La computación cuántica es la nueva IA: el mercado busca la próxima Nvidia
Con la IA aún acaparando la atención de los inversores, Barclays llama la atención sobre el potencial de la transformación tecnológica cuántica, donde prevé importantes avances en los próximos años
En la primavera de 2017, mientras el mercado lidiaba (con más confianza que pesar) con las primeras medidas políticas de Donald Trump, un debate envolvía a una tecnológica estadounidense, poco conocida para el público general, pero que llevaba varios años de sólidos avances sobre el parqué.
El nombre de la empresa era Nvidia y lo que las principales firmas de análisis venían discutiendo era si, tras una escalada del 600% en apenas un año y medio, el mercado se estaba excediendo en las valoraciones de un grupo que alcanzaba ya los 80.000 millones de valoración con apenas 7.000 millones de dólares de ingresos anuales. Los más optimistas entonces señalaban que, aunque a primera vista pudiera parecer cara, aquella acción estaba bien posicionada para sacar provecho de alguna de las más importantes revoluciones tecnológicas en ciernes, como la de la inteligencia artificial.
Hoy, que Nvidia genera esos 7.000 millones cada once días y que su valoración bursátil ha llegado a superar los cinco billones de valoración (con una revalorización desde entonces superior al 5.200%), parece indiscutible el buen ojo de quienes supieron apreciar el potencial de la compañía.
Descubrir las próximas grandes tendencias y sus potenciales ganadores en una etapa lo más temprana posible es el sueño de cualquier inversor, pero no es una tarea nada sencilla. A ayudarles en esta tarea se dedican los analistas de Thematic Investing Research de Barclays, un equipo que busca identificar las tendencias de largo plazo que pueden ofrecer mayores oportunidades a los inversores y que recientemente ha puesto sus ojos en la computación cuántica.
"Creemos que puede tener un impacto en el mercado tan relevante como la IA, con importantes implicaciones para muchos sectores", explica Laia Marín, analista de la firma, en conversación con El Confidencial.
En resumidas cuentas, la computación cuántica es una tecnología emergente que busca, mediante la aplicación de las cualidades de la mecánica cuántica, generar ordenadores mucho más potentes que los tradicionales, capaces de resolver problemas que quedan fuera del alcance de las computadoras clásicas.
McKinsey prevé que generará hasta dos billones de valor económico ya en 2035
"Las computadoras cuánticas serán mejores en simulación, optimización matemática y álgebra, con posibles casos de uso en optimización (por ejemplo, logística, finanzas, energía), seguridad (ciberseguridad, defensa) y simulación molecular (descubrimiento de nuevos materiales/fármacos)", explica Barclays en su informe.
Unas cualidades que conllevan un importante potencial económico. Según un informe de McKinsey, la computación cuántica podría generar hasta dos billones de dólares de valor económico ya en 2035.
"El potencial de la computación cuántica podría ser significativo para la economía. A corto plazo, al demostrar su ventaja cuántica, creemos que quienes la adopten tempranamente podrían obtener una ventaja competitiva al resolver problemas complejos con mayor rapidez y eficiencia, contribuyendo así al crecimiento de los ingresos", señalan en Barclays. "A largo plazo", añaden, "la computación cuántica podría tener un impacto significativo en el crecimiento del PIB, dadas sus amplias aplicaciones potenciales".
Dos hitos clave
Para que estos escenarios sean posibles, no obstante, esta tecnología aún tiene que demostrar sus ventajas en problemas útiles y mostrarse más fiable —ya que, hasta la fecha, sigue mostrándose propensa a errores—, subraya Laia Marín. Pero esta advertencia, lejos de representar una muestra de escepticismo, es el punto de partida de una visión optimista que le lleva a presagiar que esta tecnología se acerca a un momento crucial a través de dos hitos clave. "Los recientes avances en tasas de error, escalabilidad e integración clásica indican que los próximos cinco años podrían redefinir los límites de la potencia computacional, a medida que la computación cuántica se acerca a un punto de inflexión crucial", sugiere el informe que lleva su firma. Por eso, la analista cree que "este puede ser un buen momento para que los inversores ganen exposición a esta temática".
Marín explica que en los próximos entre 12 y 24 meses es esperable que quede demostrada la llamada ventaja cuántica. Es decir, la evidencia de que los ordenadores cuánticos son superiores a las opciones clásicas en la resolución de tareas específicas y útiles. Con un horizonte algo más largo, hacia 2030, la analista de Barclays defiende que sería posible alcanzar el escenario clave de la computación cuántica tolerante a fallos (FTQC, por sus siglas en inglés), lo que supone lograr una computación cuántica confiable y con corrección de errores, que permita aplicaciones a escala comercial.
Convertir estos desarrollos en una fuerza económica comercializable requerirá, según la visión de Barclays, superar tres desafíos esenciales: la industrialización y escalabilidad del hardware; el desarrollo de infraestructura de software y algoritmos; y la integración entre los sistemas cuánticos y los clásicos.
La confianza del banco británico en que estos desafíos no serán obstáculos insalvables se ve respaldada, entre otras cuestiones, por las señales de que las principales potencias mundiales se están adentrando en una carrera por la computación cuántica, que conllevará cuantiosas inversiones.
"Las inversiones públicas aceleradas sitúan la cuántica como una prioridad soberana", resalta el informe, en el que se cifran estas inversiones por encima de los 55.700 millones de dólares ya en 2025, con China, EEUU, Japón y Reino Unido al frente de estos esfuerzos, que tienen como foco principal prepararse ante el "colapso" de los métodos de cifrado clásico que podría generar el desarrollo de la computación cuántica.
