juega con las expectativas

Deuda, banca e inflación: por qué Mario Draghi es tan ambiguo

El BCE pone fechas para terminar con el programa de compras de deuda y subir los tipos, pero Draghi se esmera en dejar la puerta abierta para mantener estímulos

Foto: Mario Draghi, presidente del BCE, este jueves en Riga. (Reuters)
Mario Draghi, presidente del BCE, este jueves en Riga. (Reuters)

El Banco Central Europeo (BCE) y su presidente, Mario Draghi, han recuperado el protagonismo. La política de Italia y España, las divisas emergentes y hasta la amenaza de proteccionismo han quedado relegadas en importancia para el mercado. El lenguaje ambiguo del economista italiano animó al mercado con una excepción, la banca, que sufre por un nuevo retraso en las expectativas de subidas de tipos de interés.

La institución anunció este jueves un recorte previsto a la mitad en septiembre en el programa de compras netas de deuda, de 30.000 millones de euros hasta 15.000 millones, para después cancelarlo en diciembre. Además, puso fecha para empezar a hablar de las subidas de tipos de interés, al asegurar que permanecerán en los niveles actuales “al menos hasta verano”.

El comunicado del BCE, pese a dar una prórroga de tres meses a la adquisición de bonos, era toda una declaración de intenciones sobre el fin de una era de estímulos, con ‘dinero gratis’ y un volumen de bonos adquiridos que en la última década ha triplicado el balance, hasta los 4,5 billones (millones de millones) de euros. Pero luego fue el turno de Mario Draghi, que con su particular manejo de las expectativas puso en cuarentena el desmantelamiento del dopaje provisto para la economía.

El italiano hizo hincapié en que por “unanimidad” los miembros del Consejo de Gobierno, en el que se estrenó Luis de Guindos como vicepresidente, han mantenido la “opcionalidad” de prolongar las compras de bonos, y dio a entender que no habrá movimiento en el ‘precio del dinero’ al menos hasta septiembre de 2019, lo que podría coincidir con el final de su mandato, en octubre del próximo año. Los de referencia seguirán en el 0% y los de facilidad de depósito, claves para la banca, en el -0,4%.

Imagen de la rueda de prensa tras la reunión del BCE en Riga este jueves. (Reuters)
Imagen de la rueda de prensa tras la reunión del BCE en Riga este jueves. (Reuters)

Una nueva utilización del ‘efecto Maradona’ para reorientar la tendencia del mercado. “Al decir que el QE terminará este año, pero sin señalar una fecha exacta de incremento de tipos al menos hasta el próximo verano, el señor Draghi está dando una mano y retirando la otra”, opina Patrick O’Donnell, director de inversiones de Aberdeen Standard Investments.

Al decir que el QE terminará este año, pero sin señalar una fecha exacta al aumento de tipos, Draghi está dando una mano y retirando la otra

El ‘efecto Maradona’, como lo describió el ex gobernador del Banco de Inglaterra Mervyn King, es el uso del lenguaje por parte de un banco central para modificar las expectativas del mercado y conseguir así objetivos sin actos concretos. Esto mismo hizo Diego Armando Maradona en el segundo gol que marcó a Inglaterra en el Mundial de 1986, ya que dribló a cinco contrarios sin cambiar de dirección, solo con amagues y fintas.

Draghi fue ambiguo pero preciso en el mensaje que quería lanzar, como hace siempre. Una cosa es el comunicado del BCE, construido con el consenso del organismo en el que cada vez hay más posiciones duras ('hawkish', en la jerga), y otra la puesta en escena del italiano. Como presidente del banco central, debe hablar en nombre de este consenso, pero hay muchas formas de hacerlo. Y de dejar la puerta abierta para que los estímulos continúen hasta que el crecimiento sea tan fuerte que cierre la holgura económica (brecha entre crecimiento real y potencial) para generar presiones inflacionistas.

Dudas con la inflación

Porque por ahora el aumento de los precios no ha alcanzado el objetivo de mantener la inflación cerca, pero por debajo, del 2% en el medio plazo. El BCE proyecta que esta tasa de variación estará en el 1,7% en el conjunto de 2018 y los dos próximos años, pero influida por el petróleo. “Para la mayoría, esto reuniría los requisitos para alcanzar su objetivo. Extrapolando la caída constante del desempleo que la zona euro experimenta desde hace años, la tasa de desempleo volverá a los bajos niveles de 2007 para cuando el BCE suba tipos por primera vez en este ciclo”, sostiene Nick Peters, gestor de Fidelity.

