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La euforia de la banca eclipsa las dudas de la IA: tres claves que movieron el mercado
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La euforia de la banca eclipsa las dudas de la IA: tres claves que movieron el mercado

Mientras las dudas sacuden Wall Street, Europa, con el Ibex a la cabeza, sigue reforzando sus registros anuales, con el sector financiero como uno de sus grandes protagonistas

Foto: El toro de Wall Street. (Reuters/Carlo Allegri)
El toro de Wall Street. (Reuters/Carlo Allegri)
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En una semana de emociones fuertes, Europa y Wall Street concluyen con sensaciones muy diferentes, aunque con ganancias casi generalizadas, recuperándose así del bache de la anterior.

El fin del cierre gubernamental en EEUU ha sido uno de los ejes más claros de la semana, permitiendo a los inversores olvidar por momentos las dudas que siguen envolviendo de forma episódica todo lo relativo a la temática estrella de los mercados en los últimos años: la inteligencia artificial.

Los recelos en torno a este sector dejan algo rezagados a los principales índices de Wall Street, y especialmente al Nasdaq, mientras que Europa, con sus vaivenes, salda la semana con avances fuertes, de más del 2%, con sectores como las farmacéuticas, el lujo y la banca tirando del carro.

En ese escenario, el Ibex se destaca una vez más como el más alcista, con un repunte del 2,8% (la mejor semana en dos meses), a pesar de que en esta ocasión la temporada de resultados ha dejado más decepciones que alegría, como evidencian Sabadell, Acciona, Merlin o Colonial.

1. Apertura del Gobierno, ¿y qué más?

Un total de 43 días han hecho del último cierre del Gobierno de EEUU el más largo de la historia. Suficientemente largo como para que los inversores acabaran reparando en él, después de varias semanas de tratarlo como un asunto baladí. Si ya a finales de la semana anterior el mercado empezó a mostrar síntomas de inquietud por las secuelas que podrían derivarse de este episodio, esta se inició entre muestras de entusiasmo por la perspectiva, finalmente confirmada, de que la reapertura estaba próxima.

Los motivos para observar con preocupación los efectos del cierre no son escasos. Cuando el viernes de la semana anterior se conoció un súbito desplome de la confianza del consumidor estadounidense, medida por la Universidad de Michigan, todas las miradas se dirigieron a la situación política como la principal culpable, al alimentar un creciente pesimismo que podría acabar afectando con fuerza al crecimiento, al provocar una retracción en el gasto de los consumidores.

Por eso, también puede entenderse la lectura positiva que hicieron inicialmente los mercados de la reapertura. "La reapertura del gobierno federal y la vuelta al trabajo de miles de funcionarios debe servir para impulsar nuevamente al alza la confianza de este colectivo, algo muy relevante, sobre todo teniendo en cuenta que en pocas semanas comienza la temporada de compras navideñas, en la que muchas compañías se juegan una parte importante de sus resultados anuales", explican los expertos de Link Securities.

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Sin embargo, el optimismo inicial se ha ido diluyendo con el paso de los días, a medida que los inversores han reparado en que la reapertura no supone un retorno inmediato a la normalidad, sino que algunas secuelas seguirán afectando el normal funcionamiento de la economía y los mercados. Especialmente, por el retraso en la publicación de una serie de datos clave (significativamente, los referidos al mercado laboral y la inflación), algunos de los cuales es posible que no lleguen a conocerse nunca, lo que deja a los inversores a ciegas sobre la situación de la economía y, por ende, sobre los próximos pasos que pueda dar la Fed.

En este sentido, la reciente sucesión de declaraciones de miembros del banco central, en las que mostraban sus dudas sobre la conveniencia de volver a bajar los tipos cuando se reúnan los próximos 9 y 10 de diciembre, ha llevado al mercado a reducir sensiblemente la probabilidad de una nueva rebaja del precio del dinero en dicho encuentro, lo que ha acabado penalizando a las bolsas.

2. ¿Y si Burry tiene razón?

Al creciente coro de voces que en las últimas semanas han venido advirtiendo contra el excesivo optimismo del mercado en torno a la IA se ha unido con fuerza en las últimas semanas Michael Burry. El inversor que alcanzó la fama por sus predicciones (e inversiones) pesimistas sobre las hipotecas subprime, posteriormente plasmadas en la película La Gran Apuesta, ha alzado la voz para expresar sus dudas sobre las valoraciones alcanzadas por algunos de los grandes referentes de la nueva revolución tecnológica, como Nvidia y Palantir.

Entre otras cuestiones, Burry ha denunciado que algunos gigantes tecnológicos están inflando sus resultados a través de la estrategia de alargar la amortización de sus activos, una vía por la que, calcula, estarían aumentando artificialmente sus ganancias entre 2026 y 2028 por un total de 176.000 millones de dólares.

