EL INFIERNO DEL ACREEDOR

La ruina de invertir en renta fija: la inflación y los tipos negativos solo garantizan pérdidas

Los inversores huyen a refugiarse en los bonos, pero todo aquel que apueste por la deuda en su sentido más clásico, prestar y cobrar interés a vencimiento, está abocado a perder

Foto: Agentes bursátiles en plena jornada de la bolsa. (EFE)
Agentes bursátiles en plena jornada de la bolsa. (EFE)

Perder, perder y perder, esta es la realidad actual de los acreedores de los gobiernos occidentales. Si bien es cierto que los inversores del mercado de bonos secundario se están poniendo las botas con los precios de la deuda, aquellos que apuestan por la renta fija en su sentido más tradicional (dar prestado y cobrar el interés) viven un infierno sin precedentes.

Con los tipos en mínimos históricos, casi todos aquellos acreedores que hayan invertido este agosto en bonos soberanos de gobiernos europeos o en EEUU están abocados a perder de aquí al vencimiento de sus activos. Solo dos países salvan del rojo a la Tasa Interna de Rentabilidad (TIR) de sus bonos del rojo: EEUU e Italia.

Fuente: Allianz Global Investors
Fuente: Allianz Global Investors

Esta realidad se produce incluso si los inversores compran activos que todavía cotizan en positivo, ya que la inflación erosiona año a año sus carteras. Según estimaciones de Allianz Global Investors, y partiendo de la asunción de que los precios crecerán a un ritmo del 2% cada ejercicio, solo Italia salva a sus bonos a 15 años, 20 años y 30 años de una TIR negativa: si un inversor pagase 100 euros por cada uno de sus títulos, a fecha de vencimiento recaudaría 103, 108 y 123 euros, respectivamente. Eso sí, todo esto asumiendo un riesgo político nada despreciable: estamos hablando de un país que ha tenido 65 gobiernos en 75 años.

También EEUU, dueño de un mercado bursátil más dinámico, se salva de la quema, pero el inversor se tiene que ir hasta los bonos a tres décadas, en una TIR del 107. La pega de acudir a la deuda de la renta fija estadounidense reside en el tipo de cambio que cada inversor tenga que hacer para beneficiarse de la inversión, añadiendo algo de incertidumbre a la inversión, sobre todo si es a largo plazo.

La medida del 2% para hacer predicciones de la inflación viene condicionada por el objetivo de los bancos centrales occidentales, que definen este nivel como la estabilidad de los precios. La inflación está actualmente por debajo de este objetivo; constituyendo este uno de los principales dolores de cabeza de los reguladores monetarios y, a su vez, una de las razones por las que estos siguen sin normalizar los tipos de interés o incluso hablan de bajarlos.

De todas formas, a modo de poder hacer una predicción que llegue a abarcar un periodo de 30 años, se usa el nivel del 2% para poder hacer una estimación que se adapte a la media histórica de la inflación. Con este parámetro, los inversores pueden apreciar si van a perder o no poder adquisitivo con su inversión.

Si bien los datos se remontan a mediados de agosto (hace apenas dos semanas), el frenesí de los bonos es tal que es posible que muchas de las casillas en verde ya estén en rojo o rocen unos retornos negativos. Por ejemplo, ha sido justo esta semana cuando la curva de la rentabilidad entre el título a 3 meses y el de a 30 años se invirtió por momentos esta misma semana, coincidiendo en un tipo del 2%. A su vez, el papel italiano a tres décadas ya roza un 'yield' del 2%, con la deuda transalpina cayendo a mínimos tras la nueva coalición de gobierno.

El auge de la renta fija se produce en un momento impregnado por la volatilidad en los activos considerados como de 'riesgo' —por ejemplo, la bolsa—, golpeados por los vaivenes políticos, la incertidumbre de política monetaria, y la desaceleración económica. Mientras los bonos captan la atención del mercado por su calidad de activo refugio, los inversores aprovechan el auge de los precios (que se mueven de forma opuesta a la rentabilidad) y acumulan ya unas plusvalías de envidia.

No obstante, ya hay expertos que avisan de que se pueda estar formando una burbuja, sobre todo si se tiene en cuenta que los inversores han pasado de entender el valor del bono por sus características y circunstancias para especular en cambio con los precios a corto plazo.

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