unos temen la deflación; otros, la inflación

Las 'manos visibles': las preocupaciones de los 10 mayores bancos centrales del mundo

Ellos mecen el dinero. El de sus áreas de influencia y el del mundo. Y afrontan dilemas cuya resolución determinará el final de la crisis... o su perpetuidad

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi

De mano invisible, nada de nada. La suya es bien visible, sobre todo desde el estallido de la crisis financiera en 2007. Porque son ellos, los bancos centrales, los que mecen la cuna del dinero. Su histórica respuesta a los problemas planteados en la Gran Recesión, con los tipos de interés más bajos de todos los tiempos y billonarias -sí, con b- inyecciones de dinero, han alterado profundamente el orden de las cosas en el universo económico y financiero. De algún modo, ellos se han convertido en el centro de ese universo.

Pero ahora los caminos de muchos de ellos se han desalineado. Unos están retirando ya sus estímulos; otros analizan qué medidas adicionales pueden activar; los hay preocupados por la deflación -caída general y continuada de los precios-, en tanto que otros temen que la inflación se les vaya de las manos. Por esta disparidad y, sobre todo, por el enorme protagonismo que los bancos centrales han adquirido, conviene saber en qué situación se encuentran los 10 que más influencia tienen: los del G-7 y los de los principales países emergentes. 

1. Reserva Federal (Fed), Estados Unidos. Se mueve en un terreno delicado. Tiene dos inquietudes fundamentales, como son reactivar el mercado laboral y evitar la deflación, pero sus previsiones contemplan que la economía estadounidense ya crecerá este año un 3%. Es decir, por un lado cree que debir seguir propiciando unas condiciones monetarias expansivas para afianzar la recuperación, pero por otro sabe que debe ir retirando los estímulos anticrisis más extraordinarios para evitar nuevos desequilibrios o excesos financieros.

Por eso, su nueva presidenta, Janet Yellen, ha reforzado el mensaje de que los tipos de interés, que están en el 0-0,25% desde 2008, no van a subir a corto plazo con el fin de apoyar la reactivación económica. Por el momento, la intención de la Fed es no elevarlos al menos hasta 2015, aunque las actas de la última reunión han revelado que hay miembros de la entidad que piensan en aumentarlos en breve. Pero, en paralelo, la propia Yellen ha anticipado que, salvo que la economía transmita nuevas muestras de debilidad, seguirá adelante con la "mesurada" reducción del tercer programa de compras de deuda (QE3) que ya inició su predecesor, Ben Bernanke, que entre diciembre y enero lo recortó de 85.000 a 65.000 millones de dólares al mes.

Cuanta más prisa se dé Yellen en retirar el QE3 y subir los tipos, mayor será la volatilidad en un mercado acostumbrado a los mimos de la mano de la Fed y más acelerada la apreciación del dólar; y al contrario si retarda ese repliegue. La próxima reunión de la Fed, que se celebrará los días 18 y 19 de marzo, será clave porque será la primera presidida por Yellen, con lo que se verán sus primeras decisiones, y porque en ella la institución presentará sus nuevas previsiones económicas y sobre los tipos de interés.  

Mientras la Fed ha empezado a reducir los estímulos más extraordinarios e incluso alguno de sus miembros propone subir los tipos pronto, el BCE aún estudia qué medidas adicionales activará para luchar contra la deflación y 'resucitar' el crédito

2. Banco Central Europeo (BCE), Eurozona. Su calendario camina con retraso con respecto al de la Fed. Lejos de pensar en retirar los estímulos, sigue estudiando qué nuevas medidas poner en marcha para reactivar el crédito, dinamizar un crecimiento que este año apenas llegará al 1% y alejar las presiones deflacionistas, acuciantes en los últimos meses con una inflación por debajo del 1%. Y todo indica que en la próxima reunión, la del 6 de marzo, su presidente, Mario Draghi, actuará para plantar cara a esta situación.

