De Zoom a PharmaMar: los destronados por las vacunas no encuentran consuelo en ómicron
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De Zoom a PharmaMar: los destronados por las vacunas no encuentran consuelo en ómicron

Muchos grupos que vivieron una época de bonanza en la primera parte de la pandemia luchan hoy por cumplir con las enormes expectativas que generaron entonces

Foto: Ilustración con el logo de Zoom. (Dado Ruvic/Reuters)
Ilustración con el logo de Zoom. (Dado Ruvic/Reuters)

Resulta difícil imaginar que haya nadie que añore los tiempos más duros de la pandemia, aquellos en los que el confinamiento fue la norma para una gran parte de la población mundial. Pero desde un punto de vista exclusivo centrado en los mercados financieros sí es posible pensar en empresas que miran a aquellos tiempos con cierta nostalgia.

El estallido de la pandemia supuso un fenómeno transformacional en todos los ámbitos de la vida y tuvo, por supuesto, un reflejo notable en el mundo de la inversión. De la noche a la mañana, los inversores se vieron forzados a rehacer sus premisas para el futuro, lo que conllevó que una serie de negocios, en muchos casos relegados hasta entonces a una posición muy secundaria, se convertían en las apuestas predilectas de los mercados.

Compañías de comercio electrónico, proveedores de servicios de comunicación a distancia, desarrolladores de 'software' y creadores de videojuegos, firmas de biotecnología, proveedores de tecnologías limpias o fabricantes de equipamiento para piscinas gozaron de una repentina bonanza sobre el parqué, a medida que los inversores trataban de adaptarse a los cambios de largo plazo que se entendía que iban a derivarse de aquella experiencia.

Foto: EC

Hoy, cuando el mercado encara el segundo aniversario de la aparición del covid-19, bastantes de estas tendencias parecen suficientemente consolidadas, pero otras muchas se han ido diluyendo, cuestionando el relato que había sostenido su auge previo y dando paso a un derrumbe casi tan acelerado como la escalada anterior.

Quizás, el caso más paradigmático sea el de Zoom. Este proveedor de servicios de videollamada se convirtió en una de las grandes revelaciones durante el primer periodo de la pandemia. La reclusión a la que muchas personas se vieron obligadas a nivel mundial convirtió esta herramienta —y varias otras semejantes— en un indispensable para todo tipo de reuniones, sociales, familiares y, por supuesto, de trabajo.

El 'boom' en su uso vino acompañado de un estallido de su cotización: entre febrero de 2020 y octubre del año pasado sus títulos se revalorizaron cerca de un 500%, llevando su valoración desde los poco más de 26.000 millones de dólares hasta niveles por encima de los 160.000 millones, lo que suponía valorarla más que cualquier cotizada de la bolsa española. Su PER estimado (la relación entre su valoración y las ganancias esperadas para el ejercicio siguiente) llegó a superar las 160 veces, cuadruplicando la media del Nasdaq Composite.

Tras revalorizarse casi un 500%, Zoom ha perdido más del 60% de su valor en 14 meses

Poco después de aquello, sin embargo, ocurriría un suceso que marcaría el devenir del mundo y, con ello, de los mercados, representando un punto de inflexión para Zoom. El anuncio por parte de Pfizer, los primeros días de noviembre, de que la vacuna en la que trabajaba había alcanzado un 90% de efectividad contra el coronavirus abrió las puertas a un próximo retorno de la normalidad y escribió el fin de la escalada de la compañía de videocomunicación.

A medida que la situación sanitaria fue permitiendo una progresiva vuelta a las actividades presenciales, los inversores fueron dando la espalda al grupo, que hoy cotiza más de un 60% por debajo de sus máximos. Y ni siquiera el paso atrás en la lucha contra la pandemia con que amenaza la variante ómicron ha infundido ningún aliento a su decaída cotización.

Los inversores muestran así su convicción de que ni en el peor de los casos este nuevo rebrote conduciría a una situación de reclusión generalizada como la experimentada en la primavera de 2020. Además, ahora Zoom debe hacer frente a un creciente número de competidores. Pero, sobre todo, ha perdido el apoyo que supuso en la primera parte de la pandemia la creencia de que tendencias como las del teletrabajo acabarían arraigando de forma masiva en la etapa posterior a la pandemia.

Foto: Eric Yuan, CEO de Zoom, el día de su salida a bolsa en 2019.

