¿Dónde meter el dinero cuando todo cae? En busca de refugio si pincha la burbuja de la IA
Las últimas turbulencias del mercado ponen de manifiesto que el relato de la IA está en cuestión y obligan a los inversores a repensar su exposición al gran motor de las ganancias de los últimos años
A cualquiera que haya viajado en avión le resultará familiar la imagen. Pocos minutos antes de despegar, la tripulación de cabina realiza una demostración sobre las medidas de seguridad esenciales a adoptar en caso de dificultades durante el vuelo, ante un pasaje que mayoritariamente desoye las indicaciones, confiado (así lo dicta la experiencia) en que no será necesario ponerlas en práctica.
Pero ¿qué pasaría si en pleno vuelo empiezan a aparecer señales de que algo va mal? Es de suponer que esos mismos pasajeros desearían conocer las opciones a su alcance para reducir los riesgos a los que se exponen, siempre que no se dejen llevar por la angustiosa idea de que no hay remedio posible ante la catástrofe que, aparentemente, se avecina.
Una realidad semejante pueden haber experimentado los inversores en las últimas semanas. Durante muchos meses (o años) han viajado a lomos de un mercado alcista que parecía incontenible, conducido por las elevadas expectativas generadas por la revolución de la IA. La idea de que "nunca pasa nada", de que toda amenaza acaba resultando sorteable, ha permitido al mercado desdeñar la sucesión de riesgos a los que se han ido enfrentando.
Desde hace semanas, sin embargo, las episódicas advertencias (que no son una novedad, siempre han estado ahí) sobre los excesos en que están incurriendo las bolsas en nombre de una IA con mucho por demostrar aún parecen estar haciendo mella en la confianza de los inversores, que empiezan a preocuparse por si existen salidas de emergencia que les puedan librar de una hipotética implosión.
¿Existen? La pregunta no es baladí, a juzgar por los negros augurios emitidos por algunas voces destacadas. El vicepresidente de JPMorgan, Daniel Pinto, advertía recientemente del riesgo de un previsible reajuste de las valoraciones de la industria de la IA que tendría implicaciones de gran alcance en las bolsas globales. Gita Gopinath, ex economista jefe del FMI, alertaba en un artículo publicado en The Economist de que un tropiezo de las bolsas semejante al que siguió al estallido de la burbuja puntocom en 2000 supondría la destrucción de hasta 35 billones de dólares de riqueza a escala global. Y el profesor de marketing Scott Galloway, a menudo presentado como el gurú financiero de los 'millennials', advertía hace pocos días en su pódcast Prof G Marketsdel riesgo de un shock sistémico que no dejaría "ningún lugar donde esconderse" para los inversores globales.
En medio de estos avisos, el nerviosismo se ha hecho patente en los mercados, donde, después de siete meses de avances casi ininterrumpidos, los principales índices mundiales han frenado abruptamente su entusiasmo, adoptando una postura más cauta en su aproximación a la temática de la IA, en la que muchos expertos creen ver un creciente temor al estallido de la burbuja. Un miedo que ni siquiera ha quedado resuelto con los beneficios récord y aún mejores estimaciones lanzadas por Nvidia, el referente por antonomasia de esta revolución tecnológica.
Al cierre de la semana, el gigante de los chips se situaba un 13,6% por debajo de los máximos históricos que registró el pasado 29 de octubre. Y más severo ha sido el castigo que han encajado otros grandes nombres de la industria, como Oracle, Strategy, Palantir, Arm o AMD, que han visto esfumarse entre un 20 y un 37% de su valor desde el arranque de noviembre. De este modo, el Nasdaq se enfila al que podría ser su peor mes desde el pasado marzo, liderando un declive global que ya ha restado siete billones de dólares al valor de las bolsas mundiales desde el pico de finales de octubre.
Aunque el dinero sigue fluyendo a espuertas hacia el negocio de la IA (se estima un gasto de capital de 571.000 millones de dólares en 2026), la falta de evidencias de que esas millonarias inversiones vayan a ofrecer resultados rentables en un horizonte previsible alimenta los recelos de los inversores. El creciente recurso de las compañías del sector a la financiación a través de deuda y la sucesión de acuerdos cruzados entre los grandes grupos de la IA (por los que unas compañías invierten importantes sumas en el capital de otras que son sus clientes y aprovechan esos fondos para seguir comprándoles material) agitan la sensación de que el ecosistema de la IA resulta cada vez más vulnerable y de que un fallo en un eslabón puede propiciar un descalabro generalizado.
