda de los data centers está impulsando la inversión en infraestructuras eléctricas, automatización y electrificación, donde compañías industriales europeas juegan un papel clave.
En defensa, Carmignac anima a los inversores a mirar más allá de los evidentes favoritos del mercado y asegura que un enfoque más inteligente consiste en recurrir al mercado crediticio, que ofrece exposición al gasto en seguridad nacional con perfiles de riesgo más equilibrados, a través de deuda con grado de inversión y rendimientos atractivos (del 4% al 5,5%).
En resumen, 2026 no será un año de apuestas ciegas ni de replicar índices. Será un ejercicio de convicción y selectividad, en el que comprender los grandes motores estructurales —con la IA a la cabeza— marcará la diferencia. Las oportunidades seguirán existiendo… para quien sepa buscarlas.
Con 2026 a la vuelta de la esquina y tras un 2025 sorprendentemente sólido —con las bolsas internacionales marcando rentabilidades de doble dígito—, las grandes gestoras de fondos y bancas privadas afinan sus previsiones y estrategias de inversión para el nuevo año.