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Cuidado con la "trampa de la liquidez" en todos los activos... incluida la bolsa

En el pasado eran los bancos los que se tenían que preocupar por las colas de gente a sus puertas reclamando su dinero pero que ahora esto ocurre fuera de la vista pública

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Reguladores, analistas e inversores andan a la búsqueda del próximo cisne negro que ponga patas arriba los mercados y la economía global. La sensación que se percibe en el ambiente es la de aquel que sabe que algo va a pasar pero no sabe dónde y como, lo que hace que el nivel de alerta sea máximo y los nervios estén a flor de piel.

Pero es precisamente ese estado de guardia el que puede jugar una mala pasada. Se ha visto en los shocks de diciembre y febrero de 2018 y se puede volver a repetir y esta vez sin vuelta atrás. Y en este sentido, la teoría que va ganando enteros es la de que la próxima crisis vendrá por el lado de la liquidez, o mejor dicho de la iliquidez.

De hecho, han sido las dudas por su liquidez sufridos recientemente por dos gestoras, H20 AM, filial de Natixis con 30.000 millones bajo gestión, y el fondo de Neil Woodford, el LF Woodford Equity Income Fund, lo que han encendido las alarmas del sector.

El último en sumarse a las elucubraciones sobre el próximo shock ha sido el veterano inversor Jonathan Ruffer, que en su carta de julio ha avisado que en el pasado eran los bancos los que se tenían que preocupar por las colas de gente a sus puertas reclamando su dinero hasta una “muerte por aclamación popular”, pero que ahora esto ocurre fuera de la vista pública y afecta a un sector diferente: la industria de la gestión de fondos.

Desajuste estructural

No en vano, según el último mensaje del Banco de Inglaterra, existe un desajuste estructural entre la frecuencia en la que los fondos ofrecen rescates y el tiempo que necesitan para liquidar sus activos. Y teniendo en cuenta que más de 30.000 millones de dólares de todo el mundo están en manos de fondos que prometen liquidez diaria a sus partícipes, a pesar de estar invertidos en activos potencialmente ilíquidos como pueda ser la deuda emergente, la situación es una bomba de relojería.

Fuente: Banco de Inglaterra
Fuente: Banco de Inglaterra

“La interconectividad de los mercados y la sofisticación con la que las máquinas de venta sistemática pueden apuntar un activo amplifica la vulnerabilidad inherente de este desajuste”, ha asegurado el inversor, que apunta a que hay muy pocos pasos entre un caso particular y una pandemia.

Según explica el experto, toda inversión es ilíquida en circunstancias en las que hay un poderoso e irracional deseo de liquidar los activos. “El algoritmo es el talón de Aquiles. No siente miedo y su respuesta a falta de liquidez consiste en combatir el virus, con lo que los mercados más líquidos se convierten en los más peligrosos, precisamente porque proporcionan, posiblemente incluso durante unos minutos, la capacidad de operar a pesar de que el juego ha terminado”.

Los mercados más líquidos se convierten en los más peligrosos porque proporcionan la capacidad de operar a pesar de que el juego ha terminado

Esto es más visible en los mercados dominados por los ETF. Se trata de fondos cotizados que “son una bendición en tiempos de paz, pero pueden acelerar el tráfico no deseado en la dirección contraria cuando la guerra comienza”, asegura.

Así, los ETFs han transformado el mundo de la inversión. Por ejemplo, un 16% de los mercados estadounidenses ahora se cotizan en esta modalidad “empaquetada” y el resto de principales mercados cotizados del mundo muestran patrones muy similares. Se trata de un producto creado por Jack Bogle hace medio siglo que dio el poder de invertir a la gente corriente.

“Pero ¿qué pasará cuándo nadie los quiera? O peor, ¿qué pasará cuando la máquina vestal baje el pulgar? Solo entonces el inversor se preguntará ¿por qué las acciones son la inversión favorita, por qué he apostado la educación de mi tercer hijo en Netflix, Nestlé, Amway o Huawei?”, reflexiona Ruffer.

El inversor considera que la huida de las bolsas puede ser tan aterradora como la vivida por los bancos hace solo diez años. “Después de diez años de experimento monetario el cableado de los mercados y los comportamientos aprendidos por los inversores hacen al sistema más propenso a las huidas”. Un aperitivo de lo que puede pasar se adelantó en febrero de 2018 cuando Wall Street vivió su peor sesión desde 2011 cuando los algoritmos informáticos despararon las órdenes automáticas que aceleraron las caídas.

Por ello, desde la firma de inversión apuestan a que sea cual sea la causa que provoque el desajuste del mercado y sea cuando sea, el conductor va a ser la iliquidez y uno de los factores determinantes que tiene el poder de amplificar este problema es la deuda, alimentada por los programas de expansión cuantitativa puestos en marcha por los bancos centrales, que han hundido el coste de la misma.

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