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Bitcoin se estanca en mínimos: ¿por qué no levantan cabeza las criptodivisas?
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por debajo de los 6.000 dólares

Bitcoin se estanca en mínimos: ¿por qué no levantan cabeza las criptodivisas?

Las criptodivisas se desplomaron a mitad de semana ante un nerviosismo del mercado que movió la manivela del 'momentum' hasta mínimos de 2017

Foto: Representación del bitcoin. (Reuters)
Representación del bitcoin. (Reuters)

Bitcoin cumplió una década hace dos semanas, hito al que llegó con una pérdida del 50% en el año. El desplome se produjo a principios de 2018, tras el pinchazo impulsado por los ataques informáticos, investigaciones a prácticas ilegales e iniciativas de regulación por parte de las autoridades. Pasado el derrumbe, la criptodivisa de referencia llevaba ya unos meses cotizando con calma —mientras que, paradójicamente, los mercados en su sentido más tradicional se veían asaltados por la volatilidad—.

Sin embargo, la tregua llegó a su fin. El miércoles, bitcoin se hundió un 8,6% en tan solo 24 horas hasta alcanzar mínimos de octubre del año pasado, por debajo de la cota psicológica de los 6.000 dólares. De hecho, otras criptomonedas famosas, no solo bitcoin, se derrumbaron a la par: ripple, litecoin, ethereum, bitcoin cash... Todas cayeron al hoyo de los mínimos del año. El jueves, con todo, las criptodivisas se calmaban y volvían a cotizar en la línea plana, sin hacer amagos de recuperarse del desplome.

El desplome se produjo un día antes de que la bifurcación de la bitcoin original, bitcoin cash, llevase a cabo su propio 'hard fork': una especie de actualización de la divisa que ha dado pie a dos propuestas distintas y enfrentadas, bitcoin abc y bitcoin satoshi vision. Así, se especula que los inversores podrían estar retirando fondos para esperar a ver qué pasa, ya que un apoyo por parte del mercado (sobre todo por parte de los 'mineros', que salvaguardan la seguridad de las transacciones) a una 'cripto' puede dejar vulnerable el sistema informático de la otra. Más allá de lo técnico de la situación, la polémica denota que también las criptomonedas, ideadas en un principio con el objetivo de ofrecer inmunidad frente las perversiones del mercado, son vulnerables a los vaivenes del ser humano.

Una de las particularidades de las criptomonedas son los llamados 'mineros', voluntarios que protegen las transacciones de la red a través de una serie de algoritmos a cambio de una propina. La minería de bitcoins supone un coste sumamente alto de energía por el gasto de 'las minas' (ordenadores) que lo llevan a cabo, por lo que estos voluntarios tienen que calcular bien los retornos para que el gasto merezca la pena. Si el mercado deja de apoyar una criptomoneda y el valor de esta baja, como ocurrió esta semana, 'los mineros' pierden rentabilidad y renuncian a la labor, ahondando aun más la espiral bajista de su precio.

[El negro futuro de bitcoin y su ecosistema]

Y es que bitcoin es un activo distinto al de otras formas de inversión como la renta variable y fija, las divisas tradicionales o los metales preciosos. Las criptodivisas están sumamente expuestas al 'momentum' de las subidas y bajadas de valor o al sentimiento puntual de sus partícipes, donde los criterios de análisis como los fundamentales de los activos o factores macroeconómicos no son estadísticamente decisivos para los movimientos de estos.

Foto: Foto: Reuters. Opinión

La creación de productos como los lanzados a finales del año pasado por CBOE Global Markets o CME Group para permitir maniobras como la inversión en corto o en futuros avivaron la ilusión de que a las criptomonedas les esperaban grandes inyecciones de dinero institucional. La especulación sobre un futuro de éxtasis inmediato llevó a las criptomonedas a los estratosféricos precios de casi 20.000 dólares por activo, con el 'momentum' alimentando el ciclo vicioso de las alzas. Sin embargo, agujeros a su legitimidad como los ataques informáticos o supuestos usos ilícitos socavaron el 'hype' visionario de esta inversión, y el mercado desoye los avances (lentos pero certeros) de inversores de gran calado. Y, así, ante la falta de esa euforia masiva, bitcoin no acaba de despegar de mínimos.

Bitcoin cumplió una década hace dos semanas, hito al que llegó con una pérdida del 50% en el año. El desplome se produjo a principios de 2018, tras el pinchazo impulsado por los ataques informáticos, investigaciones a prácticas ilegales e iniciativas de regulación por parte de las autoridades. Pasado el derrumbe, la criptodivisa de referencia llevaba ya unos meses cotizando con calma —mientras que, paradójicamente, los mercados en su sentido más tradicional se veían asaltados por la volatilidad—.

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