Así, en el pódcast ya citado, Galloway apuntaba hacia OpenAI como el punto débil de la pirámide de la IA. El grupo liderado por Sam Altman, conocido por su modelo ChatGPT, ha anunciado planes de inversiones de hasta 1,4 billones de dólares en los próximos ocho años, pese a que su caja actual se limita a alrededor de 13.000 millones y todo apunta a que actualmente genera pérdidas cuantiosas, lo que podría llevar su balance a una situación insostenible.
Teniendo en cuenta que OpenAI, con sus avances y con sus inversiones, ha sido una pieza clave en la narrativa de la IA (Galloway le achaca hasta el 80% de la revalorización bursátil desde finales de 2022), su caída enfrentaría al mercado a un "choque narrativo" que haría saltar por los aires la fe de los inversores en esta revolución tecnológica.
Con estas perspectivas en el horizonte, la solución para quienes quisieran ponerse a salvo parecería simple: salirse de todo lo relacionado con la IA o, siguiendo el símil inicial, lanzarse del avión mientras queden paracaídas disponibles. Sin embargo, esta vía no resulta tan obvia.
En primer lugar, porque no es tan evidente que el avión esté en peligro de estallar o que, si lo está, el accidente vaya a ser inminente. Cuando se mira a la burbuja puntocom, el precedente con el que más se ha asimilado la situación actual, se suele recordar que el presidente de la Fed, Alan Greenspan, advirtió al mercado de que se estaba produciendo una "exuberancia irracional" que podía terminar en desastre.
Salirse antes de tiempo
Lo que no se recuerda tan a menudo es que aún pasaron más de tres años hasta que la burbuja alcanzó su pico, un periodo en el que el S&P 500 y el Dow Jones ofrecieron retornos de más del 400% y los del Nasdaq rondaron el 950%. Quienes hubieran escuchado aquel aviso y vendido sus inversiones al instante, habrían perdido dinero incluso si hubiesen tenido la puntería de no volver a comprar hasta el día exacto en que la bolsa alcanzó su nivel más bajo tras el estallido.
Esto recuerda que prestar oído a los discursos más agoreros, incluso aunque estén revestidos de razón, puede salir caro. Y renunciar a participar de una realidad que sigue generando relatos de revolución tecnológica y económica puede ser lo mismo que sacrificar revalorizaciones muy importantes. "Sin centrarnos en ninguna empresa en particular, creemos que una exposición suficiente a acciones vinculadas a la IA es fundamental para generar y preservar riqueza a largo plazo", indicaba en un informe reciente Mark Haefele, responsable de inversiones de UBS Wealth Management, que se muestra convencido de que la IA acabará creando valor suficiente para justificar las abultadas inversiones actuales.
Pero, incluso, desde las posturas más negacionistas con las perspectivas de la IA, diseñar una estrategia de protección podría resultar más difícil de lo previsible. Al fin y al cabo, esta temática lo ha impregnado casi todo a lo largo de los últimos años, condicionando el relato de inversión de compañías energéticas, firmas de infraestructuras y entidades financieras. Hasta grupos aparentemente ajenos a esta tendencia, como ACS o Caterpillar, reposan hoy su estrategia de crecimiento futuro en el desarrollo de la IA. Por eso, académicos como Aswath Damodaran vienen advirtiendo de la ausencia de refugios seguros en las bolsas.
Hurtado cree que los bonos de gobierno serían una de las protecciones más seguras
Es más, si se dan por válidos los pronósticos lanzados por Gita Gopinath, la economía mundial estaría abocada a sumirse en una severa recesión, con implicaciones directas o indirectas para todo tipo de inversiones.
En un artículo reciente en el diario Financial Times, Robert Armstrong repasaba la evolución de distintas inversiones durante anteriores casos de colapso bursátil, poniendo especial énfasis en lo ocurrido durante la burbuja puntocom. De este ejercicio, surge la percepción de que, en caso de una crisis en la IA, pocos rincones de la bolsa resultarían ilesos, aunque algunos sectores –especialmente el de consumo básico– podrían escapar de la quema.
