Los fondos vuelven a ser agresivos y rebajan su liquidez en depósitos a mínimos de 2013
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SEGÚN DATOS DEL BANCO DE ESPAÑA

Los fondos vuelven a ser agresivos y rebajan su liquidez en depósitos a mínimos de 2013

Los depósitos de los fondos se situaron en 31.400 millones en septiembre, un 16,5% menos que tras el repunte de abril. Regresan al mercado y huyen de los tipos negativos

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Los fondos de inversión vuelven a poner la liquidez a trabajar, como les gusta decir a los gestores estrella. Los vehículos de inversión colectiva huyen, además, de los tipos negativos que repercuten los bancos por su liquidez. Así, el volumen de depósitos de estas instituciones cayó en septiembre hasta los 31.400 millones, según los últimos datos del Banco de España (BdE), mínimos desde septiembre de 2013.

Los mánager de los fondos españoles vuelven así al mercado. En abril, se había producido el mayor aumento en términos relativos, con un 11,2% más, hasta los 37.608 millones, desde enero de 2014. No en vano, los fondos apostaron por la liquidez ante el temor de que los reembolsos de 6.000 millones de marzo se repitieran. Además, los gestores, especialmente en renta fija, habían sufrido problemas de liquidez al deshacer posiciones que no querían volver a experimentar.

Sin embargo, con la recuperación de los mercados, especialmente en índices internacionales como Wall Street por las tecnológicas o en la deuda por las compras de los bancos centrales, la cifra de depósitos descendió hasta estabilizarse en los últimos meses entre 33.000 y 35.000 millones. Pero tras el verano, los fondos han vuelto a retirar depósitos de la banca para invertir.

Los bancos están trasladando parcial o totalmente los tipos negativos del Banco Central Europeo (BCE). El tipo marginal de depósito, en el -0,5%, cobra hasta este porcentaje a la banca por su exceso de liquidez. Por ello, para los fondos, el coste de tener el dinero sin invertir en momentos de alzas en los activos de riesgo es doble: pagan por los depósitos y por el coste de oportunidad.

El descenso de los depósitos se ha producido pese a que ha entrado más dinero en los fondos, con un volumen de suscripciones netas de 67 millones en septiembre, según cifras de la patronal de gestoras, Inverco. Asimismo, después de los reembolsos de marzo, que arrastraron el dato del primer trimestre hasta salidas netas de 2.232 millones, ha habido saldos positivos en el segundo y en el tercer trimestre, con 511 y 713 millones respectivamente.

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En el acumulado del año, la cifra neta aún es negativa, con reembolsos de 903 millones por la huida de muchos inversores en marzo. En negativo, aún están categorías como retorno absoluto (-1.280 millones), con fondos que han vuelto a fracasar en su objetivo de obtener rentabilidad positiva en cualquier momento de mercado, global (-1.129 millones), garantizados (-985 millones) y renta variable nacional (-883 millones). En el lado positivo, destacan los vehículos de gestión pasiva (1.149 millones) y de renta fija (837 millones).

De esta forma, aunque entre marzo y junio había miedo en la banca a una fuga masiva de dinero de los fondos si volvían las pérdidas en el mercado, se acentuaba la crisis y regresaba la actividad bancaria habitual en las oficinas, no solo no se ha producido sino que los fondos han venido captando dinero nuevamente.

¿Rebotes en los mercados?

Los fondos buscan pescar en río revuelto. Tras el confinamiento repentino decretado en marzo, los inversores emergieron en verano con gran parte de la respuesta monetaria y fiscal resuelta (al menos en Europa) y con la ilusión de la apertura económica. Las bolsas emprendieron el camino a la recuperación y los diferenciales de créditos volvieron a acercar posturas. De hecho, hay índices, como el Nasdaq en EEUU o los de países nórdicos en Europa, que han vuelto a subir en el año, mientras que en el Viejo Continente las primas de riesgo duermen tranquilas bajo el hechizo de las compras del Banco Central Europeo (BCE).

Sin embargo, con conocimiento de los estragos causados por la pandemia en el tejido económico, ya en agosto los inversores empezaron a enfrentar la incertidumbre de una nueva oleada de contagios. En este entorno, algunas autoridades, como el Banco de España, llevan tiempo avisando del riesgo de una crisis financiera. En la 'Encuesta de préstamos bancarios', publicada esta semana, los bancos volvieron a señalar su intención de endurecer los créditos pese a la liquidez récord de que goza el sector. Y es que el propio BCE ha apuntado reiteradamente al auge de la morosidad. La pérdida de confianza es el riesgo clave de los mercados, como ya lo fue en el desplome de marzo, entonces desatado por el titubeo de Christine Lagarde ante el ‘whatever it takes’ que tantos años había predicado Mario Draghi.

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Todo esto sucede bajo el contexto de las medidas de contención de los gobiernos, que en España ya se empezaron a implementar a finales de verano, con cierres perimetrales de las ciudades y límites a ciertos sectores, especialmente el ocio. Sin embargo, de momento, los gobiernos mantienen sus políticas de apoyo fiscal y los mercados parecen creérselo: por ejemplo, los bonos sociales emitidos por la Comisión Europea la semana pasada, dirigidos a financiar el SURE, registraron una demanda récord que señaló, entre otros motivos, la fe de los inversores en la integridad europea pese al coronavirus.

No obstante, gran parte de los índices de renta variable, protegida solo indirectamente por el paraguas del BCE, sigue cotizando a precios de derribo y la volatilidad está a la orden del día. Con los índices VIX, tanto de EEUU como de Europa, de nuevo en máximos de agosto, los inversores se enfrentan además a los altibajos que avanzan las elecciones de EEUU y, en Europa, el Brexit. El Ibex 35, castigado por el peso de los valores cíclicos en su composición, cotiza en mínimos de mayo. También otros sectores más desprotegidos por el regulador y por la búsqueda de calidad de los inversores, como los bonos ‘high yield’, han ralentizado su recuperación con el fin del verano.

No obstante, las caídas y asimetrías provocadas en los mercados por el coronavirus también han dado pie a oportunidades de inversión, sobre todo en un entorno de ‘eterna’ represión financiera en que los gestores cada vez tienen que ir más lejos para poder rascar algo de rentabilidad. Por ejemplo, en las últimas semanas, los sectores más golpeados por la crisis han estado cambiando cromos con aquellos más defensivos, con el sector turístico, por ejemplo, cerrando a la cabeza de las subidas las últimas dos semanas, o el bancario, donde la consolidación busca ofrecer algo de oxígeno ante la adversidad.

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