Tal como el banquero italiano se ha encargado de enfatizar, todas las opciones están abiertas: desde bajar más los tipos de interés, que se encuentran en el mínimo histórico del 0,25% desde noviembre de 2013, hasta lanzar programas de compra de deuda financiera o convocar nuevas operaciones de financiacion bancaria a largo plazo (LTRO) condicionadas a que ese dinero se use para conceder más préstamos. El mercado espera que Draghi pase a la acción; si no lo hace, el euro podría apreciarse hasta cotas próximas a los 1,40 dólares. De hecho, esta semana ya se le ha visto cerca de los 1,38 dólares. 

3. Banco de Japón (BdJ). Convertido en un brazo más del Gobierno, la entidad gobernada Haruhiko Kuroda está siendo la encagarda de ser el principal brazo ejecutor del Abenomics, la cruzada decretada por el primer ministro nipón, Shinzo Abe, para tratar de desterrar la deflación de una vez por todas tras padecerla durante más de una década. Para ello, en abril de de 2013 el BdJ se comprometió a dupllicar los yenes en circulación, de 138 a 270 billones de yenes -unos 2 billones de euros-, para finales de 2014.

Aunque en un primer momento esta maniobra pareció funcionar, los últimos datos, que han manifestado un enfriamiento del crecimiento, han disparado la incertidumbre. Sin embargo, y lejos de arrojar la toalla, parece que Kuroda podría redoblar sus esfuerzos con una mayor descarga de compras de deuda para ampliar todavía más la base monetaria e intentar fabricar inflación. El yen, que de nuevo se ha debilitado contra el dólar y el euro -hasta cerca de los 141 yenes contra la divisa europea-, así parece anticiparlo. 

4. Banco de Inglaterra, Reino Unido. A comienzos de agosto de 2013, poco más de un mes después de ser fichado para gobernar el Banco de Inglaterra, Mark Carney anunció el compromiso de la entidad de no subir los tipos de interés, anclados en el 0,5% desde marzo de 2009, mientras el paro siguiera por encima del 7%. En los cálculos de la institución, eso no ocurriría hasta bien entrado 2014 o más probablemente en 2015.

Pero los acontecimientos están yendo más rápido de lo previsto, y el paro ha bajado hasta el 7,1%. Considerando que la inflacion está por debajo del objetivo de la entidad de mantenerla en el 2%, Carney ya ha comenzado a preparar el terreno para flexibilizar ese compromiso y anticipar que no elevará el precio del dinero automáticamente aunque el desempleo se sitúe pronto por debajo del 7%. Pese a este matiz, el mercado descuenta que el Banco de Inglaterra podría ser el primero del top de los bancos centrales en subir los tipos, por delante de la Fed, el BCE y el BdJ. 

5. Banco de Canadá. Fue el más madrugador de los grandes bancos centrales en revertir las bajadas de los tipos de interés ejecutadas tras la quiebra de Lehman Brothers. En 2010 ya los subió tres veces: primero del 0,25 al 0,50%; luego al 0,75%; y por último, en septiembre de ese año, hasta el 1%, nivel en el que permanecen desde entonces. Sin embargo, la entidad gobernada por Stephen Poloz ve con inquietud la marcha de los precios, puesto que se encuentran muy cerca del 1%, cuando su objetivo es que se mantengan lo más cerca posible del 2% dentro de un rango comprendido entre el 1 y el 3%. En la reunión de enero, reconoció que está preocupada por las presiones deflacionistas que se ciernen sobre la economía y abrió la puerta a la posibilidad de rebajar los tipos para contenerlas. 

6. Banco del Pueblo de China (BPCh). Es la excepción que rompe la regla de los bancos centrales emergentes. Porque sus problemas, que los tiene -y de forma abundante-, son otros. No tienen que ver con la caída de su moneda o la inflación, sino con el objetivo de decretar la política monetaria y financiera que genere un enfriamiento controlado de la economía china y propicie la transición hacia un crecimiento menos dependiente de la exportación y más del consumo interno.

Al reto de conseguir ese trasvase en una economía del volumen de la de China -la segunda mayor del mundo, con 8,2 billones de dólares en 2012- se suman otros. Entre ellos, atajar la burbuja inmobiliaria y crediticia, poner coto a la banca en la sombra, sentar las bases para contar con un sistema financiero sólido y solvente y conducir la revaluación y progresiva flotación de la divisa china, el yuan o renminbi. En todo ello, la entidad gobernada por Zhou Xiaochuan desempeñará un papel clave. 

