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Europa se enfrenta a las protestas entre el riesgo de elevar la inflación y el de recesión
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ANTE LOS EFECTOS DE LA GUERRA DE UCRANIA

Europa se enfrenta a las protestas entre el riesgo de elevar la inflación y el de recesión

Las gestoras avisan del riesgo real de echar aún más leña al fuego de la inflación con las distintas intervenciones para ayudar en la compra de combustibles

Foto: Bandera por la paz entre Ucrania y Rusia en un estadio. (Reuters/Mascolo)
Bandera por la paz entre Ucrania y Rusia en un estadio. (Reuters/Mascolo)
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La guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia, así como las respuestas de Moscú, han ahondado en el riesgo de inflación descontrolada que ya tenían Europa y Estados Unidos antes de la invasión. El malestar se dispara y los gobiernos toman medidas a contrarreloj. Pero el equilibrio entre no contribuir a más inflación y evitar el fantasma de la recesión no es fácil, advierten los expertos. De hecho, las políticas que puedan tomar gobiernos y bancos centrales afectarán positivamente a uno de los objetivos y negativamente al otro de forma inevitable.

Gestoras y bancas privadas están recomponiendo con prisa sus cuadros de perspectivas, que cambian radicalmente cada semana. En España, Moncloa ha acordado con asociaciones de transportistas ayudas por más de 1.050 millones. En Alemania, el Ejecutivo de Olaf Scholz dará 300 euros a cada contribuyente y rebajará los carburantes. En Francia, se estima que las políticas para compensar la escalada del gas, la gasolina o el diésel y la electricidad suman 26.000 millones. Portugal e Italia también han tomado medidas.

El impacto en la renta disponible por la inflación en energía y alimentos será de entre el 1% y el 3% en las principales economías, según las previsiones de Credit Suisse, indica el analista Peter Foley. "En igualdad de condiciones, más gasto en energía y alimentos significa menos gasto en otros bienes y servicios", añade.

Foto: Un tercio de las empresas ha tenido que parar obras en marcha. (EFE/Jesús Diges)

La presión ciudadana, especialmente en segmentos como los transportistas, que se han movilizado en España los últimos días, obliga a los gobiernos a actuar. "Están bajo presión para responder, pero las acciones deben ser específicas", avisa Foley. Las presiones inflacionarias están impulsadas por la oferta, con el rechazo del petróleo ruso, la incertidumbre sobre el suministro futuro de gas a Europa, las dificultades en las cadenas de suministro mundiales o escasez en algunos segmentos del mercado laboral, especialmente en Estados Unidos, enumera Foley.

Pero "estímulos indiscriminados como cheques o helicóptero de dinero (distribuir dinero a toda la población) solo fortalecerían aún más la demanda y exacerbarían el problema del aumento de la inflación". En concreto, prosigue, estas políticas aumentarían la probabilidad de que “las expectativas de inflación se desanclaran y aumentarían el riesgo de que los bancos centrales tengan que subir los tipos a niveles más altos”. "Creemos preferibles las medidas específicamente dirigidas a los transportistas y usuarios más vulnerables que aquellas indiscriminadas. Según nuestras expectativas, la combinación de rebajas temporales de los impuestos sobre la energía y las destinadas a acelerar la transición energética rondarán el 0,5% del PIB. Esto ayudará a amortiguar el impacto negativo sobre el crecimiento en tres o cuatro décimas", añade Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS España.

Por su parte, William de Vijlder, economista jefe de BNP Paribas, cree que "las expectativas de los hogares dependerán de si se sienten más o menos inseguros sobre el futuro, lo que esperan en términos de desarrollo del mercado laboral (el desempleo dejará de disminuir o incluso aumentará) y la inflación. Las expectativas de inflación están impulsadas por lo que se lee en los medios y la experiencia diaria al comprar. Las medidas fiscales no alterarán sus expectativas, aunque son bienvenidas para amortiguar el impacto sobre el poder adquisitivo proveniente de la alta inflación".

¿Estanflación, inflación desbocada o recesión?

Así, hay un riesgo de raíz que ya están avisando las casas de inversión, que de inicio rechazaban pensar en un símil con la estanflación de los años 70 y ya lo mencionan más a menudo en sus análisis para clientes. La tesis de partida es que no se iba a repetir la historia. Ante la crisis del petróleo con la guerra de Yom Kippur y la prohibición de envío de petróleo desde países de Oriente Medio a Estados Unidos, se disparó la inflación y los sindicatos respondieron con exigencias de más salarios y los gobiernos con políticas de demanda ante un 'shock' de oferta.

