Gestoras y bancas privadas ya se abren a externalizar el director de Inversiones
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SIGUIENDO EL MODELO ANGLOSAJÓN

Gestoras y bancas privadas ya se abren a externalizar el director de Inversiones

La necesidad de diversificar activos, la presión regulatoria y en costes lleva a firmas medianas a apoyarse en externos, siguiendo el modelo anglosajón

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Si usted compra un fondo de inversión, puede que parte de la gestión se apoye en servicios externos. Sobre todo si lo hace en firmas de tamaño medio. Es decir, si no es en uno de los gigantes del mercado como son los grandes bancos o en pequeñas 'boutiques' basadas en la selección de empresas por parte de un famoso gestor. Siguiendo el modelo anglosajón, con esta vía pueden ampliar el catálogo de activos y controlar los costes. Se extiende así la figura del director de inversiones externo (Outsourced CIO, OCIO, por sus siglas en inglés).

La industria de activos bajo gestión vive un contexto en el que hay un cóctel de tendencias que obliga a multitud de firmas a abrirse al modelo anglosajón y externalizar servicios, incluyendo parte de la gestión del patrimonio de los clientes, que es el elemento central del negocio. En Estados Unidos o Reino Unido es habitual que se externalice la inversión. Ya sea una ‘boutique’ que quiere ofrecer invertir en un activo en el que no tiene experiencia, o porque es una entidad que aglutina activos sin tener equipo gestor, como puede ser una universidad con planes de pensiones para el profesorado.

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Los planes de empleo llevan años sin crecer en España, aunque ahora el Gobierno ha incrementado la aportación anual de 8.000 euros a 8.500 euros a cambio de reducirla en los planes individuales de 2.000 euros a 1.500 euros (ya el año pasado la recortaron desde 8.000 euros). La mayoría de planes están bajo gestión de la banca, aunque también hay consultoras especializadas.

Sin embargo, estas firmas enfocadas en proveer servicios y gestión de forma externa están encontrando ahora en España un nicho entre pequeñas y medianas firmas, en un rango de patrimonio de entre 5.000 millones y 10.000 millones. Como se ha dicho, se trata de entidades que quieren lanzar nuevos productos para los que no tienen equipo o que necesitan reforzar algunas capacidades como el análisis de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés), el control de riesgos o labores de administración.

Los principales jugadores a escala global en la externalización de servicios financieros para el sector son, por orden, Mercer, con 349.400 millones de dólares gestionados (de forma externalizada); Russel Investments, con 267.600 millones; Goldman Sachs, con 157.200 millones; BlackRock, con 145.400 millones, o Aon, con 136.400 millones, según datos de las entidades al cierre de 2020.

En España, los bancos han dado mandatos o se han aliado con algunas grandes gestoras internacionales para reforzar capacidades. CaixaBank, por ejemplo, tiene carteras de gestión discrecional asesoradas por Amundi, JP Morgan, Morgan Stanley, Nomura y Robeco. Mientras que Santander lanzó los fondos Santander Go gestionados por Morgan Stanley, Robeco, JP Morgan, Pimco y Amundi. Asimismo, la gestora del grupo cántabro contrató los servicios de la plataforma Aladdin, de BlackRock, para el control de riesgos.

Foto: Una mujer saca dinero de una entidad bancaria. (iStock)

Estos son ejemplos en la gran banca, pero donde más está calando la externalización de servicios es un peldaño por detrás en tamaño, donde, por escala, gestoras de fondos y bancas privadas tienen más difícil crear nuevos equipos para ampliar su oferta de productos. “Tenemos un contexto de mayores presiones regulatorias y más competencias en costes, mientras que crece la proporción de fondos de terceros en las carteras. Con ello, hay una tendencia global a que firmas de mediano y pequeño tamaño externalicen actividades como la construcción de carteras, la inversión en activos concretos o la selección de fondos de terceros”, apuntan en Mercer.

Mercer y grandes gestoras internacionales con el servicio de OCIO (director de inversiones externalizado) compiten por ganar mercado. Fuentes del sector coinciden en que ha sido con la pandemia cuando se han empezado a cerrar más operaciones. Ya con la entrada de MiFID II, en medio de un auge de la gestión pasiva, los proyectos independientes y más regulación, empezó el interés por esta figura. Pero este año es cuando se está cristalizando con más operaciones.

Las cifras aún están lejos de los números que se ven a escala global, donde se estima que hay dos billones (millones de millones) gestionados con esta fórmula. Si bien en Estados Unidos y otros países hay tradición por esta figura, especialmente con mandatos. Ahora, lo que se está viendo en España, además del contexto mencionado, es que los clientes demandan nuevos activos.

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No todos los inversores pueden tener un 100% de su cartera en renta variable. Simplemente por el perfil de riesgo o el horizonte temporal. Y con los tipos reales negativos (descontando la inflación), la renta fija conservadora asegura pérdidas de poder adquisitivo. Los gestores se ven obligados a acudir a otros activos de renta fija, como emergente o ‘high yield’. Y, sobre todo, los clientes demandan nuevos activos.

Entre ellos están los alternativos como grandes receptores de flujos de dinero. Desde el sector inmobiliario, tanto residencial como oficinas y, sobre todo, recientemente, logística, como la inversión en capital riesgo o en generación eléctrica a través de renovables. El objetivo es invertir en la economía real y descorrelacionar las carteras de las bolsas o la deuda. Pero las gestoras medianas y las bancas privadas sin gran escala tienen capacidades limitadas en estos activos, por lo que se abren a externalizar la inversión, ya sea parcial o totalmente.

Las soluciones subcontratadas pasan desde ayuda con el reporte de datos que exige MiFID II, la monitorización de las carteras o el control de riesgos, hasta la selección de fondos de terceros o la estrategia en ESG. Los perfiles que contratan, de hecho, son el consejero delegado de la entidad para ampliar capacidades o el equipo de selección para mejorar el análisis de fondos, según entidades consultadas.

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