AVANGRID, DE IBERDROLA

La filial de Iberdrola en EEUU se cuela en el último experimento de la Fed ante el covid

La filial estadounidense de la española está entre las 119 empresas cuyos bonos la Fed compró en esta primera semana del programa de compra de deuda en el mercado secundario

Foto: Sede de Avangrid, filial de Iberdrola, en EEUU.
Sede de Avangrid, filial de Iberdrola, en EEUU.
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Avangrid entra en el selecto grupo de empresas a las que la Fed está dispuesta a prestar dinero. La filial de Iberdrola, participada al 81% por la cotizada presidida por José Ignacio Sánchez Galán, sale en la lista (el Broad Market Index) de 794 empresas aptas para las compras directas en el mercado secundario de deuda corporativa de la Reserva Federal, una herramienta ya conocida por el Banco Central Europeo, pero nueva para la autoridad monetaria de EEUU.

El índice fue publicado este fin de semana, junto con las 118 empresas seleccionadas en la primera tanda de compras de la primera semana del programa. Avangrid está también entre esta lista, con 3,29 millones de dólares invertidos en la filial de la española del total de los 429 millones desembolsados por la Fed en la semana. El banco central de EEUU dio la orden de compra el 17 de junio.

La filial de Iberdrola se encuentra en esta segunda lista entre marcas históricas de EEUU: Coca-Cola, Microsoft, Pfizer… Por otro lado, en un entorno en el que la inversión ASG (medio ambiente, social, gobernanza) cobra cada vez más importancia, la Fed no ha dejado de invertir en sectores controvertidos como el del tabaco (Philip Morris) o el del petróleo (Exxon Mobil). Iberdrola es considerada modelo en las energías renovables, pero en lo que implica la gobernanza, ha quedado manchada por el caso Villarejo, que no obstante todavía no cuenta con sentencia firme.

La Reserva Federal anunció el pasado 15 de junio que empezaría a comprar bonos de forma directa en el mercado secundario, incluidos ángeles caídos. Antes del coronavirus, la Reserva Federal apenas compraba deuda soberana dentro de sus programas de apoyo al mercado. Tras la epidemia, ha ido desplegando nuevas herramientas de política monetaria, como la compra de deuda en el mercado corporativo primario (una herramienta que se abrió este lunes), la inversión en ETF de deuda (incluidos los de ‘high yield’) y la inversión directa en el mercado secundario de deuda corporativa. En Europa, el BCE lleva desde 2016 comprando bonos corporativos como parte de su política monetaria, pero solo de grado de inversión.

Para la compra directa en el mercado secundario, la entidad presidida por Jerome Powell estableció bajo el programa Secondary Market Corporate Credit Facility un índice propio —Broad Market Index— que se actualizará cada cuatro o cinco semanas y que tiene como objetivo “replicar” la composición del "amplio y diversificado" universo de los bonos del mercado secundario.

Este universo de bonos al que pertenece Avangrid se rige por una serie de criterios. No podrán tener un periodo de vencimiento superior a cinco años y tienen que ser emitidos por una empresa “que ha sido creada u organizada en EEUU o bajo las leyes de EEUU con operaciones significativas y la mayoría de sus empleados en EEUU”. Además, el Q&A de la herramienta, la Fed explica que una “subsidiaria de una empresa extranjera tiene que usar los ingresos de su participación en el programa solo para el beneficio del emisor elegible, sus subsidiarias consolidadas en EEUU y otras afiliadas del emisor elegible que sean negocios estadounidenses, no para el beneficio de sus afiliadas extranjeras”. Es decir, la intención de la Fed es financiar Avangrid, no Iberdrola.

Fitch celebra que esté en un negocio "que predominantemente es de bajo riesgo, con operaciones reguladas en Nueva York o Maine"

Por otra parte, la compañía tampoco puede estar participada en su mayoría por un Gobierno extranjero. Además, el emisor del bono tiene que haber tenido una nota crediticia de al menos BBB-/Baa3 (es decir, grado de inversión) a cierre del 22 de marzo, lo cual incluye a los ángeles caídos que descendieron a bono basura durante la crisis.

Avangrid tiene una nota de Baa1 por Moody’s y de BBB+ por Fitch, ambas en el grado de inversión. A la primera agencia le preocupa que “la deuda supere el flujo de caja según la empresa desarrolla la planta de viento ‘offshore’ de 1,6 gigavatios, la construcción del proyecto de 1.200 megavatios en Maine y las inversiones recurrentes en la infraestructura energética”, de ahí que la tenga en perspectiva negativa. Sin embargo, Moody's reconoce que “estos factores financieros se ven en parte contrarrestados por el negocio de poco riesgo de transmisión y distribución de energía, la generación renovable contratada a largo plazo y la diversidad operacional y regulatoria”.

En cambio, Fitch celebra que esté en un negocio “que predominantemente es de bajo riesgo, con operaciones reguladas en Nueva York, Connecticut, Maine y Massachusetts y que generan unos ingresos y un flujo de caja relativamente estables que suponen el 75% del ebitda consolidado”. Para la agencia, hay riesgo de que la planta de viento ‘offshore’ encuentre obstáculos regulatorios, pero si lo consigue, supondrá una mayor “generación de caja a largo plazo”.

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