Desde su éxito en la gran crisis financiera de 2008, Burry ha tratado de anticiparse a la siguiente gran debacle en los mercados en múltiples ocasiones, con escaso tino, y sus recelos sobre las grandes tecnológicas y el boom de la IA son notorios desde hace tiempo, lo que hasta la fecha le habría supuesto quedarse fuera del gran generador de ganancias en las bolsas en los últimos tiempos. De hecho, esta misma semana se ha conocido su decisión de cerrar su fondo Scion Asset Management, tras denunciar que las actuales valoraciones no tienen sentido.

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Lo curioso es que, en esta ocasión, la denuncia de Burry no parece haber caído en tierra baldía, ya que hace semanas que los inversores vienen mostrándose algo más cautos en su aproximación al fenómeno de la IA, una vez que los gigantes de la industria se han embarcado en una carrera de emisiones de deuda para financiar sus ingentes inversiones en una tecnología cuyos retornos aún permanecen difusos.

Además, la denuncia de Burry sobre el alargamiento de los plazos de amortización de los chips por parte de grupos como Meta apunta a una realidad controvertida. Por un lado, parece discutible que en un momento tan incipiente en la revolución de la IA como el actual, las inversiones en activos que hoy en día vienen haciendo los llamados "hiperescaladores" pueda tener una vida útil prolongada. Pero si se asumiera como cierto este planteamiento, el mercado tendría que pasar a cuestionarse sus suposiciones sobre fabricantes como Nvidia, cuyas perspectivas de ventas se verían seriamente afectadas.

Entre tanto, y tras el sobresalto de la semana anterior, los inversores se vienen mostrando notablemente selectivos en sus apuestas de la IA. Por supuesto, premiando a aquellas compañías que ofrecen argumentos para apostar por su éxito en esta revolución, como ha sido el caso de Cisco o de la alemana Infineon. Pero, al mismo tiempo, cuestionándose el posicionamiento en algunos casos en que las valoraciones pueden entenderse como desorbitadas, como en el caso de Oracle (que ha caído hasta un 30% en apenas un mes) o Palantir, que ha restado casi un 15% en seis sesiones.

Este cambio en el sentimiento de los inversores no ha dejado de pasar factura a otras apuestas de corte especulativo, como el bitcoin, que ha caído por debajo de la barrera de los 100.000 dólares tras ceder más de un 20% desde sus máximos de principios de octubre.

3. La banca siempre gana y el Ibex lo celebra

Aunque sin perder de vista lo que ocurre al otro lado del Atlántico, Europa ha sido capaz en la última semana de marcar su propio camino, con avances contundentes que permiten reforzar sus buenos números en 2025. Con los resultados corporativos aún marcando el paso del mercado, las buenas noticias siguen imperando en el Viejo Continente, esta última semana reflejadas en las cifras de grupos como Bayer, Infineon, Richemont o Siemens Energy.

La sensación de que las empresas europeas se encuentran en un punto de inflexión en materia de resultados ha animado en las últimas semanas a algunas firmas de inversión a lanzar previsiones optimistas sobre las perspectivas de las bolsas regionales, con UBS apuntando a que el Stoxx 600 podría anotarse más de un 20% hasta finales de 2027.

En el buen tono reciente de las bolsas europeas ha tenido mucho que ver el comportamiento de la banca, un sector que sigue sin dar muestras de agotamiento, a pesar de los fuertes avances acumulados. Solo en 2025, el índice bancario europeo acumula ganancias superiores al 50%, números que le sitúan en camino a firmar su mejor ejercicio desde 1997.

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El optimismo sobre la banca se ha visto reforzado esta última semana por los contundentes mensajes que llegan desde el entorno del BCE descartando nuevos recortes de los tipos de interés en la región, lo que apuntala las perspectivas de ganancias de un sector que, tras años de tipos bajo mínimos, ha mostrado en el escenario actual su capacidad para disparar sus ganancias.

Con este baluarte, lógicamente, la bolsa española vuelve a lucir como una de las más fuertes de Europa, apuntalando su liderazgo entre los grandes índices mundiales en el año. Y eso a pesar del fiasco que supusieron el jueves las cuentas de Banco Sabadell, recibidas con un llamativo correctivo, que no ha impedido que grupos como BBVA y Santander hayan sellado la semana con alzas en el entorno del 5%, convirtiéndose en los principales motores de un Ibex que se muestra como una máquina de perforar nuevos máximos históricos.

En una semana de emociones fuertes, Europa y Wall Street concluyen con sensaciones muy diferentes, aunque con ganancias casi generalizadas, recuperándose así del bache de la anterior.

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