Pero Draghi no parece dispuesto a ceder ante la presión que llega desde la parte más dura del BCE, liderada por el alemán Jens Weidmann, y en la que podría estar su sucesor. Por ahora, la inflación no obliga al BCE a actuar si se considera el IPC subyacente, que es el que toma como referencia y que en mayo se situó en el 1% interanual. Y muchos países de la eurozona, como España, Italia o Grecia, tienen volúmenes de deuda tales que un incremento brusco del ‘precio del dinero’ aumentaría el euroescepticismo, la gran amenaza reciente para el proyecto común.

Al contrario, frente al encarecimiento reciente de la deuda periférica con alzas importantes de las primas de riesgo por la incertidumbre política exhibida desde Roma, las palabras de Draghi recuperaron el apetito por los bonos. Los títulos del Tesoro a 10 años redujeron su rentabilidad por debajo del 1,4%, cerca del nivel al que cotizaban antes del órdago populista italiano o de la sentencia del caso Gürtel, que desató la moción de censura por la que Pedro Sánchez relevó a Mariano Rajoy. También animó a la renta variable, ya que evita la presión sobre las empresas más endeudadas, impulsa el crecimiento económico, beneficios empresariales incluidos, y mantiene la represión financiera: mientras las rentabilidades de los productos más conservadores sean inferiores a la inflación, hay más apetito por los activos de riesgo.

Aunque quizá la gran victoria de Mario Draghi este jueves, una vez más, fue la de conseguir mantener a raya al euro. O tumbarlo. Porque la divisa europea cotizaba con ganancias y se envalentonó con el comunicado, pero cuando intervino el italiano, las compras se volvieron ventas y la moneda acabó cayendo más del 1%, hasta los 1,16 dólares, cerca de los mínimos anuales. “Mantener los tipos en territorio negativo durante al menos otro año es extraño y nos cuesta ver la justificación, aparte de la devaluación competitiva del euro”, critica Azad Zangana, economista de Schroders.

Mantener los tipos en negativo durante al menos otro año es extraño y nos cuesta ver la justificación, aparte de la devaluación competitiva del euro

Draghi salió escarmentado de Sintra, la majestuosa y palaciega ciudad portuguesa, cerca de Lisboa, donde en mayo del año pasado cambió su discurso y abrió la puerta a la retirada de los estímulos. A partir de entonces, el euro se apreció hasta inicios de 2018, arriesgando los planes del BCE. Porque una fortaleza de la divisa encarece (y reduce) las exportaciones, lo que limita el crecimiento, y abarata las importaciones, lo que genera un efecto deflacionista.

Golpe a la banca

La gran perdedora de la nueva jugada de Mario Draghi para gestionar las expectativas ha sido la banca. El sector añora unos tipos más altos para volver a rentabilizar su negocio principal de captar dinero y prestarlo, preferentemente en hipotecas. Las entidades financieras lideraron las pérdidas del Ibex, con excepción de Santander, que cerró con leves ganancias, y BBVA, que acabó casi plano. Es decir, los dos bancos más internacionalizados y con mayor generación de negocio en economías emergentes que en Europa.

El peor parado fue Bankia, con un descenso del 2%. La entidad ‘compite’ con Unicaja, Liberbank, CaixaBank o Unicaja por ser el banco más beneficiado por las futuras subidas de tipos, que cada vez parecen más lejos. En el caso de la entidad parcialmente nacionalizada que preside José Ignacio Goirigolzarri, el pronunciamiento de Draghi, matizando al BCE, es una nueva zancadilla para la privatización.

Otra lectura del BCE es que, una vez más, se aleja de la Reserva Federal (Fed), que elevó esta semana los tipos de interés en Estados Unidos hasta la horquilla del 1,75% al 2%. El banco central ya acabó con el programa de compras con Janet Yellen al frente en 2015, empezó el año pasado a reducir su balance y, ahora, con Jerome Powell de presidente, tiene la meta de evitar el sobrecalentamiento de la economía. Porque esto suele ocurrir antes de una recesión, que Wall Street descuenta para 2020. Si llega y, como ha ocurrido siempre, hay contagio a Europa, la Fed tendrá más margen de maniobra que el BCE para actuar.

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