Esta es una de las ideas defendidas por Rafael Hurtado, responsable de inversiones y estrategia en Allianz Asset Management. En su opinión, la mejor estrategia de defensa ante una hipotética implosión en la IA se basaría en algunas de las recetas que tradicionalmente han dado buenos resultados en tiempos de dificultades.
Así, en bolsa, apunta a sectores defensivos, como el propio de consumo básico o las utilities, y a las empresas de pequeña capitalización, menos expuestas al fenómeno de la IA y más a resguardo de una ola de ventas por pánico. Fuera de la renta variable, señala al oro y los bonos gubernamentales considerados más seguros, como el bono alemán y, especialmente, el de EE. UU.
En este sentido, algunas voces han advertido recientemente de que los inversores tienen más difícil protegerse en el entorno actual, ya que los activos estadounidenses podrían no actuar como la protección que históricamente han representado, ya que las políticas de Donald Trumphabrían minado su estatus de refugio fiable.
Hurtado, sin embargo, cree que a la hora de la verdad estos activos sacarán a relucir su condición de reserva mundial, que considera intacta. "El mundo piensa en dólares. En un momento de tensión, la gente busca liquidez y, para más de la mitad de la población, el dólar es la reserva de liquidez por excelencia", considera.
Liquidez y alternativos
En UBS también señalan a algunos de los refugios más fiables del mercado a lo largo de la historia, combinados con estrategias alternativas más o menos complejas. En su informe reciente de perspectivas para 2026, los estrategas del banco suizo aconsejan mantener una posición importante de la cartera en liquidez, ante la posibilidad de un pinchazo en los mercados. "Recomendamos mantener suficiente liquidez para cubrir hasta cinco años de retiros previstos, dado que las recuperaciones de los mercados bajistas pueden ser prolongadas", advierten.
Al mismo tiempo señalan que "una correcta asignación de activos, incluyendo bonos de calidad y alternativos, es la cobertura a largo plazo más eficaz contra el riesgo de mercado. Diversificar entre acciones, renta fija y alternativas puede ayudar a reducir la volatilidad de la cartera y limitar el impacto de las perturbaciones, ya sean derivadas de un rendimiento decepcionante de la IA, la inflación o los repuntes de los rendimientos de la deuda".
Desde la entidad helvética aconsejan, igualmente, destinar entre un 20 y un 40% de una cartera endowment-style a inversiones alternativas, siempre que estas estén bien alineadas con las necesidades de liquidez de cada inversor. Y, por supuesto, también incluyen el oro en la ecuación, aconsejando atribuir hasta un 5% de la cartera a un activo que calculan que podría escalar hasta los 4.900 dólares por onza (un 20% más que sus niveles actuales) en el caso de que aumentaran los riesgos políticos y financieros.
En esencia, como en el caso de los aviones, más allá de pequeños ajustes, los consejos de seguridad ante una hipotética implosión de la IA no varían mucho de los que suelen señalarse habitualmente: diversificación, prudencia y evitar dejarse llevar por el pánico.
De momento y pese a algunas turbulencias recientes, el vuelo bursátil de la IA sigue en marcha y nada ni nadie puede asegurar que no siga generando buenos rendimientos para sus pasajeros. Suele decirse que las burbujas no se pueden identificar hasta que explotan y, en ausencia de un estallido, la última revolución tech aún está a tiempo de mostrar que las elevadas expectativas actuales pueden acabar convirtiéndose en una realidad muy rentable.
Pero, por si acaso, y ante las indudables señales de exceso, no está de más repasar el listado de recomendaciones de seguridad. No vaya a ser que para cuando se localicen las salidas de emergencia, estas ya hayan quedado bloqueadas.
A cualquiera que haya viajado en avión le resultará familiar la imagen. Pocos minutos antes de despegar, la tripulación de cabina realiza una demostración sobre las medidas de seguridad esenciales a adoptar en caso de dificultades durante el vuelo, ante un pasaje que mayoritariamente desoye las indicaciones, confiado (así lo dicta la experiencia) en que no será necesario ponerlas en práctica.