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El colapso de los bonos expone a fuertes pérdidas a 80.000 M en fondos de renta fija
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Tensión en el mercado de deuda

El colapso de los bonos expone a fuertes pérdidas a 80.000 M en fondos de renta fija

La deuda global registra su peor mes en más de tres décadas y pone contra las cuerdas a aquellos inversores que han buscado en ella unos rendimientos estables

Foto: Un operador de mercados en la Bolsa de Nueva York. (Reuters/Brendan McDermid)
Un operador de mercados en la Bolsa de Nueva York. (Reuters/Brendan McDermid)
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La renta fija pocas veces ha sido menos fija que ahora. Tras años de rendimientos extraordinarios, el viraje emprendido por los bancos centrales para hacer frente a unas presiones inflacionarias inéditas durante las últimas décadas ha provocado un colapso del mercado de bonos como no se recuerda.

Así queda reflejado en los números. A lo largo del mes de abril, el Bloomberg Global Aggregate, un índice que engloba deuda pública y corporativa con grado de inversión en 24 divisas diferentes, ha acumulado pérdidas superiores al 4%, lo que, salvo repunte de última hora, supondría su peor saldo en al menos tres décadas. Desde el inicio del año, sus recortes alcanzan el 9,76%, lo que ha supuesto que la deuda mundial cotice con descuento por primera vez desde 2008 y a su precio más bajo en 28 años. Estas cifras, obviamente, resultan mucho más gravosas en términos reales (es decir, si se tiene en cuenta la inflación, que en España roza el 10%).

Las pérdidas se extienden casi sin excepción por el universo global de los bonos. Ni los emisores tradicionalmente considerados más seguros, como los tesoros públicos de Estados Unidos o Alemania, ni las empresas aparentemente más favorecidas por el contexto económico actual (como petroleras o fabricantes de armas) escapan a un derrumbe que cada vez más voces interpretan como el inicio del pinchazo de una burbuja que los bancos centrales habrían estado alimentando durante años con sus políticas de tipos bajos y compras de activos.

Una de las evidencias más claras del giro que ha experimentado el mercado de deuda es la brusca erradicación de un fenómeno insólito, el de los bonos con rentabilidades negativas, que se había convertido en símbolo de los tiempos más recientes. De los más de 11 billones de dólares en bonos que aún cotizaban en negativo a inicios de 2022 (a finales de 2020 eran más de 18 billones), hoy solo quedan 2,6 billones. Desde este viernes y por primera vez en ocho años, todos los bonos soberanos de la eurozona a plazos de al menos dos años cotizan a tasas positivas.

A medida que la Reserva Federal de Estados Unidos, y también el BCE, ha ido abriendo la puerta a iniciar una intensa carrera para subir los tipos de interés y contener la inflación, la sangría se ha ido agrandando en el mercado de deuda.

"La persistencia de la inflación, que se ha visto agravada por el conflicto en Ucrania, ha forzado a los bancos centrales a dar un giro radical en la dirección de la política monetaria. Esto se verá reflejado en un aumento de los tipos de interés de corto plazo y en una reducción de sus programas de compra de bonos. La consecuencia de todo ello ha sido un repunte de las rentabilidades en todos los plazos de la curva, que ha afectado negativamente a los precios de los bonos", explica Gabriel Pañeda, director de Renta Fija de Mutuactivos.

La intensidad de estas caídas, que han superado con creces las de la renta variable global (el índice MSCI World pierde un 8,4% desde el inicio de 2022), pone incluso en entredicho el que se asume como principal valor de la renta fija como parte de las carteras de inversión: su mayor estabilidad. Históricamente, la inversión en deuda ha ofrecido unos retornos menores que la alternativa bursátil. Sin embargo, su supuesta mayor seguridad la convierten en una opción preferible para aquellos inversores menos dispuestos a asumir riesgos.

Foto: Dinero.

En España, un mercado caracterizado tradicionalmente por el perfil conservador de los inversores, alrededor de 81.300 millones de euros invertidos en fondos de inversión (un 26,23% del total) se encuentran asignados a fondos europeos o internacionales posicionados exclusivamente en renta fija de corto o largo plazo. A esto se añade una parte aún más relevante de fondos que se encuentran expuestos en proporciones significativas a la renta fija, como es el caso de los mixtos de renta fija, que suman un patrimonio al cierre de marzo cercano a los 46.000 millones de euros.

Frente a lo que cabría esperar, esta situación no se ha traducido en una huida de inversores. Al contrario, los datos de Inverco evidencian que, en el conjunto de 2022, los fondos puros de renta fija han captado unos 3.850 millones de euros netos, compensando la salida de dinero del resto del universo de fondos.

Las cifras muestran que, ante un escenario de incertidumbre como el que enfrentan actualmente los mercados financieros, los inversores han tomado el camino natural de reducir riesgos, rebajando su exposición a la bolsa y protegiéndose con deuda. Sin embargo, en esta ocasión esta jugada ha resultado poco efectiva.