El escenario central actual es que las expectativas de inflación están desancladas a la inflación. No hay salarios subiendo al mismo ritmo, y la demanda tenderá a contraerse por los precios, provocando un ajuste en el medio plazo. Las previsiones del Banco Central Europeo (BCE), de hecho, son de inflación media del 5,1% en 2022, reculando hasta el 2,1% en 2023 y el 1,9% en 2024. Aunque la presidenta, Christine Lagarde, admitió que hay incertidumbre y riesgos a la baja, el pronóstico es que el aumento de los precios se modere.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE/Wittek)

Las expectativas de crecimiento también se han reducido. El BCE ahora pronostica una expansión del PIB de la eurozona del 3,7% en 2022, frente al 4,2% anterior, mientras que para el próximo ejercicio la ha reducido una décima, hasta el 2,8%, y en 2024 sigue esperando un 1,6%. Así, la guerra de Ucrania ha pegado un mordisco a la generación de riqueza de la eurozona. El banco central presentó estas proyecciones el 10 de marzo, siendo la primera institución en actualizar sus predicciones. El mercado da por hecho nuevos recortes a medida que lleguen nuevas previsiones oficiales.

De hecho, los expertos ya han empezado a considerar el riesgo de recesión. El Bundesbank ya avisó de que Alemania va encaminada a entrar en recesión, y es probable que la parálisis de suministros y el golpe a la demanda que han provocado los parones en la distribución y la propia inflación alteren el crecimiento de la economía a lo largo de Occidente.

Foto: Protesta del transporte en Madrid. (Reuters/Susana Vera)

"La pregunta macro clave es si la alta inflación actual se reflejará en el crecimiento de los salarios. Si lo hace, la inflación se afianzará. Si no es así, es probable que la contracción de los salarios reales provoque una recesión", advierte Simon Ward, economista de Janus Henderson. A su juicio, se ha producido la tormenta perfecta, ya que el 'shock' que supone la guerra de Ucrania llega tras la expansión monetaria por el covid.

Como los estímulos monetarios se empiezan a replegar y, de hecho, el BCE y la Reserva Federal (Fed) han adelantado la retirada pese a la incertidumbre sobre la demanda que genera la guerra de Ucrania y la inflación. El crecimiento de la masa monetaria "está volviendo al ritmo anterior al covid en las principales economías. Con la reducción del QE (compras de activos) y el aumento de tipos de interés, es poco probable que esta desaceleración se revierta", comenta Simon Ward.

El economista asume así una desaceleración económica, dado que "el riesgo de que la alta inflación se incorpore a las expectativas y la fijación de salarios está disminuyendo". Eso sí, implica "una perspectiva económica dolorosa a corto plazo, ya que los salarios reales y el gasto se ajustan a la baja".

Impacto desigual

Bancos centrales y gobiernos se enfrentan a un 'trade off', que es como se conoce en economía a los objetivos contrapuestos. A corto plazo, el principal impacto de la guerra será consolidar una inflación excepcionalmente alta. A medio plazo, preocupa que se entre en una espiral inflacionista. Pero también que haya una reducción del crecimiento económico. "Enfrentados a un dilema similar a mediados de la década de 1970, los formuladores de políticas volvieron a la relajación, permitiendo que el crecimiento del dinero se recuperara y que la alta inflación se volviera permanente. La prueba para sus sucesores está por venir", resume Ward.

Foto: La inflación golpea la cesta de la compra. (EFE/David Arquimbau Sintes)

Otro problema adicional, y no menos importante, es que esta crisis vuelve a ser desigual. De hecho, a corto plazo muchos hogares podrían tener capacidad para soportar el aumento de la inflación debido al exceso de ahorro en 2020 y 2021 por la pandemia. Tanto por la incertidumbre como por las restricciones, que disminuyeron el gasto y aumentaron las tasas de ahorro. En España, los depósitos están en máximos históricos, con un billón (millón de millones) de euros por parte de los hogares, además de entradas récord en fondos de inversión españoles con 25.722 millones, según la patronal Inverco.

Sin embargo, el riesgo de la visión de que los hogares han acumulado ahorros durante el coronavirus es que "probablemente se concentran entre las personas de altos ingresos (no tenemos grandes datos sobre la distribución de los ahorros). Las facturas de energía constituyen una parte mayor del gasto de los hogares de bajos ingresos, y su capacidad para usar los ahorros para suavizar el impacto podría ser limitada", comenta Peter Foley, de Credit Suisse. "La disminución del poder adquisitivo actúa como un obstáculo para el aumento del gasto de los hogares. Las familias con una tasa de ahorro baja o nula tendrán que reorganizar la asignación de sus gastos (más en energía y alimentos, menos en otros rubros)", añade William de Vijlder, de BNP.

La guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia, así como las respuestas de Moscú, han ahondado en el riesgo de inflación descontrolada que ya tenían Europa y Estados Unidos antes de la invasión. El malestar se dispara y los gobiernos toman medidas a contrarreloj. Pero el equilibrio entre no contribuir a más inflación y evitar el fantasma de la recesión no es fácil, advierten los expertos. De hecho, las políticas que puedan tomar gobiernos y bancos centrales afectarán positivamente a uno de los objetivos y negativamente al otro de forma inevitable.

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