EL SECTOR ARMAMENTÍSTICO EN MÁXIMOS

Los 'inversores de la guerra' se frotan las manos con la escalada de tensión en Irán

La escalada de tensión en Oriente Medio ha ido en aumento en 2019, especialmente en la segunda mitad del año y, más allá de las cuestiones geopolíticas, las implicaciones económicas son enormes

Foto: Maniobras militares. (Reuters)
Maniobras militares. (Reuters)

La escalada de tensión en Oriente Medio ha ido en aumento en 2019, especialmente en la segunda mitad del año y, más allá de las cuestiones puramente geopolíticas que ello conlleva, lo cierto es que las implicaciones económicas son enormes. Sin embargo, aunque se tiende a pesar que estas son totalmente negativas, lo cierto es que una guerra mueve cantidades ingentes de dinero y, como en todos los conflictos bélicos, hay ganadores y perdedores, también en lo económico.

Wall Street lo sabe y prueba de ello es la postura de los inversores respecto a las empresas relacionadas con defensa. Las cotizaciones de la industria armamentística no han dejado de crecer en el último año y se encuentran en máximos históricos, al tiempo que a ningún analista se le ocurre emitir una recomendación de venta sobre alguno de los valores del sector.

Y es que teniendo en cuenta que el gasto militar tocó máximos desde la Guerra Fría en 2018 según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) —los datos de 2019 no se conocerán hasta el segundo trimestre del año—, nadie quiere renunciar a su parte del pastel. De hecho, son Estados Unidos y China los principales responsables de esta escalada, con cerca de la mitad del gasto militar global que equivale a un 2,1% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Así mismo, de cara a 2020 el presupuesto en defensa de la administración Trump supone el 3,6% del Producto Interior Bruto (PIB), unos 738.000 millones de dólares.

De esta manera, Lockheed Martin, el mayor fabricante armamentístico del mundo por ventas según el SIPRI, amasa subidas del 41% desde mediados de abril y en lo que va de año avanza casi un 4%. De hecho, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha cotizado al alza para el sector y desde noviembre de 2016 el artífice del primer cazabombardero del mundo indetectable, el F-35 Joint Strike Fighter, y el creador de la bomba racimo M30, que tiene un alcance de 70 km, acumula un repunte del 88%.

Raytheon, que es el sexto fabricante de armas y está especializado en sistemas inteligentes utilizados en escudos antimisiles, acumula un 31% desde el aumento de las tensiones en la zona del Golfo Pérsico; mientras que para otro 'clásico' del sector armamentístico, Northrop Grumman, las posibles operaciones llevadas a cabo en el Mar Rojo pueden ser un filón para su división naval, aeroespacial y de radares, lo que se traduce en ganancias del 33% desde el 15 de abril.

Por su parte, la británica Bae Systems, que además de ser una constructora aeronáutica comercial es el segundo mayor contratista militar del mundo, se anota ganancias superiores al 20% en los últimos ocho meses.

No obstante, aunque la sed de los inversores por las empresas armamentísticas quedó probada la semana pasada con las amenazas de venganza de Irán por el asesinato del general Qassim Soleimani por parte de Estados Unidos, algunos analistas entre los que se encuentran JPMorgan han llamado a la calma y recomiendan que el acercamiento a estos valores se haga con cautela.

"Es verdad que una guerra trae consigo mucho más gasto, pero creemos que ambas partes van a intentar evitarla, incluso siendo una posibilidad", aseguró en un informe remitido a sus clientes justo el pasado lunes, antes del ataque a las bases en Irak. "Con tantas incógnitas, somos reacios en este momento a aceptar que el ataque estadounidense sea una oportunidad para comprar acciones del sector defensivo de manera más agresiva".

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