proliferación de las ofertas comerciales

No invertirás en vano: los 10 mandamientos del ahorro para la jubilación

Ahorrar para la jubilación requiere una planificación integral. Ahora bien, para no perderse en el intento, diez principios básicos ayudan a desmenuzar ese objetivo para convertirlo en una realidad

La maquinaria ya está funcionando a pleno rendimiento. Las campañas para invertir en pensiones privadas se acumulan en los escaparates de las entidades financieras y de las aseguradoras y en los medios de comunicación. Es lo que toca por estas fechas, porque se ha convertido en una tradición siempre que el año enfila su recta final. Precisamente por esta proliferación y por la intensidad de estas campañas, los expertos aconsejan no dejarse llevar por esta moda comercial. Y estos consejos se pueden condensar en los 10 mandamientos que se recogen en el vídeo que protagoniza esta información

Aunque desmenuzarlos en 10 consejos básicos ayuda a compartimentar un asunto tan serio y delicado como el del ahorro para la jubilación, conviene tener una visión de conjunto de todos ellos. "Son muchos los factores que debemos incluir en la ecuación, empezando por nuestros objetivos vitales o la idea de que debemos buscar una gestión adecuada para nuestro dinero; no siempre lo más vendido o lo que contrata la mayoría es lo mejor. La jubilación es mucho más que un plan de pensiones y debería implicar una planificación global", precisan desde Abante Asesores en una guía titulada 'Jubilación, más que un plan de pensiones' -se puede descargar aquí-. 

Como punto de partida de esa planificación global, una realidad que molesta y resulta dolorosa, pero que parece inevitable: las pensiones públicas están condenadas a bajar, principalmente por cuestiones demográficas, resumidas en la combinación que forman el descenso de la tasa de natalidad, el envejecimiento de la población y la mayor esperanza de vida. Por tanto, conviene mentalizarse de la necesidad de complementar con ahorro privado ese descenso de las pensiones públicas. "Es previsible que la pensión pública se reduzca en los próximos años y, por tanto, necesitaríamos mayor provisión de ahorro privado para mantener nuestro nivel de vida", argumentan desde Abante.

En Renta 4 Gestora añaden un matiz clave: no bastará con ahorrar, habrá que invertir. "La mayoría de nosotros y, sobre todo los más jóvenes, vamos a tener que dejar de pensar en ahorrar y empezar a pensar en invertir, fundamentalmente por dos motivos: viviremos más y recibiremos menos". 

El ahorro fiscal y las bonificaciones o regalos son incentivos a corto plazo; el estilo de gestión, la rentabilidad y las comisiones son más importantes

A partir de esta premisa fundamental, las siguientes van enlazándose casi por inercia. Resulta preciso conocer las alternativas de inversión que existen porque no solo de pensiones privadas vive el ahorro para la jubilación; conviene empezar lo antes posible para que el efecto multiplicador del interés compuesto y las aportaciones periódicas se despliegue en toda su dimensión; es obligatorio leer y analizar bien la documentación de los productos para entender dónde y en qué se está invirtiendo; y hay que hacer un seguimiento de la estrategia para saber si responde a lo que se pretende y si debe ser revisada. "En el momento que lo consideremos oportuno, podemos traspasar todo o parte del ahorro acumulado que tengamos en un plan de pensiones a otro u otros que pueden estar gestionados por la misma entidad o por otra u otras entidades. Estos traspasos no tienen ningún coste fiscal ni se pueden aplicar ningún tipo de penalizaciones o de comisiones por las entidades gestoras", recuerdan desde Renta 4 Gestora. 

Aunque todo ello lo puede hacer uno mismo, el asesoramiento de profesionales resulta conveniente. Sobre todo, si se quiere cumplir con ese propósito inicial de definir una planificación global que encaje con las circunstancias personales y laborales de cada uno. 

Cuidado con los reclamos

Desde una perspectiva más particular, cuatro de los mandamientos resultan especialmente sensibles por el perfil habitual del ahorrador español. Tienen que ver con la fiscalidad, los regalos o bonificaciones, la rentabilidad de los planes y las comisiones que soportan.

El ahorro fiscal que proporciona invertir en productos como los planes de pensiones -existen ventajas fiscales con aportaciones máximas de hasta 8.000 euros- y los regalos en especie o las bonificaciones en metálico que actúan como reclamos comerciales constituyen, de manera combinada, un poderoso reclamo para invertir en este tipo de productos. Pero no conviene olvidar que en realidad son incentivos cortoplacistas para productos que, por definición, son a largo plazo y, sobre todo, que esos ganchos tienen poco que ver con la gestión del dinero invertido. Sin olvidar dos matices: el primero, que más que un ahorro fiscal, lo que ofrecen son un aplazamiento fiscal, porque en el momento de rescatar el dinero habrá que pagar y declararlo como rendimiento del trabajo, con lo que la 'factura' impositiva final es considerable; y segundo, porque los regalos o bonificaciones tributan y tienen letra pequeña, habitualmente refefida a periodos mínimos de permanencia. 

Los 313 planes con 15 años arrojaron un rendimiento medio del 1,2%, por debajo del 3,3% del Ibex 35 y del 5,8% de las obligaciones del Estado a 15 años

Por el contrario, la rentabilidad y las comisiones sí tienen totalmente que ver con el largo plazo, con la gestión y, fundamentalmente, con el 'premio final' que se conseguirá con el ahorro para la jubilación. Y en el caso español son aún más relevantes.

En lo que respecta la rentabilidad, el seguimiento continuo que hacen desde el IESE y la Universidad de Navarra muestran unos datos que conviene tener muy presentes: entre 1999 y 2014, los 313 planes con 15 años de historia arrojaron un rendimiento medio del 1,2%, por debajo del 3,3% del Ibex 35 y del 5,8% de las obligaciones del Estado a 15 años. De esos más de 300 productos, solo 21 superan la rentabilidad del Ibex, únicamente uno batió a los títulos a 15 años... y 58 (el 18,5%) sufrieron pérdidas

En cuanto a las comisiones, su relevancia reside en que, en productos a largo plazo, su influencia en el rendimiento final resulta determinante. En España, la comisión máxima que se puede pagar es del 1,75%. Este porcentaje se reparte en dos tramos: por un lado, el 1,5% de la comisión máxima de gestión, con la opción de vincular esta comisión a los resultados -comisión de éxito-. en cuyo caso el límite se sitúa en el 1,25% del patrimonio más el 9% del rendimiento obtenido; y por otro, el 0,25% de la comisión máxima de depósito. 

Son 10 mandamientos. Un décalogo de principios básicos. Pero por algo se empieza. Y precisamente eso, empezar a pensar más en el ahorro y la inversión para la jubilación, resulta cada vez más necesario

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