Desconfianza creciente

El recelo del inversor extranjero ya golpea: reduce su peso en bolsa y deuda españolas

La creciente preocupación por la situación económica y sanitaria empieza a traducirse ya en una incipiente desconfianza hacia las inversiones en los mercados españoles

Foto: Una pantalla muestra los datos de la prima de riesgo en el edificio de la Bolsa en Madrid. (EFE)
Una pantalla muestra los datos de la prima de riesgo en el edificio de la Bolsa en Madrid. (EFE)
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La imagen de España en los mercados financieros vuelve a estar en entredicho. El azote del coronavirus amenaza con echar por tierra años de reconstrucción del prestigio de la economía española a nivel internacional, levantando nuevamente un manto de recelos sobre la fiabilidad del país.

La combinación de una economía especialmente vulnerable a los efectos de la pandemia con una gestión de la misma poco exitosa a todos los niveles ha situado a España como uno de los principales focos de preocupación a nivel global. Desde el 'Financial Times' a 'Bloomberg', pasando por el 'Wall Street Journal' o el 'Die Welt', han dedicado en las últimas semanas informaciones alarmantes sobre la situación sanitaria y económica de España.

"Es España, no Italia, lo que preocupa a los inversores europeos", llegó a titular 'Bloomberg' una de sus informaciones esta misma semana. Y esa desconfianza, lejos de quedarse en meros titulares, se refleja de un modo cada vez más palpable en los propios mercados financieros, donde los inversores se van mostrando más reacios a fiar su dinero en activos españoles.

Rentabilidad del bono español a 10 años, en puntos porcentuales.
Rentabilidad del bono español a 10 años, en puntos porcentuales.

La buena evolución reciente de la deuda española —el interés del bono a 10 años se situó este viernes por debajo del 0,2% por primera vez desde inicios de marzo— podría ofrecer la impresión de que la confianza de los inversores sigue incólume, a pesar de la crisis actual. Pero lo cierto es que este movimiento no puede dejar de explicarse sin el extraordinario respaldo del Banco Central Europeo (BCE), que con sus compras de deuda española a través de sus distintos programas ha cubierto más de un 70% de las emisiones netas que ha realizado el Tesoro a lo largo del año.

El resultado es que al cierre de julio, último dato disponible, el BCE poseía deuda española por valor de 265.453 millones de euros, un incremento de más de 50.000 millones frente a las cifras de febrero, que ha supuesto un aumento de más de 3 puntos porcentuales de la cuota de deuda española en manos de la institución que preside Christine Lagarde, que ha ascendido al 24,5%.

El BCE ha sido así, junto con la banca española (que ha aumentado su cartera de deuda desde febrero en casi 40.000 millones, elevando su cuota en 2,36 puntos), el soporte casi exclusivo con el que ha contado el Tesoro a la hora de colocar su nueva deuda. Porque, en contraste, los inversores internacionales, que controlaban al inicio de la pandemia más de la mitad de las letras y bonos españoles, no se han animado a elevar sus carteras de deuda española. De modo que, en solo cinco meses, su cuota de participación se ha reducido en más de cuatro puntos porcentuales, hasta el 46,12%, el nivel más bajo en más de un año.

Al margen de que esta cuestión haya provocado ya un peor comportamiento relativo del bono español frente al portugués o el italiano —con el cual el diferencial se ha estrechado a mínimos de dos años—, el verdadero peligro de esta situación se sitúa en el medio plazo. Con el actual programa de emergencia del BCE fijado para su final el próximo mes de junio, las esperanzas de los países más endeudados, entre los que figura España, pasan por algún tipo de extensión del soporte del Banco Central, que impida un rebrote de las tensiones en los mercados de deuda.

Pero con muchos otros países de la Eurozona mucho mejor encaminados para superar las dificultades económicas de la crisis del coronavirus, no se puede descartar que las presiones internas obliguen al BCE a levantar el pie del acelerador de los estímulos en los próximos trimestres. Y eso, para un país necesitado de financiar elevados déficits durante los próximos años, puede convertirse en una situación muy peligrosa.

