Miraltabank da alas a Europa frente a Wall Street por valoraciones y seguridad jurídica
El inversor ha percibido el cambio de rumbo y "ve cómo variaciones aparentemente pequeñas en la asignación de activos pueden tener un impacto significativo en las valoraciones"
Miraltabank, entidad que ya se posicionaba más favorable a Europa que a Estados Unidos, ha reiterado su visión en su última carta enviada a sus clientes en la que aboga por un 2026 que será un año de continuidad y también de transición. ¿El motivo? Las economías están en desaceleración, inmersas en una gran transición hacia un mundo multipolar que será, sin duda, impredecible y volátil; con valoraciones exigentes, un apetito por el riesgo desmedido y ciertos excesos, lo que obliga a los gestores a mantenerse especialmente vigilantes.
Así lo señala en una carta su director de inversiones, Ignacio Fuertes, que sostiene que seremos testigos de este nuevo orden en el que los Estados seguirán recurriendo a soluciones no convencionales para hacer frente a déficits persistentes y elevados niveles de endeudamiento. "Un mundo con tintes mercantilistas donde los Gobiernos mantendrán un papel central en la economía, reforzando su control sobre comercio y recursos, favoreciendo monopolios estratégicos e intensificando políticas proteccionistas", sostiene.
A su juicio, nos encontramos en plena transición hacia un mundo multipolar, donde Estados Unidos ya no es la única potencia dominante ni ejerce con la misma determinación su papel de garante del orden global, aunque "nadie es capaz, ni quiere llenar el vacío que ha dejado". Todo ello ha reabierto el debate sobre la necesidad de carteras más equilibradas geográficamente, especialmente en un contexto marcado por excesos asociados a la inteligencia artificial (finanzas circulares, sueldos billonarios y valoraciones cuestionables). En este nuevo orden, "Europa vuelve a destacar por su combinación de seguridad jurídica y valoraciones más razonables, convirtiéndose en una alternativa cada vez más relevante para los inversores globales".
Los inversores, tal y como recalca Ignacio Fuertes, han percibido este cambio de rumbo "y hemos sido testigos de cómo variaciones aparentemente pequeñas en la asignación de activos, ante el fin del excepcionalismo americano, pueden tener un impacto significativo en las valoraciones de activos cuando el mercado empieza a descontar este nuevo entorno".
Otra de las grandes tendencias, ya sea por la necesidad de movilizar billones de euros y dólares en la carrera por el liderazgo en inteligencia artificial en Estados Unidos, o por la urgencia de financiar los programas de soberanía en Europa, es la creciente dependencia del capital privado. "Sin embargo, este movimiento implica inevitablemente una mayor flexibilidad regulatoria, que a su vez tiende a traducirse en una relajación de los estándares crediticios. Los problemas que estamos observando en segmentos como la subprime de autos en EEUU, o a menor escala las tensiones surgidas en España tras la implementación de la nueva Ley Concursal, evidencian que en un ciclo como el actual, la calidad en la estructuración del crédito y el rigor en los criterios de análisis no solo son deseables, sino absolutamente esenciales".
Su misiva finaliza apelando a la historia financiera, que demuestra que, cuando cambia la naturaleza del dinero, cambia la naturaleza del rendimiento. "Y 2026 será, sin duda, un año clave para comprender esa transición y posicionarnos con ventaja en el nuevo orden monetario que ya está tomando forma. En un mundo que cambia de reglas, en Miraltabank continuaremos haciendo aquello que mejor sabemos: gestionar riesgos para transformar incertidumbre en oportunidad", concluye.
Miraltabank, entidad que ya se posicionaba más favorable a Europa que a Estados Unidos, ha reiterado su visión en su última carta enviada a sus clientes en la que aboga por un 2026 que será un año de continuidad y también de transición. ¿El motivo? Las economías están en desaceleración, inmersas en una gran transición hacia un mundo multipolar que será, sin duda, impredecible y volátil; con valoraciones exigentes, un apetito por el riesgo desmedido y ciertos excesos, lo que obliga a los gestores a mantenerse especialmente vigilantes.