Foto: Foto: Reuters/Brendan McDermid

Entre los productos que más dinero captaron durante el primer trimestre se encuentran fondos propios de entidades bancarias como el CaixaBank Master Renta Fija Privada Euro (410,5 millones), el Ibercaja Deuda Corporativa 2025 (200,3 millones) o el Santander Renta Fija Privada (152,4 millones). Todos ellos sufrieron pérdidas superiores al 4% en los tres primeros meses del año y acumulan recortes adicionales en torno al 1,5% a lo largo de abril.

¿Momento de huir u oportunidad?

Ante esta situación son muchos los expertos que advierten de los elevados riesgos de estar invertidos actualmente en productos de deuda, especialmente en bonos de larga duración. La lógica detrás de esta advertencia reside en que el cambio de rumbo de los bancos centrales se encuentra en una fase muy incipiente y, a medida que vayan subiendo tipos y cambiando sus programas de compra de deuda por ventas, provocarán un derrumbe adicional de los precios de los bonos. "Eso va a ser una carnicería", señalaba recientemente, en conversación con El Confidencial, el socio fundador de Nextep Finance, Víctor Alvargonzález. "En cualquiera de los escenarios, parece lógico pensar que las valoraciones actuales no recogen adecuadamente los riesgos a los que nos enfrentamos", observaba sobre la situación del mercado de deuda Ignacio Fuertes, socio y director de Inversiones de Rentamarkets, en una presentación esta misma semana.

En general, quienes se muestran más escépticos sobre las perspectivas de los bonos limitan las oportunidades en este mercado a algunos nichos muy concretos, primando las duraciones cortas y las fórmulas de protección contra la inflación.

Con todo, no faltan voces que consideran errónea la idea de dar actualmente la espalda al mercado de bonos y ven, al contrario, una situación propicia para tomar posiciones. "A medida que los tipos de interés suben, el atractivo de la renta fija sube. Por poner un ejemplo, comprar un bono del Tesoro español a 10 años ahora, cuando su rentabilidad es del 1,90%, es mucho mejor inversión que haberlo comprado en diciembre de 2020, cuando llegó a cotizar a tipos negativos. El que compró entonces ha perdido bastante dinero debido al movimiento en los tipos (un 12,5%, aproximadamente), pero el que compra hoy tiene unas expectativas de rentabilidad mucho más razonables", defienden en Mutuactivos, donde aseguran que, tras iniciar el año con mucha liquidez por la falta de oportunidades, han ido engordando su cartera de deuda a medida que se han ido incrementando las rentabilidades (que evolucionan de forma inversa al precio).

Mutuactivos y UBS creen que la deuda ya recoge en precio el giro de la política monetaria

En opinión de Pañeda, gran parte de las pérdidas a las que podría conducir el endurecimiento de la política monetaria ya están recogidas en los precios actuales de los bonos, lo que reduce el margen para caídas adicionales. "Tras la sorpresa inicial, el mercado ya tiene mucho descontado en los precios. Los futuros de tipos descuentan subidas de 250 y 75 puntos básicos por parte de la FED y el BCE durante 2022. La rentabilidad real (ajustada por expectativas de inflación) del bono americano a 10 años ya está, prácticamente, en cero, y el aplanamiento de la curva americana indica que unos tipos mucho más altos podrían generar una recesión", indica.

Una idea similar defiende Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS en España, quien considera que el mercado de bonos se aproxima a un punto de inflexión por tres motivos: "La inflación está tocando techo y caerá con fuerza a partir del verano, ya están más que descontadas las subidas de tipos que caben esperar en este ciclo y el mercado está masivamente infraponderado de bonos a medio y largo plazo".

Foto: EC.

En su opinión, al tener asumidas una amplia cantidad de subidas de tipos tanto en EEUU como en Europa (13 y siete subidas de un cuarto de punto, respectivamente, hasta 2023), los mercados de deuda se encuentran protegidos del riesgo de verse sorprendidos por este movimiento e, incluso, podrían reflejar con un alivio de las rentabilidades cualquier relajación de esta senda.

"Para los inversores que estaban esperando a poner a trabajar la parte conservadora de sus ahorros, ha llegado el momento de empezar a construir una cartera de fondos de renta fija", afirma Scholtes, quien subraya que en UBS prevén una próxima relajación de las curvas de rendimiento de la deuda, que podrían llevar la tasa del bono estadounidense a 10 años a cotas en torno al 2,5% y al Bund alemán al entorno del 0,6% (frente al 2,9 y el 0,96% en que se sitúan actualmente).

"Además, como no esperamos una recesión, los diferenciales crediticios podrían comprimirse otro tanto. De ser así, los fondos de deuda pública podrían generar retornos netos en 12 meses de entre el 1% y el 2%, los bonos corporativos entre el 3% y el 5%, y la deuda soberana de países emergentes incluso más del 6%", añade.

La renta fija pocas veces ha sido menos fija que ahora. Tras años de rendimientos extraordinarios, el viraje emprendido por los bancos centrales para hacer frente a unas presiones inflacionarias inéditas durante las últimas décadas ha provocado un colapso del mercado de bonos como no se recuerda.

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