miedo a cambios fiscales

La amenaza fiscal a los planes de pensiones resucita el 'lobby' por el modelo de UK

La patronal de las aseguradoras pide importar el modelo británico, por el que los empleados se incorporan por defecto a un plan de empresa. Este ahorro está estancado en España

Foto: Una hucha abierta. (Pixabay)
Una hucha abierta. (Pixabay)

Los planes de pensiones están en tela de juicio. Podemos publicó en agosto el documento ‘Dejar atrás la austeridad’ para guiar su negociación con el Gobierno de Pedro Sánchez y, entre otras cosas, proponía eliminar las deducciones a estos productos. El miedo a un cambio fiscal se ha extendido entre el sector, al tiempo que aboga por recuperar viejas reclamaciones, como impulsar los planes de empresa, que están totalmente estancados, imitando el modelo de Reino Unido.

De hecho, también el equipo económico de Sánchez cuando estaba en la oposición apuntó a un descenso de las deducciones anuales máximas desde 8.000 euros hasta 4.000 euros durante su puja contra Susana Díaz. Por ahora no ha habido movimiento, pero tan solo su mención ha llenado de preocupación a los gestores y distribuidores de estos productos, cuyo principal atractivo frente a otros vehículos de ahorro es precisamente la fiscalidad.

Las aseguradoras han buscado crecer en estos productos durante los últimos años, ya que los seguros de ahorro ofrecen rendimientos muy pobres cuando los tipos de interés son bajos o negativos, como ahora, pero apenas han arañado cuota a la banca. La expansión de sus activos ha estado en línea con la industria, y ahora quieren un nuevo impulso con los planes de empresa.

Estos vehículos tienen 35.000 millones bajo gestión, principalmente en las grandes compañías que heredaron estos programas de su pasado como empresas públicas, con ejemplos como Telefónica o Repsol. También tienen una penetración importante en la banca. Las aseguradoras, a través de su patronal Unespa, han recuperado la reivindicación tradicional que comparten con Inverco (patronal de gestoras) de importar el modelo británico.

En Reino Unido, las empresas están obligadas a tener un plan de pensiones para sus empleados, que participan en el mismo por defecto, pero tienen la opción de salirse. Si permanecen, parte de su sueldo va al plan de ahorro junto con una aportación de la empresa. “Este modelo ha sumado 1,2 millones de empresas y 9,4 millones de trabajadores al segundo pilar [planes de empleo], mientras que solo el 9% de los empleados decide salirse”, apunta Carlos Esquivias, gerente de la comisión de vida y pensiones en Unespa.

En Reino Unido, las empresas están obligadas a tener un plan de pensiones para sus empleados, que participan en el mismo por defecto

Esquivias coincide con las conclusiones del informe ‘Sector asegurador: impacto de las tendencias macroeconómicas y demográficas’, editado por la Fundación de Estudios Financieros IEAF-FEF y coordinado por la presidenta de Unespa, Pilar González. Sus autoras, Mercedes Ayuso (Universidad de Barcelona), Inmaculada Domínguez (Universidad de Extremadura) y Montserrat Guillén (Universidad de Barcelona) citan al último premio Nobel de Economía, Richard H. Thaler, y su trabajo sobre finanzas conductuales.

Críticas y peticiones a Sánchez

Aunque hay críticas a Sánchez por intervencionista en la economía con sus vaivenes fiscales desde el mundo empresarial, también hay peticiones de influir en el comportamiento de los agentes económicos. En concreto, el informe sobre el sector asegurador pide utilizar la teoría del empujón (‘nudge theory’) de Thaler, que alude a “diseñar políticas que ayuden en la toma de decisiones a las personas y que sirvan como una guía para alcanzar la vida que desean”. En este caso, que los cotizantes estén adscritos por defecto a un plan de empleo.

El argumento es que, en caso contrario, las decisiones financieras no son siempre racionales. Sobre las pensiones, hay tres motivos o gaps que lo dificultan: gap de identidad, por el que cuesta imaginarse en el futuro como jubilado; gap de empatía, porque influyen más las emociones presentes que las del futuro, y gap de tangibilidad, al comparar el estado de vida con el futuro. A lo anterior se suman dos sesgos de conducta, que es el autocontrol, por lo difícil que es no consumir para ahorrar de cara al futuro, y la aversión a la pérdida invirtiendo el dinero ganado.

El sector asegurador pide así la intervención pública para incentivar el ahorro en el segundo pilar de la previsión social, siendo parte interesada para intentar aprovechar este potencial nicho de mercado. Por ahora, los planes de pensiones y seguros representan el 3% de la riqueza de las familias españolas, según datos de la 'Encuesta financiera de las familias', del Banco de España. El 46% corresponde a la vivienda principal y el 25%, a otras propiedades inmobiliarias.

Por ello, durante la última década, las aseguradoras han tratado de impulsar la hipoteca inversa, por la que un cliente puede hacer líquido un inmueble y seguir disfrutándolo hasta su fallecimiento a cambio de una renta vitalicia. Además, cuenta con la ventaja fiscal de no tener que tributar por las plusvalías logradas. Sin embargo, apenas han tenido éxito. En 2017, solo 17.754 personas mayores de 65 años transformaron el dinero obtenido por la venta de un activo en rentas vitalicias.

Tampoco los seguros de ahorro sirven a las aseguradoras para competir en estos momentos con la banca. Estos productos se basan en garantías y, con los tipos de interés al 0%, apenas hay margen para obtener rentabilidad. De esta forma, las aseguradoras se han lanzado a por el segmento de fondos de inversión durante los últimos años, para aprovechar sus capacidades de distribución y, más recientemente, para pujar por los inversores institucionales.

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