ÚLTIMA REUNIÓN DE LA FED CON YELLEN

Guerra de divisas: pulso entre el euro y el dólar para despedir a Janet Yellen de la Fed

Algunos expertos temen una guerra de divisas mientras el euro cotiza cerca de máximos de 2014 con el dólar y hay un relevo en el banco central de EEUU.

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Las previsiones de paridad entre el euro y el dólar han quedado muy lejos. En 2016, había cierto consenso en que el ciclo más adelantado de crecimiento de Estados Unidos y el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal (Fed) eran fuerzas que impulsarían a la divisa norteamericana. No sólo no fue así, sino que el euro fue la gran divisa de 2017, y continúa siéndolo en 2018, al cotizar cerca del máximo desde 2014 que marcó la semana pasada en 1,254 dólares.

La tendencia hacia arriba del euro frente al dólar ha provocado tensiones entre la vieja Europa y Estados Unidos, hasta tal punto de que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), acusó a la Administración de Donald Trump de debilitar su moneda con su comunicación, frente a los acuerdos en el seno del Fondo Monetario Internacional (FMI) de evitar movimientos bruscos.

En este escenario, Janet Yellen (1946, Nueva York) deja la Fed. Esta semana preside por última vez una reunión de política monetaria que se celebra entre este martes 30 de enero y este miércoles 31 de enero, antes de dar el relevo a Jerome Powell, designado por Donald Trump. El encuentro no tendrá comparecencia posterior ni actualización de previsiones, con lo que se despedirá en silencio.

Yellen ha sido la primera mujer en presidir el banco central más poderoso del mundo, después de presidentes con mucha visibilidad como Alan Greenspan y Ben Bernanke, con quienes ha trabajado codo con codo, ya que se enroló en el Sistema de la Reserva Federal en 1997, en la junta de gobernadores. En 2014 fue nombrada presidenta a propuesta de Barack Obama.

Primera mujer presidenta de la Fed

La economista neoyorquina llegó con un currículum brillante desde que se licenció en 1967 en economía en la Universidad Brown y se doctoró en 1971 en Yale, donde recibió la ‘Wilbur Cross Medal’ en 1997, que distingue a los ex alumnos por sus logros en el ámbito académico, público o privado. Entre medias, fue profesora e investigadora en las facultades de Harvard, London School of Economics o Berkeley.

Además, publicó estudios sobre las implicaciones del desempleo y varias investigaciones sobre finanzas conductuales con su marido, el Premio Nobel George Akerlof (1940, Connecticut), al que conoció durante un breve periodo como economista de la junta de gobernadores de la Fed entre 1977 y 1978.

La economista neoyorquina, natal del barrio de Brooklyn, fue pionera al ver el peligro para el sistema financiero en 2007, en los albores de la crisis bancaria. Después, fue favorable a los estímulos sin precedentes del periodo Bernanke. “La historia probablemente vea el periodo Bernanke-Yellen como uno solo. Yellen fue fundamental en la Fed de Bernanke, y su liderazgo fue una continuación del marco y el ritmo político de éste”, arguye Luke Bartholomew, estratega de Aberdeen Standard Investments.

La historia probablemente vea el periodo Bernanke-Yellen como uno sólo. Yellen fue fundamental en la Fed de Bernanke, y su liderazgo fue una continuación del marco y el ritmo político de éste

Desde 2014 lidió con la retirada de esta política expansiva, primero con el fin del programa de compras de activos ‘QE’ y después con las subidas de tipos. Dejará el edificio en la Constitution Avenue de Washington con el ‘precio del dinero’ en la horquilla entre el 1,25% y el 1,5%. “La valoración de la era Yellen es positiva, con estabilidad en los mercados financieros bajo un escenario sumamente complicado, ya que ha tenido que enfrentarse a un proceso de subida de tipos y el inicio de la reducción del balance del banco central”, opina por su parte Borja Gómez, director de análisis de Inverseguros-Dunas Capital.

Temor a turbulencias de las divisas

El experto explica que entre las críticas más habituales está el hecho de que la Fed se haya quedado “por detrás de la curva”, es decir, “infravalorando los riesgos inflacionistas”. Dicho de otra manera, mientras que en 2014 había temor de que las subidas de tipos frenaran el crecimiento, ahora se teme que la economía se sobrecaliente.

