Sabadell tira de bonos estructurados para competir en banca privada
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PESE AL HISTORIAL DE LITIGIOS DEL PRODUCTO

Sabadell tira de bonos estructurados para competir en banca privada

El banco quiere recuperar terreno en el asesoramiento y gestión de los altos patrimonios y está apostando por bonos estructurados pese a una década de litigios

placeholder Foto: Edificio de Sabadell en Barcelona. (Reuters)
Edificio de Sabadell en Barcelona. (Reuters)

Los bonos estructurados vuelven a estar encima de la mesa, aunque solo para los patrimonios más altos. Si ya con el hundimiento de las expectativas sobre los tipos de interés por el covid los bancos internacionales más especializados en banca privada rescataron este producto, en 2021 está siendo Banco Sabadell el que está apostando por ello.

La entidad que preside Josep Oliu quiere ganar terreno en banca privada, cuya dirección ha tenido cambios ante la salida de Pedro Dañobeitia y el mando directo otorgado a Ramón de la Riva, que ya supervisaba la actividad desde 2019. En realidad, la entidad ha puesto el foco, con el nuevo consejero delegado, César González-Bueno, en incrementar su capacidad de generar ingresos por diferentes vías, y en ello cobra importancia el asesoramiento y la gestión de altos patrimonios, apoyándose tanto en los productos de Amundi tras la compra de la gestora de fondos como en la gestión directa desde la gestora de Urquijo, que sigue dentro del banco.

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Sin embargo, la situación de tipos de interés bajos o negativos, así como la correlación reciente entre renta fija y renta variable, ha elevado el desafío de crear valor que justifique el cobro de comisiones. Mientras otros competidores están apostando por estrategias alternativas, como renovables, inmobiliario o deuda de pymes, Sabadell está ofreciendo bonos estructurados.

Estos productos consisten en establecer un subyacente y, a través de derivados, ofrecer tres escenarios en un plazo determinado: cobrar un cupón anual y recuperar el principal, recuperar solo el principal y recuperar una parte del principal. Para cada escenario, depende del comportamiento del subyacente. Obviamente, cuanto mayor riesgo, mayor es el cupón potencial.

Normalmente, este tipo de productos está destinado a clientes conservadores (o, al menos, no muy agresivos) que quieren ingresos periódicos pero no asumir la volatilidad de la renta variable. Así, son una alternativa ante la ausencia de cupones que ofrece la deuda pública o corporativa con grado de inversión. Pero no están exentos de riesgos, especialmente legales, ya que en la última década ha habido un largo historial de litigios tanto de pequeños como de grandes patrimonios.

Pero eso no ha evitado su uso. Entre marzo y abril, Sabadell ha estado ofreciendo cinco tipos de bonos estructurados, cuatro para perfiles prudentes y uno para un perfil equilibrado, con un punto más de tolerancia al riesgo. Este último tiene como subyacentes al EuroStoxx 50 y al Ibex 35, con un plazo de tres años. Cada semestre, el cliente recibe un cupón equivalente al 2,75% anual sobre el capital invertido si los índices están igual o por encima del 80% del valor inicial, mientras que si están por encima del 100%, se recupera el nominal y se cancela la estructura. A vencimiento, habrá pérdida del capital inicial si alguno de los índices está por debajo del 65%, y la depreciación sería igual a la del peor índice en comportamiento.

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Los otros estructurados son más conservadores. Otro estructurado también sobre el Eurostoxx 50 y el Ibex 35 es a cinco años. El 31 de marzo de 2022, un año después de la inversión inicial, el cliente recibe el 3,75% sobre el 50% de la inversión y se amortiza el 50% del nominal. La parte variable (la mitad) supone un cupón del 3,75% anual si los índices superan el 90% de la inversión inicial, y se cancela el producto si sobrepasan el 100%. Pero a vencimiento, hay pérdida si alguno de los índices está por debajo del 75%.

También hay productos ligados a valores concretos, como un estructurado con Volkswagen de subyacente a cinco años. El cliente recibe a los seis meses un cupón del 1,1% anual sobre la parte fija, que es el 95% del nominal, que además se amortiza. El 5% restante es variable, y dará lugar a un cupón equivalente al 1,1% anual, con memoria de cupones no pagados, si la acción supera el 100% del valor inicial; en caso contrario, no paga cupón, con pérdida de capital posible si cae del valor inicial del 80%.

Sabadell también ha estado comercializando dos estructurados con subyacente de Sanofi y Koninklijke Philips NV. El 70% de la inversión es fijo, y sirve para un cupón del 4% tras un año amortizándose esta parte. Para el resto, si los subyacentes superan el 90%, se paga cupón del 4%, con memoria de los no pagados, y si supera el 100%, se cancela. A vencimiento, hay pérdida si alguno de los dos valores cae del 75% inicial. Este producto tiene versión en euros y en dólares.

Experiencia en estructurados... y litigios

Con esta vía, Sabadell busca usar su experiencia en estructurados para generar valor más allá de la inversión tradicional en bonos y acciones. El banco presume ante clientes de tener ‘expertise’ con estos productos, y pone encima de la mesa el premio en 2021 por parte de la organización Structured Retail Product como distribuidor de estructurados y por rentabilidad.

No obstante, los estructurados también han sido un quebradero de cabeza desde 2008 tanto para Banco Sabadell como para el sector. Aún ahora, hay litigios que han llegado al Supremo sobre casos abiertos hace una década porque, con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la secuencia de desplome del valor de activos financieros y la quiebra de diferentes empresas, muchos clientes perdieron toda o parte de su inversión. El mes pasado, por ejemplo, el Supremo inadmitió un recurso de Bankinter sobre la reclamación de un cliente, que consiguió que el banco tuviera que devolverle parte de su inversión en un bono estructurado vinculado a Lehman Brothers, que quebró en 2008.

La CNMV considera los estructurados productos complejos, con lo que se necesita un test de idoneidad del cliente para invertir en ellos si no está garantizado más del 90% del capital. Además, las pérdidas masivas de clientes que invirtieron en estructuras en los años previos a la crisis de deuda de 2011 y 2012 aumentaron la litigiosidad, y los bancos quieren evitar otro episodio similar con los particulares.

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En banca privada es diferente, y hay entidades rescatando estos productos, pese a que también ha habido litigios relevantes. El propio Sabadell ha tenido dos sentencias en direcciones opuestas en el último año, con reclamaciones de varios millones de euros. El año pasado, ganó en el Supremo a la sociedad Liemda XXI, de la familia Solesio-Bosch (empresarios del sector de recogidas de basura), que reclamó 3,2 millones por bonos estructurados contratados en 2007.

En esta reclamación, la familia argumenta que contrató dos bonos estructurados de 2,4 millones cada uno con vicios en el consentimiento, es decir, sin la información adecuada. Pero ya en primera instancia en 2015, se dio la razón al banco por considerar que los inversores tenían capacidad para entender el producto y asimilar la información. En las siguientes instancias, el Sabadell se ha llevado también la razón.

Un caso contrario es el que acaba de ratificar el Supremo, rechazando un recurso del banco por una condena a pagar una indemnización de 1,886 millones a la entidad mercantil La Reservilla, vinculada en su origen a Fernando Larios Fernández de Córdoba, duque de Lerma. La Audiencia Provincial de Barcelona condenó al Sabadell en 2018, igualmente por error de vicio en el consentimiento en la adquisición de una cartera de inversiones formada por bonos estructurados, con 4,4 millones de inversión inicial.

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