SYRIZA TIENE UNA "TRINIDAD IMPOSIBLE" POR DELANTE

Morgan Stanley da un 60% de probabilidad a la salida de Grecia del euro

Tras los últimos acontecimientos, el escenario más probable para Morgan Stanley es que Grecia abandone el euro porque Syriza no puede seguir en el euro, seguir en el poder y no hacer reformas

Foto: Varias monedas de euro sobre la bandera griega. (Reuters)
Varias monedas de euro sobre la bandera griega. (Reuters)

La convocatoria del referéndum sobre el rescate y la consiguiente ruptura de las negociaciones con la troika han puesto sobre la mesa, ahora en serio, la posibilidad de que Grecia abandone el euro. Morgan Stanley considera que es ahora el escenario más probable, con unas posibilidades que han aumentado desde el 45% hasta el 60%. El plazo para que se produzca esta salida es de entre 12 y 18 meses, e incluso plantea los diferentes caminos que tiene el Ejecutivo griego para ejecutar este movimiento.

Esta salida es consecuencia de lo que este banco de inversión denomina la "trinidad imposible" de Syriza: quedarse en la unión monetaria, seguir en el poder en el país y no hacer lo que es necesario para permanecer como miembro del euro (y lo que pretende es lo contrario, denunciar el rescate). Dado que las tres cosas no se pueden lograr a la vez, el Ejecutivo de Alexis Tsipras tiene que renunciar a una de ellas. La presión económica y política sugiere que Syriza debería preferir mantener a Grecia en el euro y no incurrir en impago. Pero en la práctica no es el caso, porque Syriza llegó al poder prometiendo reducir la austeridad, no aumentarla. Y como todos los partidos, su objetivo es seguir en el poder.

Esta situación imposible se mantendrá incluso aunque se llegue a un compromiso de último minuto que salve el macth ball actual, a juicio de Morgan Stanley, puesto que seguiríamos en la dinámica de tener que negociar cada vez que el Gobierno griego se quede sin dinero, con nuevas peticiones de reformas, rechazo de las mismas, etc. La única salida para este círculo vicioso es un cambio de una política de extrema izquierda a otra más centrista y promercado; es decir, "la pata de la trinidad imposible que tiene que caer es mantenerse en el poder con una agenda política que impide la pertenencia al euro".

Imagen de la sede de Morgan Stanley en Nueva York. (Reuters)
Imagen de la sede de Morgan Stanley en Nueva York. (Reuters)

Estos analistas consideran que, una vez impuesto el corralito, o bien estos controles de capital se levantan, o bien Grecia se dirigirá hacia la salida del euro. Recuerdan que no sólo está el problema inminente del impago de los 1.600 millones del FMI que vencen hoy mismo, sino que el país tampoco tendrá dinero para devovler la deuda que expira en los próximos meses: estima que le faltarán 22.000 millones de aquí a fin de año. En todo caso, admiten que, si se llega a un acuerdo sobre el rescate en los próximos días, se detendrá la espiral hacia la salida de la unión monetaria, al menos de momento.

¿A Grecia le interesa salir del euro?

Esa es la gran pregunta. ¿Qué beneficios tiene abandonar la moneda única que hacen que ésta sea la pata de la citada "trinidad" a la que prefiere renunciar Tsipras? Inicialmente, tiene la gran ventaja -que citan todos los Gobiernos que han acometido devaluaciones salvajes o han incurrido en impago- de recuperar el control sobre la divisa y devaluarla para impulsar las exportaciones y que éstas tiren de la economía. Pero dado que se trata de una economía bastante cerrada (sólo un tercio del PIB son exportaciones), de beneficiaría mucho menos que otras economías europeas mucho más abiertas.

Pero, además, los problemas estructurales de la economía helena -fiscalidad, burocracia, infraestructuras, capital humano, productividad...- reducirían los beneficios de la devaluación. Y, al mismo tiempo, la mejoría inicial provocada por la salida del euro desincentivaría aún más las reformas que necesita el país. "La evidencia empírica sugiere que los países que han confiado en devaluaciones competitivas en el pasado no han sido capaces, en general, de afrontar sus deficiencias estructurales".

Y, en ausencia de reformas, el efecto de la devaluación duraría poco y daría paso a un escenario verdaderamente aterrador: las importaciones serían más caras, lo que empobrecería a la población; y a eso se sumaría la fuerte inflación que acompañaría el proceso (otros similares han acabado en hiperinflación), que anularía los beneficios y se traduciría en tipos más altos y recortes salariales, lo que a su vez deprimiría la demanda interna y provocaría recesión y empobrecimiento. Un final que seguramente se adelantaría dada la falta de confianza internacional en la nueva divisa y la imposibilidad del país de financiarse en los mercados.

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