Así, aunque el grupo sigue evidenciando tasas de crecimiento muy sólidas —su beneficio por acción creció un 35% interanual en el tercer trimestre—, son las dudas sobre sus perspectivas a más largo plazo las que han llevado a los inversores a darle la espalda.

Europa también cuenta con historias equiparables a las de Zoom, como son el caso del grupo sueco de mensajería instantánea Sinch o la de la empresa alemana, Team Viewer, enfocada en proveer soluciones para el control de equipos informáticos en remoto. En ambos casos, los inversores acabaron asumiendo más pronto o más tarde, que su capacidad para convertir el auge de su uso durante la pandemia en ingresos recurrentes había sido exagerada y hoy cotizan más de un 46 y un 70% por debajo de sus respectivos máximos.

En muchos casos el error de los mercados no ha estado tanto en detectar determinadas tendencias, sino en ser capaz de calibrar el verdadero impacto de las mismas o, simplemente, quiénes serían los que más se favorecerían.

Es lo ocurrido, por ejemplo, en el caso del comercio 'online'. Hoy resulta indiscutible que el coronavirus ha supuesto un acelerón para las dinámicas de compraventa a través de Internet, que se venían abriendo paso desde hacía años pero de forma mucho más vacilante.

La polaca Allegro.eu duplicó su valor en su primer mes en bolsa, superando el de Telefónica

En el ánimo de subirse al carro vencedor de esa tendencia, los inversores parecen haber cometido una serie de excesos que han acabado tornando en duros reveses. Uno de los más contundentes tiene como protagonista a Allegro.eu, una plataforma de comercio 'online' líder en Polonia, que hizo su debut en bolsa el pasado 12 de octubre y llegó a duplicar su precio en su primer mes en bolsa, superando los 20.000 millones de euros de valoración (más de lo que vale hoy Telefónica).

Desde entonces, sin embargo, los inversores han comprobado cómo sus expectativas de rentabilidad para la compañía se han revelado inconsistentes, ya que ha tenido que sacrificar márgenes para enfrentarse a poderosos competidores como Amazon, AliExpress o Shopee. El valor de sus acciones ha caído más de un 60% desde máximos, cotizando por debajo de su precio de salida a bolsa.

La cadena británica de supermercados online Ocado, el grupo suizo de venta de productos farmacéuticos por internet Zur Rose o la compañía estadounidense de soluciones de comunicación digital para empresas Twilio son otros ejemplos de esta realidad. Todas ellas han sufrido recortes entre el 34 y 45% desde sus máximos de inicios de año.

placeholder El auge de los juegos 'online' impulsó el precio de las compañías del sector. (Álvaro Reyes para Unsplash)
El auge de los juegos 'online' impulsó el precio de las compañías del sector. (Álvaro Reyes para Unsplash)

Otra industria que vio dispararse sus perspectivas durante el confinamiento fue la de los videojuegos 'online', que experimentaron un súbito repunte de usuarios que dejó su huella en las cotizaciones del sector, desde las de los más grandes, como Nintendo (que escaló un 120% entre marzo de 2020 y junio de este año) a firmas más pequeñas, como la coreana Gravity Co, que multiplicó por casi siete veces su valoración bursátil desde el estallido de la pandemia y hasta finales del pasado ejercicio, para destruir más de dos tercios de su valor desde entonces.

Los nombres del grupo estadounidense de productos de fitness para el hogar, Peloton Interactive, o las firmas chinas de tecnología para la limpieza del hogar, Beijing Roborock o Ecovacs Robotics, sirven también como ejemplos de cómo se han apagado bruscamente algunos excesos de euforia de la primera parte de la pandemia.

Los 'desheredados' españoles

En el caso del mercado español también es posible detectar compañías que encontraron en el contexto generado por la pandemia un trampolín para levantar el vuelo en bolsa. Dos casos muy significativos son los de Fluidra y Laboratorios Rovi.

La primera se vio favorecida por un llamativo movimiento de personas hacia casas más grandes, equipadas con piscina, y por la tendencia de quienes ya contaban con una a invertir más en ellas. Este movimiento, que también ha sido aprovechado por algunos de los grandes rivales de Fluidra, como Pentair y Poolcorp, no ha dejado de generar dudas entre los expertos sobre su sostenibilidad en el tiempo. Sin embargo, las acciones del grupo que dirige Eloi Planes han mantenido hasta el momento su dinámica positiva, y pese a algunas dudas recientes (cotiza un 15% por debajo de su máximo histórico, que data de septiembre), se mantiene más de un 300% por encima del precio que marcó en su peor momento de la pandemia, en marzo de 2020.

