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Aprende a ahorrar: guarda dinero para imprevistos e invierte el resto a largo plazo

El ahorro y la inversión no son conceptos antagónicos, sino complementarios, pero cada uno tiene su propia finalidad. Te ayudamos a planificar la gestión de tu dinero a corto y largo plazo

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En función del horizonte temporal, los ahorros hay que utilizarlos de dos maneras. A corto, si es para cubrir emergencias, como el arreglo del coche o una nueva nevera; y a largo plazo, para afrontar proyectos de mayor envergadura, como la universidad de los hijos o la jubilación. En este caso, ineludiblemente hay que dar un paso más e invertirlo. Ambos conceptos, por tanto, son complementarios, van de la mano cuando pensamos en el futuro, porque sin ahorro no hay inversión posible y el ahorro a largo plazo tiene que ser invertido.

Además, comparten la misma mecánica, la periodicidad. La clave está en generar un hábito de ahorro, disciplinarse mes a mes para, de un lado, guardar dinero para poder disponer de él en caso de imprevistos y, de otro, comprar activos financieros para mantener y aumentar el poder adquisitivo a lo largo del tiempo.

La diferencia clave: productos financieros

A la hora de ahorrar existen diferentes productos financieros para alcanzar los objetivos, según si se hace para cubrir necesidades a corto plazo o a largo plazo. Así, depósitos bancarios y cuentas remuneradas son los indicados para canalizar el ahorro destinado a afrontar gastos imprevistos o puntuales, ya que permiten liquidez inmediata, uno puede disponer del dinero en cualquier momento. En cambio, fondos de inversión y planes de pensiones son los vehículos idóneos para hacer crecer ese ahorro que ha de financiar metas más costosas y que, por otra parte, sin hacer trabajar al dinero a largo plazo serían imposibles de alcanzar.

Por ejemplo, si durante los próximos 30 años ahorrásemos 50 euros todos los meses, acumularíamos 18.000 euros. Si, además, ese dinero permanece en un producto de inversión en renta variable (acciones) con una rentabilidad media del 10% anual, se dispararía hasta los 100.000 euros. Veamos el ejemplo de forma más llamativa. Si desde jóvenes ahorramos esos 50 euros, a partir de los 18 años, la inversión se multiplicaría por seis una vez alcanzada la jubilación.

Fondos de inversión y planes de pensiones son los vehículos idóneos para hacer crecer ese ahorro que ha de financiar metas más costosas

Esto es así no solo por el rendimiento del producto de inversión, sino por el efecto del conocido interés compuesto, aquel por el que la inversión va creciendo de forma exponencial al reinvertir sucesivamente los intereses generados anualmente. De tal manera que las ganancias forman parte del capital invertido. Si invirtiésemos 10.000 euros, supondría que a los doce meses habríamos ganado 1.000 euros. Al año siguiente, el cálculo de los intereses se aplicaría sobre 11.000 euros, que convertirían los beneficios en 1.100. Y así todos los años. Al cabo de tres décadas acumularíamos 174.500 euros sin hacer aportaciones adicionales.

Ahora bien, no es recomendable invertir hasta que uno tenga controladas sus deudas y disponga de un colchón para eventuales imprevistos. “La inversión es solo un componente dentro de la planificación financiera personal. En condiciones normales tienen mayor prioridad el control del endeudamiento, la acumulación de un fondo de emergencia en productos sin riesgo y la cobertura adecuada con productos de seguros contra posibles contingencias graves”, recuerdan un manual de educación financiera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España. Aspectos que coinciden con los objetivos de ahorro de los inversores encuestados por el Observatorio del Ahorro y la Inversión en España creado por la gestora independiente Bestinver y la escuela de negocios IESE.

Fuente: Observatorio del Ahorro y la Inversión en España.
Fuente: Observatorio del Ahorro y la Inversión en España.

El mayor enemigo de la inversión, la inflación

Hay un elemento importante a tener en cuenta a la hora de ahorrar a corto plazo. Se trata del impacto del Índice de Precios al Consumo (IPC) sobre el dinero, que resta poder adquisitivo. Con el paso del tiempo las cosas valen más y lo que hoy podemos comprar con 5 euros, en una década puede que nos cueste el doble. “El ahorrador ve cómo su dinero pierde valor erosionado por la inflación, ya que cada vez podemos comprar menos cosas con el mismo dinero, mientras que el inversor ve cómo sus ahorros trabajan para él”, afirma Gustavo Trillo, director comercial de Bestinver. Es decir, para que no pierda valor hay que poner a trabajar el dinero para hacerlo productivo y que la temida inflación no se coma los ahorros.

Ahora bien, si se invierte en un vehículo financiero con baja rentabilidad podría ocurrir que el IPC llegara, incluso, a anular las ganancias. Por ejemplo, si se invierte en un instrumento con una rentabilidad del 2% y la inflación está en el 1,5%, el beneficio real será del 0,50%. Por ello hay que optar por activos que puedan batirla o que protejan al ahorrador de sus perniciosos efectos como lo son las acciones, ya que estas recogen en su precio la evolución de la inflación.

El Confidencial, en colaboración con Bestinver, gestora independiente especializada en fondos de inversión y planes de pensiones, pone a disposición de sus lectores el espacio Ahorro e Inversión. Con 30 años de experiencia y 6.200 millones de euros de patrimonio bajo gestión, Bestinver trabaja con el objetivo de generar las mejores rentabilidades a largo plazo para sus inversores.

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