muere jack bogle a los 89 años

Wall Street dice adiós al inversor más odiado por los gestores de fondos

El fundador de Vanguard, Jack Bogle, ha fallecido a los 89 años. Es el padre de la gestión pasiva, que dinamitó los estándares de comisiones y prácticas de Wall Street

Foto: Tributo en la Bolsa de Nueva York a John Bogle. (Reuters)
Tributo en la Bolsa de Nueva York a John Bogle. (Reuters)

John Bogle decía que era el segundo mejor vendedor de Vanguard, porque el mejor era Warren Buffett. El Oráculo de Omaha es el inversor de gestión activa más popular de la historia, y aun así siempre ha recomendado la gestión pasiva de bajo coste para los ahorros populares. Bogle fue el padre de la gestión pasiva con los fondos indexados, que acabaron dando lugar a los ETF, que para el fundador de Vanguard son “el lobo vestido de cordero”.

Esta semana, Wall Street, y toda la industria internacional de la gestión y el asesoramiento de inversiones, recuerda a John Clifton ‘Jack’ Bogle (8 de mayo de 1929, Nueva Jersey, Estados Unidos), que ha fallecido a los 89 años de edad. Los recuerdos se producen con admiración y cierto odio a lo que él ha generado: una reducción masiva de las comisiones por el auge de la gestión pasiva.

Los razonados preceptos de Bogle pueden permitir que un millón de ahorradores nos convirtamos a 20 años vista en la envidia de nuestros vecinos

Paul A. Samuelson, Nobel de Economía en 1970, aplaudió en su columna en ‘Newsweek’ en aquella década la creación de un fondo de inversión indexado, una innovación que acabó dinamitando el 'statu quo' de Wall Street, aunque entonces era difícil de imaginar. “Los razonados preceptos de Bogle pueden permitir que un millón de ahorradores nos convirtamos a 20 años vista en la envidia de nuestros vecinos, mientras que al mismo tiempo habremos podido dormir tranquilos en estos tiempos azarosos”, escribió Samuelson, uno de los economistas más influyentes del siglo XX.

Bogle recoge la cita en ‘El pequeño libro para invertir con sentido común’, una oda a la gestión pasiva que destroza con argumentos y datos a la mayor parte del universo de la gestión activa, aunque nuevamente su principal valedor es Buffett. El CEO de Berkshire Hathaway puso un ejemplo nítido a la audiencia de una conferencia: si los asistentes son los únicos que invierten en un grupo de acciones, habrá un juego de suma cero respecto a su índice asociado. Esto es, unos perderán y otros ganarán (al comparar sus rentabilidades con la del índice). Pero si se tienen en cuenta los costes de inversión —'brokerage' y gestión—, entonces habrá más perdedores que vencedores.

El célebre inversor, que ya tiene su homenaje en la Bolsa de Nueva York, no destaca por la humildad en sus libros, sino que son relatos que abogan por su obra con multitud de citas de economistas, inversores y otros expertos en su defensa. Bogle fundó Vanguard en 1976, y la presidió hasta 1996. Creó por lo tanto la segunda mayor gestora del mundo por volumen de activos, con un patrimonio de 5,1 billones de dólares (millones de millones), pese a que "es una especie de cooperativa, caso único entre las grandes gestoras mundiales", señala Asier Uribeechebarria, CEO de Finanbest. Por tomar conciencia de su dimensión, es más de cuatro veces la riqueza que genera cada año la economía española.

Ruptura con el modelo tradicional

El éxito de Vanguard se debió a la ruptura que supuso en la industria con su modelo de gestión pasiva de bajo coste, que provocó una guerra de precios que todavía perdura. Hasta tal punto que, según fuentes del mercado, ya hay acuerdos para vender ETF sin comisión a fondos de pensiones estadounidenses a cambio de otros contratos de mandatos. En cualquier caso, los ETF más populares del S&P 500 (iShares —BlackRock—, Vanguard o SPDR —State Street—) se comercian con un coste inferior al 0,05% del dinero invertido. "Vanguard fue la primera empresa que puso sobre la mesa una verdad escondida: menos costes es más rentabilidad", opina Unai Ansejo, CEO de Indexa Capital.

Este coste se aleja del binomio de comisiones del 2% de gestión y del 20% del beneficio obtenido que históricamente han tenido los ‘hedge funds’, mientras que antes de la revolución de la gestión pasiva también eran habituales comisiones similares en los fondos de inversión activos.

Una de las últimas fotografías realizadas a Bogle.
Una de las últimas fotografías realizadas a Bogle.

Esta revolución tuvo su origen en 1975 con el primer fondo indexado que Bogle, a través de Vanguard, lanzó al mercado. Lo hizo después de elaborar la idea en su tesis doctoral en Princenton. Aunque la popularidad de la gestión pasiva se ha disparado en las dos últimas décadas, especialmente tras el pinchazo de la burbuja tecnológica en 2001.

El argumento de Bogle es sencillo. Según sus cálculos, la rentabilidad anualizada de Wall Street fue del 9,5% en el siglo XX, y la magia del interés compuesto permite que una inversión combinada con paciencia dispare el patrimonio. En el mercado, es popular para explicarlo la regla del 72, según la cual una inversión se duplica en un número de años resultante entre dividir 72 por la rentabilidad anualizada. Para un retorno del 9,5%, harían falta siete años y medio.

Junto a la paciencia, el fundador de Vanguard aboga por imitar los índices ante la dificultad de ser ‘más listo’ eligiendo acciones o gestores para batir al mercado. Los estudios muestran sistemáticamente que solo una minoría de fondos habitualmente inferior al 10% del total bate los índices. Para colmo, Bogle avisa de la reversión a la media. Según sus estimaciones, los 20 mejores fondos de bolsa estadounidense entre 1995 y 2000 de un total de 1.440 productos ocuparon posiciones mediocres en los cinco años siguientes, con un promedio de rentabilidad que coloca al grupo en el puesto 619.

Sin embargo, Bogle acabó renegando de parte de las consecuencias de su obra. En concreto, del surgimiento y popularidad de los ETF, que son fondos indexados cotizados. A su juicio, el ‘trading’ y la liquidez inmediata de estos productos son negativos para los ahorros populares. “Yo me quedo preguntándome, en palabras de la vieja canción: ‘¿Qué le han hecho a mi canción, mamá?”, escribió Bogle, a pesar de que muchos vendedores de ETF recuerdan y alaban su figura para vender más. “Sencillamente, el ETF es un fondo diseñado para facilitar operar con sus acciones, vestido con el disfraz del fondo indexado tradicional”, denunció. En otras palabras, “una especie de lobo con piel de cordero”.

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