simplifica el negocio para contentar a wall street

La revolución en marcha de General Electric, el ‘hedge’ de Edison que añora a Buffett

El gigante industrial capitaliza más de 100.000 millones de dólares, pese a perder un 70% de su valor en dos años. Es muy difícil de analizar por ser un conglomerado de actividades

Foto: Fábrica de General Electric. (Reuters)
Fábrica de General Electric. (Reuters)

Los gestores españoles más exitosos suelen señalar a los conglomerados que acumulan actividades diferentes entre sí como oportunidades potenciales. Simplemente, ven que si es difícil de analizar hay menos inversores interesados, generando un margen de seguridad entre la cotización y el valor de la compañía que tenderá a cerrarse.

Pero ser demasiado complejo ahuyenta a gran parte del mercado y supone un castigo en las recomendaciones de los analistas, como ha probado durante años General Electric, grupo que vale casi 100.000 millones de dólares en bolsa. La compañía está inmersa en un proceso de simplificación del hólding, que incluye desinversiones de negocios no estratégicos que apenas se ponen en valor en el mercado. Este lunes ha acordado la venta de su negocio biofarmacéutico a Danaher por casi 19.000 millones de euros, decisión aplaudida por el mercado con alzas cercanas al 10%. Este martes, la empresa extiende el optimismo con alzas de más del 2%.

General Electric llegó a parecer un ‘hedge fund’ por la diversificación de sus actividades tras más de un siglo de inversiones, tras su fundación en 1892 con la fusión de la empresa vinculada al célebre inventor Thomas Alva Edison y Electric de Massachusetts. Entre sus principales negocios están la industria, las infraestructuras, los servicios financieros o incluso los medios de comunicación. Pero ha pasado recientemente por momentos complicados, especialmente después de presentar pérdidas de 20.000 millones de euros entre enero y septiembre.

La empresa ha sido históricamente uno de los símbolos del poderío industrial de Estados Unidos y, más en concreto, de Wall Street. De hecho, fue una inversión relevante de Warren Buffett hace una década, cuando compró acciones por valor de 3.000 millones de dólares mientras se desplomaba en línea con el resto del mercado. Pero el CEO de Berkshire Hathaway perdió la paciencia en agosto de 2017 tras nueve años de peor desempeño que el S&P 500 y un cambio en la dirección, cuando John Flannery relevó a Jeff Immelt al frente del grupo.

La compañía ha sufrido en bolsa desde entonces, con una caída entre 2017 y 2018 del 74% en bolsa. Pese a esto, rebotó con fuerza en marzo cuando en Wall Street corrió el rumor de que Buffett podría comprar una participación relevante, aunque finalmente alejó la posibilidad el propio ‘Oráculo de Omaha’.

En cualquier caso, sería una inversión lógica, según uno de los mayores expertos en España sobre el estilo e historial de inversión de Buffett, Pablo Martínez, responsable de relación con inversores de Amiral. “Tomar una posición parcial o incluso comprar toda la compañía tiene sentido. Hablamos de una compañía icónica, con 125 años de historia, que tiene una cifra de negocio de más de 120.000 millones de dólares, cuenta con sólidos activos, y es líder en multitud de mercados”, arguye. “Es una compañía que Buffett conoce muy bien y cuyo modelo de negocio está dentro del círculo de competencia de Buffett”, agrega Martínez.

Por ahora, el conglomerado está en plena revolución, que ha servido para atraer inversores y frenar la sangría bursátil. Con el inicio del mes de octubre anunció por sorpresa un cambio en el cargo de CEO, cargándose a John Flannery tras poco más de un año en el puesto y nombrando a Lawrence Culp a sus 54 años, después de entrar en el consejo en abril. De esta forma, es el primer ‘forastero’ en dirigir la empresa tras 126 años de historia.

Más allá de este pequeño gesto de confianza de los inversores a General Electric, Culp necesita mucho más para convencer al mercado. Deberá mostrar una "reasignación de recursos estratégicos" eficiente, explican los expertos de la consulta McKenzie, con una estrategia efectiva a largo plazo. La historia reciente de General Electric en bolsa es terrorífica. Buffett deshizo su posición al vender en agosto de 2017 los 315 millones de dólares que le quedaban en títulos, tras una revalorización del 9% en los tres años anteriores frente al 35% del S&P 500.