Mantener el respaldo de los inversores internacionales representa, por lo tanto, un ejercicio casi de supervivencia. Pero que puede tornarse aún más complicado si la amenaza que pende sobre el rating español —S&P lo situó en perspectiva negativa el pasado septiembre— se materializa en una rebaja, que aleje de la deuda española a los inversores más exigentes con los criterios de calificación.

Si el Ibex es uno de los tres peores índices del mundo desde el golpe del covid es en gran medida por el paso atrás de los inversores extranjeros

Mucho más evidente, aunque más difícil de cuantificar, es el desapego de los inversores internacionales hacia la bolsa española. Resulta indiscutible que, si el Ibex es hoy por hoy el tercer peor índice entre los grandes mundiales (solo superado por Chipre y Mauricio) con un desplome superior al 30% desde que la pandemia comenzó a golpear al mercado, es en buena medida por el desapego de los inversores de fuera de las fronteras españolas, que han encaminado sus fondos hacia mercados considerados menos peligrosos.

Se ha repetido con frecuencia que gran parte de la debilidad de la bolsa española se debe a su composición, con elevada presencia de compañías de sectores muy penalizados por la crisis del coronavirus, como la banca o el turismo. Y aunque esta visión es en parte cierta, no abarca toda la realidad: según cálculos de los analistas de Santander, la diferencia entre la evolución teórica que debería haber protagonizado el Ibex sobre la base de su composición —tomando como referencia la evolución media de esos sectores en Europa— y la real ronda el 19%, una brecha sin parangón entre los mercados europeos.

La elevada presencia de las compañías españolas en los mercados latinoamericanos, muy penalizados por el descalabro de sus monedas, se ha sumado a cuestiones más particulares de la economía española, así como a ciertos recelos sobre la situación política del país, que no aporta, precisamente, certidumbre a los inversores.

Según los datos que recopila 'Bloomberg' sobre la propiedad de las acciones de las compañías del Ibex, más de la mitad del índice ha experimentado desde mediados de febrero un descenso en el porcentaje de acciones en manos de inversores extranjeros. Un retraimiento que ha sido especialmente notorio en algunas de las compañías más penalizadas por la crisis, mientras que el dinero internacional ha ido buscando acomodo en compañías más prometedoras, como Siemens Gamesa o Pharma Mar, que se cuentan entre las de mejores rendimientos desde el inicio del año.

Meliá Hotels se sitúa en esta lista como la compañía más penalizada por este movimiento, ya que la participación de accionistas internacionales en su capital se habría reducido a casi la mitad, según los registros de 'Bloomberg', desde el 52,6% que representaba el pasado 16 de febrero. Del mismo modo, ha sido notable el retroceso del respaldo internacional en Cie Automotive, de casi 10% porcentuales hasta el 61% actual.

Es preciso señalar que Bloomberg cuantifica como inversión internacional cualquier fondo registrado en países terceros, aunque sus propietarios finales sean españoles, lo que explica que en grupos como Acciona o Ferrovial el porcentaje de presencia española en su capital sea prácticamente testimonial.

Grupos como Repsol, Indra, ACS o Telefónica se sitúan también en la lista de compañías que han visto crecer la importancia de los accionistas españoles en su capital y, por ende, han sufrido una reducción del soporte internacional.

La bolsa española ha experimentado en los últimos años una pérdida de relevancia a nivel internacional que se ha visto plasmada, recientemente, en la salida de algunos de los grandes referentes del parqué nacional (Telefónica, BBVA, Santander) de los principales índices europeos. La reducción del número de analistas que cubren a las cotizadas españolas o el limitado número de fondos cotizados referenciados al mercado nacional son otros factores que provocan que, cada vez, una mayor proporción de flujos de inversión den la espalda a la bolsa española.

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