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Carteras gestionadas: qué debes saber del nuevo servicio superventas de la banca

En las carteras gestionadas, el cliente contrata un servicio por el cual la entidad le va moviendo el dinero entre distintos fondos

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Carteras gestionadas: qué debes saber del nuevo servicio superventas de la banca

En la gran banca, hay un nuevo producto superventas en la oferta de productos de inversión a los clientes. Hasta que la normativa Mifid II entró en vigor, un cliente que entraba por la sucursal tenía una probabilidad muy alta de salir con un fondo perfilado (un fondo pensado para un perfil de riesgo específico que a su vez invierte en otros fondos). Pero con la nueva legislación, muchas entidades han cambiado a las conocidas como ‘carteras gestionadas’.

Así, la gestión discrecional de carteras se ha convertido ya en el nuevo producto estrella para el ahorrador que se convierte en inversor. Y en algunas casas, como Caixabank con su servicio Master, o Kutxabank, en la piedra angular de su oferta de ahorro e inversión, a diferencia de otras entidades que siguen prefiriendo el fondo perfilado.

En una y otra opción, la esencia de lo que acaba teniendo el cliente es muy parecido: una cartera diversificada por activos, en la que habrá más o menos bolsa o renta fija en función de su perfil de riesgo (descubre aquí tu perfil inversor). Pero el detalle de cómo se articula esa inversión cambia mucho en función de la opción elegida… Y dicen que el demonio está en los detalles.

¿En qué consisten una y otra opción?

En las carteras gestionadas, el cliente contrata un servicio por el cual la entidad le va moviendo el dinero entre distintos fondos. Por lo tanto, no tiene en su posición un único fondo, sino diversos productos que le van cambiando a lo largo del tiempo. En cambio, con el fondo perfilado el cliente sí tiene un sólo fondo en su posición global, aunque por debajo invierta en distintos productos

Otra diferencia entre ambas opciones es la estructura de comisiones. En las carteras gestionadas se paga una comisión explícita, por la que hay que pagar IVA, que la entidad carga periódicamente en la cuenta del cliente. Además, por cada fondo hay que pagar una comisión y otros gastos que se va descontando diariamente del valor de la participación.

En cambio, en los fondos de fondos, no hay ese pago explícito inicial, sino que todos los gastos se van descontando diariamente del valor de la participación. Sucede así tanto con el pago por el ‘asesoramiento’ para la selección de activos de la cartera como los costes de los fondos que componen el perfilado. En este caso, no hay IVA porque no hay pago explícito, pero se pierde transparencia.

Curiosamente, la transparencia es la gran ventaja de los fondos perfilados cuando hablamos de rentabilidades. Como tienen un valor liquidativo se puede analizar y comparar la evolución con otros productos similares, pero en las carteras gestionadas esto se complica.

Se puede saber la rentabilidad de la cartera actual, pero la de los movimientos pasados no, porque no hay un dato público. El cliente sabe la suya, claro, pero para tener la foto general de esas carteras depende de que la entidad quiera ofrecer esos datos. Con lo cual, a la hora de decidir un inversor, tiene menos información.

A efectos de gestión, también hay que tener en cuenta la flexibilidad en la toma de decisiones que tendrá el profesional. El gestor de un fondo de fondos puede cambiar con celeridad la cartera, vendiendo una posición o cubriendo con derivados el riesgo, mientras que en las carteras discrecionales la entidad tiene que ir haciendo traspasos de unos fondos a otros, lo que puede dilatarse en el tiempo. Tiene, por lo tanto, menos 'armas' a la hora de enfrentarse a los mercados.

Como se puede ver, los detalles son muy importantes a la hora de elegir entre una y otra opción, aunque la capacidad del cliente para seleccionar dependerá de la oferta de las entidades. Y aquí parece que la gestión discrecional va en aumento. Según las últimas estadísticas de Inverco, a cierre de marzo de 2019 ya había en España casi 600.000 contratos de carteras gestionadas, con un patrimonio total cercano a los 72.000 millones de euros, un 21% ya del total de las instituciones de inversión colectiva en España.

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