La compañía tuvo un historial de éxito absoluto hasta el año 2000, cuando marcó máximos históricos por encima de los 58 dólares. Se desplomó como el resto del mercado con el pinchazo de la burbuja tecnológica y la breve recesión que afrontó Estados Unidos, hasta el entorno de los 23 dólares en 2003. Antes de ello, en 2001, Jeffrey Robert ‘Jeff’ Immelt sucedió al histórico Jack Welch como CEO, que había dirigido la compañía desde 1980.

FILE PHOTO: Warren Buffett, CEO of Berkshire Hathaway Inc, pauses while playing bridge as part of the company annual meeting weekend in Omaha, Nebraska, U.S. May 6, 2018.  REUTERS Rick Wilking File Photo
FILE PHOTO: Warren Buffett, CEO of Berkshire Hathaway Inc, pauses while playing bridge as part of the company annual meeting weekend in Omaha, Nebraska, U.S. May 6, 2018. REUTERS Rick Wilking File Photo

Immelt estuvo al frente 16 años, hasta 2017, y fue un ejecutivo muy respetado en Wall Street. Durante este periodo, recuerda Pablo Martínez, Buffett logró un beneficio de 1.000 millones de dólares sobre la inversión de 3.000 millones en 2008, lo que supone una rentabilidad del 33%. El impacto negativo que supone en el sentimiento del mercado la salida de Buffett de una compañía, las dudas sobre el modelo de negocio y el deterioro de los resultados (el beneficio cayó un 32% interanual entre enero y junio de 2018) han hundido la cotización.

Retos de General Electric

La primera visión de Wall Street sobre el nombramiento de Culp ha sido la apuesta por la profesionalización de la dirección, aunque sea a costa de poner los mandos en alguien ajeno a la historia del grupo. Ahora el mercado necesita hechos, como rentabilizar el negocio energético después de una inversión multimillonaria en 2015 de 9.500 millones de dólares para llevar a GE Power hacia los combustibles fósiles, en contra de la tendencia mundial. En concreto, la división se ha quedado con sobrecapacidad para fabricar turbinas que demandan centrales eléctricas de gas y carbón. Las ganancias de GE Power se desplomaron un 50% interanual el año pasado.

En la misma línea, opinan los analistas, Lawrence Culp tiene mucho trabajo para racionalizar el ingente volumen de actividades de General Electric. En los resultados del año 2018, la generación de energía aportó 27.300 millones de ingresos, un 22% menos que en 2017; la rama de energías renovables sumó 9.533 millones, un 4% más que el año anterior; la de petróleo y gas sumó 22.589 millones, un 33% más que en 2017; el segmento aeronáutico, 30.600 millones, un 13% más; el negocio de salud aportó 19.800 millones, un 4% más; el transporte agregó 3.900 millones, un 1% menos; la división de iluminación aportó 1.700 millones, un 11% menos; mientras que las operaciones corporativas restaron 2.041 millones, frente a los 614 millones de impacto negativo el año anterior. En agregado, el beneficio atribuido fue de 10.203 millones, un 9% menos, y el dividendo por acción se situó en 36,25 centavos.

Este galimatías de cifras es lo que ofrece General Electric, un conglomerado de diferentes divisiones entre las que algunas nada tienen que ver entre sí. La valoración de la compañías como esta se vuelve compleja para los analistas, por lo que inversores ‘value’ como Francisco García Paramés (Cobas) o Iván Martín (Magallanes) creen que son nicho de oportunidades. Aunque en General Electric no hay inversores de renombre que se hayan animado, pese al sufrimiento bursátil. En el caso de Buffett, aunque negó estar pensándolo, la posibilidad sigue retumbando en Wall Street. No en vano, la conoce bien y Berkshire tiene una posición de liquidez cercana a los 130.000 millones de dólares, y apenas tendría solapamientos de negocios. Únicamente con Burlington Northern Santa Fe (BNSF) y Precision Castparts, empresas subsidiarias de Berkshire de ferrocarriles y de fabricación de componentes para la industria aeronáutica, respectivamente. Pero por mucho que añore a Buffett, General Electric tiene demasiados deberes por delante.

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