Pero el mayor punto negro en la etapa de Yellen al frente de la Fed es precisamente el final, al no haber silenciado los tambores de guerra que cada vez más resuenan en el mercado. Donald Trump, antes de llegar a la Casa Blanca, ya habló sobre la conveniencia de un dólar más débil, mientras que su secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, se pronunció en la misma línea la semana pasada, lo que depreció el ‘billete verde’. Fue “una violación del acuerdo tácito entre las grandes potencias occidentales”, señala Olivier de Berranger, CIO de La Financiére de l’Echiquier.

Esto provocó una respuesta velada de Draghi. Sin mencionar su nombre, criticó su lenguaje, pero no consiguió frenar al euro, que se ha convertido en un quebradero de cabeza en Fráncfort antes del inicio de transición de poder (vicepresidente en 2018 y presidente en 2019). Tampoco lo logró Trump, que para apaciguar ánimos dijo que el dólar será “más y más fuerte”.

La actitud de la Casa Blanca “ha sido ambigua”, comenta Benjamin Melmar, director de asignación de activos y deuda soberana de Edmond de Rothschild. “El Gobierno americano quiere ganar más comercio global para sanear sus cuentas externas”, agrega, con lo que prevé que “podría intentar hacer que el dólar se debilite todavía más".

Tener una moneda fuerte o débil tiene muchas connotaciones, y no todas van en la misma dirección. Por ejemplo, la depreciación del dólar es un factor que impulsa la cotización del petróleo en la medida en que la demanda en otras divisas se abarata, y a su vez la apreciación del euro limita este efecto en la economía.

Es un ejemplo de que la fortaleza de una divisa reduce el precio de las importaciones y, por lo tanto, es un fenómeno deflacionista, justo lo contrario a lo que persigue el BCE, que ya ha reconocido preocupación por la evolución del euro/dólar. Asimismo, que una moneda se debilite abarata y fomenta las exportaciones, lo que genera crecimiento económico.

Así, a lo largo de los dos últimos siglos los estados han tenido la tentación de devaluar su moneda para dinamizar sus economías, como hizo España en 1993. Y, en algunos casos, reducir el peso del pago de las deudas en moneda local, como Alemania en el periodo de entreguerras, antes del ascenso de Adolf Hitler, lo que disparó la inflación.

El año pasado se cumplió el trigésimo aniversario del pacto entre Alemania, Francia, Reino Unido, Japón y Estados Unidos para depreciar el dólar en los Acuerdos del Plaza. La manipulación de la moneda suele generar tensiones entre los países. En las últimas décadas ha ocurrido entre Estados Unidos y China, cuyas devaluaciones del yuan en 2015 provocaron enormes turbulencias en los mercados.

La posición de Jerome Powell no está clara sobre las divisas, aunque “es una opción bastante continuista en política monetaria”

Por ahora, estas tensiones están latentes entre los inversores, que en bolsa operan con la volatilidad en mínimos, con lo que cualquier susto chocaría con la complacencia actual. La posición de Jerome Powell no está clara al respecto, aunque “es una opción bastante continuista en política monetaria”, cree Borja Gómez. Pero “la posibilidad de que el nuevo presidente se embarque en una guerra de divisas es bastante baja”, añade, ya que el experto de Inverseguros-Dunas Capital considera que esto “no favorecería a nadie”. Ranko Berich, jefe del equipo de analistas de Monex, opina en la misma línea ante las matizaciones del propio Mnuchin y de Trump.

Cambio en el objetivo de inflación

Lo que sí puede variar en el banco central norteamericano es su mandato, que actualmente es dual: estabilizar la inflación en el 2% y el pleno empleo. Mark Holman, CEO de TwentyFour (boutique de Vontobel), recuerda que ha habido “una escalada en las discusiones sobre cómo la Fed podría modificar su mandato sobre la inflación.

El presidente de la Fed de Nueva York, Bill Dudley, propuso una revisión hacia una horquilla entre el 1,5% y el 2,5%. Dudley es una de las personas más importantes en el seno de la Fed, y no ha sido el único en hablar de ello, ya que John Williams, de la Fed de San Francisco, aboga por un objetivo promedio en un periodo de tiempo. También Bernanke se ha sumado a la corriente de revisión.

“Para los inversores de renta fija, sobre todo los que están expuestos al mercado de tipos, una revisión del objetivo es claramente una mala noticia”, alerta Holman. El argumento es que se inclinaría la curva, frente a la tendencia de aplanamiento actual, entre los tipos de corto y largo plazo, redundando en pérdidas para los actuales tenedores de bonos. Un riesgo más para los perfiles más conservadores.

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