La Reserva Federal pierde la ilusión de los apoyos fiscales tras las elecciones de EEUU
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EN PLENA RESACA ELECTORAL

La Reserva Federal pierde la ilusión de los apoyos fiscales tras las elecciones de EEUU

Los bancos estadounidenses esperan (en gran parte) que Powell pase la rueda de prensa evitando responder sobre las elecciones aunque sí reiterará (de pelillos a la mar) la relevancia del estímulo fiscal

placeholder Foto: Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. (Reuters)
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. (Reuters)

Al igual que el Banco Central Europeo, la Reserva Federal no se cansa de decirlo: hace falta que los políticos pongan de su parte. En una economía cada vez más enganchada al dopaje monetario, los bancos centrales avisan de que se les acaba el margen de maniobra, especialmente ante una crisis sin precedentes como es la del coronavirus. Los representantes electos de EEUU no consiguieron estirar el paquete de estímulos que ha ido caducando en los últimos meses y las esperanzas estaban ahora en unas elecciones que diesen paso a un Gobierno unido y contundente.

Sin embargo, el mismo día en el que la entidad presidida por Jerome Powell daba comienzo a su reunión ordinaria de dos días, los estadounidenses despertaban con unos resultados electorales atípicos. La pandemia ha elevado el número de votos por correo, en un proceso de recuento que podría llevar días. De momento, los 248 votos del demócrata Joe Biden le sacan algo de ventaja a los 214 que acumula el republicano Donald Trump.

Sin embargo, ante semejante ecuación, el mercado ha descartado ya (con una fiesta por todo lo alto) que se vaya a producir la aplastante Ola Azul que predicaban las encuestas. Pese a las subidas, los analistas avisan: la negociación del paquete fiscal tiene todos los números para volver al improductivo tira y afloja de las últimas semanas. Para la comparecencia de Powell de este jueves, las expectativas están en que el washingtoniano no moverá ficha, pero el mercado seguirá de cerca cualquier valoración sobre la situación política y la actitud a adoptar por la Fed en la recta final del año.

Foto: (EFE)

“Nuestros estrategas creen que el foco principal de los tipos del mercado en EEUU estará en los resultados electorales y el consiguiente tono de la política fiscal”, explicaban esta semana en una nota a clientes los analistas de Morgan Stanley. “Ante unos cambios mínimos en el comunicado del Comité, el mercado se centrará en la rueda de prensa, buscando señales de cómo la Fed reaccionará a los potenciales cambios en política fiscal o de orientaciones al futuro de las compras de activos”, explican desde el banco de inversión estadounidense. “Al final, no se esperan grandes revelaciones”, zanjan.

A diferencia de lo que pasó con el BCE, donde el mercado esperaba que su presidenta Lagarde prometiese más compras en diciembre – y la francesa cumplió – con la Fed las expectativas están por el suelo. “No esperamos mucho de esta conferencia… creemos que Powell probablemente se la pasará en gran parte evitando las preguntas sobre las elecciones”, espetaban por su parte los analistas de JP Morgan, que creen que, con los tipos de interés en piloto automático y sin grandes novedades en el programa de compra de activos, “no hay mucho más que la Fed pueda hacer”.

“Sin conversaciones sobre cambios de política, la reunión de noviembre debería ser tranquila”, prevén por su parte en Goldman Sachs, donde ven que la economía “ha continuado recuperándose a un ritmo sano desde que la Fed se reunió por última vez”. Es cierto que la autoridad monetaria se enfrenta a la falta de apoyo fiscal y un repunte del virus como sus principales riesgos pero, según alegan desde la entidad estadounidense, la Fed ya está acostumbrada a estos problemas. Para la rueda de prensa, no esperan más que Powell subraye estos dos riesgos y reitere la importancia de nuevos estímulos fiscales.

No obstante, en Goldman Sachs sí que se paran a entretener la idea de las distintas armas que podría sacar a relucir el banco central caso la cosa se ponga fea. Reconocen que “aunque una sesión ‘lame-duck’ (es decir, en el limbo entre las elecciones y el pase del relevo) en noviembre y diciembre es posible, el estímulo podría retrasarse hasta que el nuevo gobierno tome las riendas el año que viene, dejando entre tres y cuatro meses sin apoyos – una decepción para las expectativas que viene predicando la Fed”. Asimismo, en el caso explosivo de que el Gobierno no se ponga las pilas y, a la vez, la segunda ola de covid-19 se acelere, la Fed podría alterar la composición y ritmo de las compras de activos o bien ajustar las nuevas herramientas de crédito que ha ido desplegando este año, especialmente con el foco en las pequeñas y medianas empresas del ‘Main Street’.

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De todos modos, cabe recordar que los analistas ven estos escenarios de forma más remota, sobre todo tras los recientes comentarios del presidente de la Reserva Federal de Chicago, Charles Evans, en los que el representante puso "menos peso en la adversidad económica que según nuestros datos trae una segunda o tercera ola [que en la primera]”. Con todo, también es cierto que Evans es un ‘contrarian’ recurrente en la Fed, siendo a menudo la nota sonante de las votaciones en reunión.

Apenas los analistas de Jefferies animaban esta semana a sus clientes a no subestimar a la Fed. “Los eventos recientes aceleran la agenda de la Fed, con los tres principales riesgos al crecimiento – falta de estímulo fiscal, una nueva oleada de infecciones del covid-19 y un endurecimiento de las condiciones financieras – ya materializadas”, argumentan desde el banco de inversión, que también se quejan de que el mercado no ha reaccionado a las nuevas reglas de medición de la inflación. Asimismo, los estrategas apuestan porque la Fed actuará ahora en vez de en diciembre, en una “sorpresa positiva” que el banco considera que Powell canalizará con la extensión de los vencimientos.

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