El fracaso del cartel de la OPEP y su impacto en los precios del crudo

La ruptura sin acuerdo de las negociaciones entre los países miembros de la OPEP y Rusia para implementar hasta final de año un recorte de producción muestra las grietas del cártel

Foto: El ministro saudí de Energía, Khalid al-Falih (c), atiende a los medios durante una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en Viena (Austria).
El ministro saudí de Energía, Khalid al-Falih (c), atiende a los medios durante una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en Viena (Austria).

Regreso a 2014. La ruptura sin acuerdo de las negociaciones entre los países miembros de la OPEP y Rusia para implementar hasta final de año un recorte adicional de 1,5 millones de barriles diarios de petróleo ha hecho revivir en los mercados los fantasmas de su último gran hundimiento, el registrado entre finales de 2014 e inicios de 2016, que llevó a que los precios del Brent cayeran por debajo de la barrera de los 30 dólares.

Los desplomes superiores al 8% que registraban el viernes pasado tanto el barril de Brent como el de West Texas, que llevaba sus cotizaciones a sus niveles más bajos desde 2017, resultan el más elocuente reflejo de la decepción que ha generado entre los inversores la ruptura de la alianza entre el histórico cártel de productores petroleros y varios países externos, con Rusia a la cabeza, la denominada OPEP+, que desde 2016 se había convertido, con sus acuerdos de restricción de la oferta, en un factor fundamental de equilibrio del mercado.

Con esta alianza fuera del tablero, algunos analistas advertían el viernes de que el mercado podría encaminarse a un derrumbe como el vivido hace cerca de un lustro. Y así está siendo. La apertura del mercado asiático esta semana ha traído descenso del 20% (que han llegado a ser del 30% en los primeros minutos de negociación).

Sin embargo, y al margen de movimientos de corto plazo, el fiasco de la OPEP es una constatación de un fracaso comprobado del cartel durante todos estos años por devolver el equilibrio al mercado del petróleo, la OPEP+ ha contado con la ayuda inesperada de los episódicos problemas de producción registrados por productores clave como Venezuela, Libia o Nigeria o las sanciones a Irán, que, sin embargo, no han permitido a la organización llevar los precios, salvo en momentos muy puntuales, a los niveles objetivo por encima de los 80 dólares por barril, que permitirían a Arabia Saudí equilibrar sus presupuestos.

Una y otra vez, la OPEP ha chocado con el mismo problema: su pérdida de influencia para fijar los precios del crudo, ante el auge de la producción de esquisto ('shale oil') en Estados Unidos, que ha recibido un impulso, precisamente, cada vez que los precios han superado determinados umbrales.

Ahora, a los recurrentes problemas de exceso de oferta, el mercado del petróleo ha sumado los temores a un parón de la demanda por el impacto del coronavirus en la economía global. Si en febrero la Agencia Internacional de la Energía auguraba el menor crecimiento de la demanda desde 2011, firmas como Goldman Sachs ya pronostican una contracción no vista desde la crisis financiera de 2008.

La certeza de estos pronósticos estará condicionada por la perduración de la crisis sanitaria internacional, pero Rusia —menos necesitada de forzar unos precios elevados del crudo— parece haber asumido que insistir en la estrategia de las restricciones de oferta solo serviría para seguir regalando cuota de mercado a los productores alternativos, y quién sabe si acabar abocando el mundo a una crisis de superior magnitud.

Arabia Saudí dispone de amplias reservas y un coste de producción mucho más bajo que la media, con lo que cuenta con un colchón más cómodo para compensar este desplome del crudo. Pero hay que ver cuánto tiempo se quedará la OPEP contemplando el hundimiento de su materia prima. La última guerra de precios de este tipo se saldó eventualmente con otro pacto de productores. En cualquier caso, la caída de los precios experimentada en las últimas jornadas, y que podría agudizarse en las próximas semanas, va a desalentar la producción de esquisto -con un coste más elevado que el tradicional- y cercenar sin piedad la inversión en exploración y producción de crudo. La oferta futura de petróleo se acabará resintiendo.

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