La caída de las divisas está complicando la vida a los bancos centrales emergentes, que están subiendo los tipos para frenar la salida de capitales y defender sus monedas aun a sabiendas de que esas decisiones pueden frenar aún más sus tasas de crecimiento

7. Banco Central de Brasil. Vio pronto la que se venía encima. En la primavera de 2013 entendió que el cóctel formado por una creciente inflación, un mayor déficit por cuenta corriente y una progresiva caída de la divisa acentuada por la salida de capitales complicaban sobremanera la situación econóomica y financiera del país. Y comenzó la terapia de choque recetando subidas de los tipos de interés, hasta el punto de que acumula siete consecutivas, que han llevado el precio del dinero del 7,25 al 10,5%. Pero, en paralelo a esos incrementos, la economía se ha ido enfriando y la amenaza de la recesión es real en una nación en la que se respira una creciente malestar social en vísperas de las elecciones presidenciales, que tendrán lugar en octubre, y del inicio de los fastos deportivos, este año con el Mundial de Fútbol y en 2016 con los Juegos Olímpicos.

El gobernador del banco central, Alexandre Tombini, tiene ante sí un amplio abanico de preguntas que responder. ¿Será suficiente con esas subidas de los tipos? ¿Hasta qué punto serán mantenidas por la entidad si observa que la economía se enfría más? ¿A qué nveles puede caer el real brasileño si el banco central da marcha atrás al incremento de los tipos y qué pasaría entonces con la inflación y el desequilibrio en la balanza por cuenta corriente? La primera cita para intentar esclarecer estas cuestiones tendrá lugar la próxima semana, puesto que el banco central se reunirá los días 25 y 26 de febrero. Por ahora, las previsiones contemplan una nueva subida del precio del dinero, para situarlo en el 10,75 o en el 11%.  

8. Banco Central de Rusia. Otro de los grandes emergentes que está viendo caer con fuerza su divisa. Pero a diferencia de Brasil, Turquía o India, se ha resistido a subir los tipos de interés para frenar su depreciación. Como consecuencia, el euro ha estado a punto de superar esta semana los 50 rublos por primera vez en su historia. Con una economía que está enviando claros síntomas de debilidad, la entidad gobernada por Elvira Nabiullina no quiere precipitarse en la adopción de medidas monetarias restrictivas... ni expansivas, que era lo que se esperaba para 2014. Sin embargo, una infllación que se mantiene todavía  por encima del 6%, cuando el objetivo para este año es contenerla hasta el 5%, reduce el margen de maniobra para el banco central ruso. Y la caída del rublo, que alimenta las presiones inflacionistas, tampoco contribuye. 

9. Banco de la Reserva de India. En 2013, uno de los profetas de la crisis, Raghuram Rajan, pasó de las musas al teatro. Se convirtió en el gobernador del Banco de la Reserva de India. Y lo hacía en un contexto similar al que arrastran otros emergentes: depreciación de su moneda -la rupia-, subida de los precios, déficit por cuenta corriente y ralentización del crecimiento. Como otras entidades, ha decretado varias subidas de los tipos de interés. La última de ellas, el pasado 28 de enero, cuando los elevó del 7,75 al 8% para respaldar su divisa. Aunque se encuentra en una posición más holgada que la de Brasil, Turquía o Rusia, porque este año está previsto que la economía india crecerá más de un 5%, tendrá que mantenerse vigilante ante la debilidad de la rupia y las presiones inflacionistas. 

10. Banco Central de la República de Turquía. Se encuentran en una situación similar a la de Brasil: crecimiento menguante, creciente déficit por cuenta corriente y alta inflación, todo ello aderezado con la depreciación de la lira turca. Su caída estaba siendo tan acelerada, que a finales de enero aumentó los tipos con contundencia -del 7,75 al 12% a un día y del 4,5 al 10% a una semana- para contener el descenso de su moneda. Y de nuevo como en el caso de Brasil, esa respuesta genera un abanico de preguntas a las que el banco central turco, gobernado por Erdem Basçi, tendrá que dar respuesta en los próximos meses. 

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