Ahorro e Inversión

Fondos de inversión o acciones: ¿dónde invertimos nuestro dinero a largo plazo?

Si tienes claro que quieres depositar tu dinero en renta variable, te damos las claves para elegir mejor entre las opciones disponibles

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Hoy por hoy, la renta variable es el activo más rentable a largo plazo, pero invertir en acciones requiere mucha tolerancia al riesgo y elevadas dosis de paciencia. Se puede hacer de dos formas: invirtiendo directamente en bolsa o indirectamente en un fondo de inversión.

En la primera opción, uno entra solo, por su cuenta, y configura su cartera a su criterio; en la segunda, sin embargo, la elección se deja en manos de gestores profesionales. Así que antes de invertir en acciones lo primero que te tienes que plantear es si eres capaz de manejarte sin paracaídas en el parqué -porque las ganancias y las pérdidas son igual de proporcionales- o si se lo dejas a los que saben lidiar con los vaivenes bursátiles.

Con una buena estrategia inversora, ambos vehículos pueden hacerte ganar mucho dinero, pero sin conocimientos profundos de la operativa del mercado y de las compañías en las que se invierte eso no es posible. Porque dar un 'pelotazo' en bolsa no es lo habitual. Para los profanos, hay mucho de azar y en cuestiones del ahorro no es un buen consejo dejarlo en manos de la suerte. Así que para invertir de forma directa hay que conocer bien el terreno de juego. De lo contrario, es como jugar a la ruleta.

“Nadie debería invertir en acciones sin ser consciente de las potenciales pérdidas que implica, pero especialmente si lo hace comprando acciones en solitario. A nadie se le ocurriría lanzarse a hacer submarinismo sin saber nada del mar ni contratar los servicios de un monitor”, aconsejan desde la gestora independiente Bestinver.

Las ventajas del fondo de inversión

En cambio, si inviertes en un fondo de inversión, “un buen gestor vigilará las correlaciones para no quedar demasiado expuestos a un valor o sector específico”. Esto significa que el fondo es un producto diversificado, para que el peso de los valores sea equilibrado y unas pérdidas se compensen con unas ganancias, suavizando los efectos de la volatilidad del mercado. Por otra parte, el gestor irá actualizando la cartera en función de la evolución de las compañías. De esta forma, se minimizan los riesgos de sufrir pérdidas permanentes. Además, se puede tener acceso a valores que de otra forma resulta más complicado.

Por lo tanto, el riesgo es menor en un fondo de inversión que en bolsa, donde se sufre más la presión de las subidas y bajadas, que suelen ser impredecibles incluso para los que más saben del mercado. Es lo que tienen las incertidumbres geopolíticas, los desastres naturales o los cambios regulatorios. Por otra parte, un ahorrador particular es más difícil que pueda construirse por sí mismo una cartera bien diversificada.

El riesgo es menor en un fondo que en bolsa, donde se sufre las subidas y bajadas, impredecibles incluso para quienes más saben

En cuanto a los costes, hay que echar cuentas para que las comisiones no se coman las ganancias. Las que un bróker cobra para invertir en el parqué son: el mantenimiento de la cuenta de valores, custodia (por tener depositadas las acciones en la entidad), la compraventa, el cobro de dividendos y el canon de bolsa, que es el que fija el BME (Bolsa y Mercados Españoles) por ser el intermediario último en la transacción. Si bien puede que no se carguen todas.

Por su parte, una gestora cobra por la gestión del fondo, que está limitada por ley a un máximo del 2,25% en renta variable y por la depositaría, topada al 0,2%. Algunas firmas tienen comisiones por suscripción y reembolso y por el éxito del fondo, hasta un máximo del 9%.

Ganancias y fiscalidad

En términos de ganancias, en bolsa proceden de la cotización de las acciones y el dividendo de la compañía; en un fondo, de la rentabilidad que se logre y del interés compuesto. Los intereses generados año tras año se acumulan en el capital haciendo que este sea cada vez mayor y, en consecuencia, la inversión crezca de forma exponencial con el paso del tiempo. Según cálculos matemáticos, en un fondo de renta variable con una rentabilidad media del 10% anual, se duplica la inversión al cabo de siete años. Esto significa que la clave para lograr retornos elevados es el largo plazo, con una diversificación adecuada y conociendo bien lo que se compra.

En relación a fiscalidad, aunque ambos vehículos tributan como renta del ahorro, el paso por Hacienda es diferente. Así, cada vez que se cobra un dividendo, el fisco se queda con un porcentaje del 19% hasta los primeros 6.000 euros, el 21% a partir de esta cantidad y 50.000 euros y el 23% a partir de esta última. Cuando se venden las acciones, en la renta hay que tributar por la diferencia del precio de compra y el de venta.

En un fondo, la principal baza es que se puede traspasar el capital de uno a otro sin tener que declararlo; solo habrá que hacerlo en el momento del reembolso. De esta forma, al diferir en el tiempo el pago de los impuestos, estos se acumulan en el producto aumentando su rentabilidad. Del mismo modo, los dividendos que se cobran en un fondo pueden también ser reinvertidos si estamos ante un fondo de acumulación. En caso de ser de distribución, se repartirían y habría que pasar por Hacienda.

El Confidencial, en colaboración con Bestinver, gestora independiente especializada en fondos de inversión y planes de pensiones, pone a disposición de sus lectores el espacio Ahorro e Inversión. Con 30 años de experiencia y 6.200 millones de euros de patrimonio bajo gestión, Bestinver trabaja con el objetivo de generar las mejores rentabilidades a largo plazo para sus inversores.

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