También Rovi ha conseguido dar continuidad al empuje inicial y hoy cotiza cerca de cotas récord, tras revalorizarse un 146% desde que la pandemia comenzó a azotar al mercado español (y más de un 200% desde los mínimos de marzo). En su caso también existen incertidumbres sobre las perspectivas a medio plazo del que ha sido uno de sus grandes catalizadores en este periodo: su colaboración con Moderna para la preparación de la vacuna contra el coronavirus, a la que ómicron podría dar un nuevo impulso. En cualquier caso, entre los expertos predomina la idea de que cuenta con palancas alternativas para mantener unas dinámicas de crecimiento muy positivas.

Foto: Cotización en el interior del Palacio de la Bolsa de Madrid. (EFE/Alonso del Val)

El caso opuesto al de Rovi lo representa PharmaMar. La compañía de José María Fernández Sousa-Faro se erigió durante 2020 en una de las sensaciones de la bolsa española, con ganancias de hasta el 350% en apenas cuatro meses.

Aunque la compañía heredera de la antigua Zeltia contó con buenas noticias para su negocio, relacionadas con su fármaco Zepzelca, su explosión en el parqué estuvo envuelta en mensajes poco transparentes sobre su posible participación en la lucha contra la pandemia, que si bien nunca recibieron mucho crédito entre los analistas sí parecían generar ciertas expectativas en los inversores.

A medida que fue quedando en evidencia que el grupo tenía poco que decir en la carrera por eliminar el covid y que sufrió algunos reveses en otras áreas de su negocio, su cotización inició una carrera a la baja que le ha llevado a cotizar hoy más de un 60% por debajo de su récord. A los niveles actuales son muchos los analistas que consideran que existe valor en sus acciones (Bestinver le otorga un potencial en torno al 120%). Pero la ausencia de catalizadores previsibles en el corto plazo —no se espera la aprobación definitiva de Zepzelca en Estados Unidos hasta finales de 2022— deja pocas opciones a las que aferrarse para una reacción de su cotización. Y nadie parece esperar ya que, ni siquiera con el surgimiento de la variante ómicron, PharmaMar pueda engancharse al negocio de los remedios contra la pandemia.

La pérdida de pujanza de las renovables ha sido un caso generalizado a nivel internacional

También es reseñable lo ocurrido con el sector de las renovables, con Solaria a la cabeza. En este caso, el impulso derivado del coronavirus llegó de forma indirecta, ya que los inversores se aferraron a estas compañías al comprobar que distintos gobiernos preparaban planes de inversión milmillonarios para acelerar la transición energética, como parte de sus estrategias para revitalizar sus respectivas economías tras el 'shock' del virus.

Así, el despegue de las acciones de Solaria (como el de varios de los grupos de su sector, como Grenergy, Solarpack o Soltec) fue algo más tardío, pero se prolongó hasta inicios de 2021. En ocho meses, la compañía que preside Enrique Díaz-Tejeiro llegó a multiplicar por más de cinco el precio de sus acciones, rozando los 4.000 millones de euros de capitalización el pasado mes de enero.

A partir de ahí el grupo se vio afectado por un movimiento de repercusión internacional (grupos como Plug Power, Sunpower, CS Wind o Sunrun han dibujado trayectorias similares) en el que los inversores hicieron un brusco ajuste de sus estimaciones para el sector. La combinación de una perspectiva de tipos de interés al alza, la fuerte competencia, el encarecimiento de las materias primas y, más recientemente, la crisis de los precios energéticos son algunos de los lastres que han penalizado al sector a lo largo del ejercicio. Y a todo esto Solaria ha añadido ciertas dudas sobre su capacidad para cumplir con sus objetivos de desarrollo de potencia instalada. El resultado de todo esto ha sido que su cotización se ha desinflado cerca de un 50%, regresando a los niveles en que se negociaba en el verano de 2020.

Solaria difícilmente puede confiar que un rebrote de la pandemia le devuelva a sus días dorados sobre el parqué. Solo nuevas evidencias de que la compañía es capaz de llevar a buen puerto su hoja de ruta parecen la clave para reactivar su cotización.

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