"Los gobiernos y las industrias están compitiendo para asegurar la infraestructura crítica antes de que el cifrado clásico colapse. La inversión temprana en hardware cuántico no es opcional: es un imperativo competitivo y de seguridad nacional".
El índice Stoxx Global Quantum Computing acumula retornos del 80% en solo 12 meses
Asimismo, la entidad ve razones para que las empresas traten de acelerar en esta tecnología, dadas las ventajas esperables para los pioneros de la misma. "Vemos los primeros ejemplos de ventaja cuántica como un catalizador potencial clave para las inversiones en I+D, dado que los primeros en adoptarla podrían obtener una ventaja competitiva significativa".
Por eso, defienden, "las empresas deberían empezar a planificar sus estrategias de computación cuántica hoy mismo para estar preparadas para la llegada de la FTQC, no solo por los beneficios comerciales que la computación cuántica podría aportar, sino también para desarrollar las habilidades cuánticas necesarias, ya que la intensificación de la competencia por el talento en computación cuántica también se cita a menudo como un cuello de botella clave para la industria".
Convertir estas promesas en una estrategia de inversión coherente no parece sencillo, aunque algunos inversores ya han tratado de posicionarse. Así, índices como el Stoxx Global Quantum Computing acumulan retornos cercanos al 80% (en dólares) en los últimos 12 meses, a pesar de haberse visto arrastrados también por las recientes tensiones en torno a la IA y las grandes tecnológicas.
Cómo invertir
Según Laia Marín, invertir en esta tecnología en una etapa tan temprana puede someter a los inversores a un importante factor de riesgo tecnológico, ya que hay muchas cuestiones aún por dilucidar. Por eso, plantea como una aproximación menos arriesgada la posibilidad de invertir de forma diversificada, a través de toda la cadena de valor de la industria.
En el informe, Barclays identifica cuatro áreas del ecosistema de la computación cuántica en las que los inversores podrían posicionarse para tratar de sacar rendimiento a esta tendencia, con unas 46 cotizadas identificadas (además de 80 empresas privadas).
La primera es la de los procesadores cuánticos, los actores implicados directamente en el desarrollo y la construcción de QPU, el componente de hardware de las computadoras cuánticas. En este terreno destacan jugadores puros de esta tecnología, como D-Wave, Rigetti, IonQ, Quantum Computing, QuantumCTek y Archer Materials, aunque también señala a algunas grandes tecnológicas con planes de desarrollo en este campo, como IBM, Alphabet, Microsoft, Amazon, Honeywell o Intel. Además, empresas como Fujitsu y Hon Hai se han sumado recientemente a esta tendencia.
Barclays distingue entre cuatro áreas de inversión, en las que identifica 46 cotizadas
Los proveedores de computación cuántica son otro de los grupos donde los inversores podrían tratar de identificar ganadores de esta tecnología. Así, Barclays apunta hacia empresas especializadas en control criogénico, pruebas y medición (FormFactor o Amplitech); grupos de fotónica, láseres y vacío (Coherent, Lumibird, MKS); firmas de electrónica de control (Keysight Technologies); las de materias primas involucradas en la elaboración de elementos de computación cuántica (ASP Isotopes); o los creadores de software para ordenadores cuánticos.
Barclays también expone la opción de invertir en compañías enfocadas en el diseño y fabricación de chips cuánticos, donde se encuentran varios de los nombres ya fuertemente implicados en esta misma área para la inteligencia artificial. "Encontramos una importante superposición en los procesos de fabricación de chips clásicos y cuánticos en la mayoría de las modalidades", indican.
Así, plantean la inversión en proveedores de fundición que fabrican chips cuánticos, como Applied Materials o GlobalFoundries. También mencionan a Veeco Instruments, Infineon o ASML. Del mismo modo, hacen mención a los proveedores de herramientas de diseño, como Synopsys y Cadence.
En último lugar, la entidad británica se refiere a los facilitadores del ecosistema, "que desempeñan un papel fundamental en el escalamiento de la computación cuántica". En este grupo consideran a las firmas que ofrecen acceso remoto a QPU y computación cuántica como servicio, entre las que se situarían Amazon, Microsoft, Alphabet, IBM, Rigetti, Equinix y Digital Realty.
También formarían parte de los facilitadores del ecosistema cuántico las firmas enfocadas en la integración entre los ordenadores clásicos y cuánticos, entre las que destacaría Nvidia, además de AMD, IBM, Dell y Hewlett Packard. Por último, hacen referencia a los grupos enfocados en la emulación cuántica, que permite probar algoritmos cuánticos antes de implementarlos en hardware cuántico. Eviden (Grupo Atos), OVHcloud, Fujitsu, Intel, Dell, Hitachi, Toshiba y Nvidia son los nombres que conformarían este subgrupo.
De todo esto surgen vías muy variadas de exponerse a la computación cuántica. Con la revolución de la IA aún humeante y los inversores todavía tratando de desentrañar sus implicaciones y sus ganadores a largo plazo, la idea de aferrarse a otra gran transformación tecnológica puede parecer demasiado prematura. Pero la Nvidia de 2017 (o incluso antes) supone un importante recordatorio de que, si la apuesta es acertada, llegar de los primeros tiene premio.
En la primavera de 2017, mientras el mercado lidiaba (con más confianza que pesar) con las primeras medidas políticas de Donald Trump, un debate envolvía a una tecnológica estadounidense, poco conocida para el público general, pero que llevaba varios años de sólidos avances sobre el parqué.